La final de nuestras vidas es un libro a la altura de lo que hubo en juego entre los dos equipos más grandes de la Argentina durante la edición 2018 de la Copa Libertadores de América. Y su autor, un experto en escribir sobre encrucijadas deportivas que marcaron a fuego la historia del fútbol argentino: ya lo había hecho en Ser de River en las buenas y en las malas y en El partido, Argentina-Inglaterra 1986, dos de sus exitosos libros. Con talento, oficio y sentimiento, Andrés Burgo le da forma en estas páginas a una historia inolvidable sobre los partidos que ya nadie nunca podrá olvidar. ¿Qué motivo había para creer, si además Boca había jugado mejor que River en el primer tiempo? ¿Y si al final no se trataba de justicia poética sino de puro excremento futbolístico? ¿Y si todo, hasta los triunfos de 2014, 2015 y la Supercopa en marzo pasado, se había tratado de una broma macabra? ¿Y si nuestro destino estaba definitivamente marcado y quedábamos condenados a cumplir el mito de Sísifo, el hombre que sube una roca por una cuesta empinada hasta que, a punto de llegar a la cima, el propio peso de la roca lo hace caer, y así empieza a subir de nuevo, una y otra vez? Aunque costara, aunque la final del mundo parecía haberse convertido en nuestro fin del mundo, había que aferrarse a los mismos argumentos que nos llevaron hasta el Bernabéu, incluso con dos goles de desventaja faltando 10 minutos en Brasil: el espíritu competitivo de este equipo y un último milagro de Gallardo. Porque así como un periodista de El Gráfico escribió en la década del 30: "Creo en Dios y en Bernabé Ferreyra", en referencia a nuestro primer gran ídolo popular, yo no creeré en Dios pero sí creo en Marcelo Gallardo. Andrés Burgo
Un libro escrito a las apuradas, sin una enorme investigación periodística, ni un análisis futbolístico profundo. Para haber salido un mes después de la final, merece 5 estrellas. Con el tiempo probablemente saldrán otros, pero tuvo el mérito de ser el primero. La crónica en primera persona de Burgo permite que une vaya rememorando la propia experiencia durante toda la saga.
Éste libro se lo regalé a mi madre al poco tiempo de su salida (creo que para su cumpleaños), y después de que pasara por varias manos, con el tiempo de devolución que eso implica, por fin pude leerlo. No es una gran lectura deportiva ni indaga en los detalles sobre "LA Final", pero como recuento de lo que fue para tantos hinchas de River pasar el día a día hasta la bendita final es excelente, y sobre todo para mi y lo que significó ese 2018, no solo por ver a River ganar la final soñada, sino porque a cada paso que daba River en la copa fui dando un paso hacia adelante en mi vida luego de varios meses (prácticamente dos años) de cierta incertidumbre y estrés que jamás hice "público", en lo cual River más que un bálsamo fue un paralelismo apoteósico. Lo único que no comparto con el señor Andrés Burgo es ese cagazo que deja intrínseco en varios pasajes. Ni en mi momento más pesimista del 2018 se me pasó por la cabeza que boca diera la vuelta en el Monumental.
Burgo escribe manera urgente y sanguínea. Recorre el antes y durante de la final del mundo y del fin del mundo tal como era conocido. Sus palabras dejan entrever el pulso de un hincha capaz de hacer todo. Y a eso le suma una cantidad de datos sobre el trasfondo político-dirigencial de cada club, pasando por la Casa Rosada, Libertador y Monroe y las calles de Madrid.
Lo que empieza como una utopía se hace realidad y allí aparecen la paranoia, los recuerdos, los amigos, las promesas, las cábalas, la familia. Y básicamente el amor.
"Al fútbol le encanta dramatizar la vida" escribe el autor. Por suerte Burgo juega para el lado de River.
Soy fanático de River. Y este libro representa lo que sentimos todos durante ese mes y medio qeu van de la semifinal con Gremio hasta la corrida del Pity Martinez a la eternidad. Los sentimientos, las emociones, la enfermedad que todos tuvimos durante ese periodo de tiempo están representadas en este libro. Me hizo llorar.
Este libro recorre todo el remolino de emociones por el que pasamos la mayoría de los hinchas, minuto a minuto. Los nervios, la alegría, la desilusión, la ansiedad, el enojo, el amor, la resignación, la esperanza, la locura... Es un libro para releer en 30 años y poder recordar esta locura y esta hazaña.
Being a football fan, it's an amazing portrait of the greatest final of all times and its surroundings. Easy to read, easy to find "la pasion" and, despite of being written by a River fan, the reader is able to observe different perspectives throughout the book.
Es mas un libro para el hincha de river escrito por un hincha de river, en ese nivel cumple pero para alguien que no cuenta con ese perfil tanto nombre sin rostro podra distanciar y perder el gusto por el amor y por que fue importante este juego para quienes lo vivieron
Gonzalo Burgo es autor de dos excelentes libros sobre fútbol: Ser de River y El partido. La final (este libro) tantea algunas de las mayores virtudes de los otros dos (la investigación, los datos, el detalle desconocido, las semillas secretas que dan origen a episodios que nos resultan muy familiares, los trazos finos que explican los trazos gruesos que quedan en la memoria) pero no logra desarrollarlas totalmente. Se nota que es un libro urgente, con apenas unos días para la edición luego de la final más importante de la historia de los equipos argentinos. Evita el lugar común de las hipótesis conspirativas, pero no es riguroso en un aspecto que simula serlo: las cuestiones relacionadas con la seguridad del partido suspendido. Pero sí tiene el elemento que más brilla en sus otros dos libros: la emoción. Es fácil y demagógico acudir al recurso de la emoción. Es lo que mejor se premia en términos de popularidad. En todo estamos tentados e interpelados al recurso de la emoción, y por eso utilizarlo es arriesgado y peligroso. Pero Burgo lo hace bien, construye las emociones desde las experiencias personales pero de un modo que aleja la anécdota o la vivencia y lo acerca al encadenamiento de la mezcla del puro acontecimiento y la explicación intelectual. Es una emoción no invasiva, humilde, sin vocación de hegemonía.