El presente volumen reúne tres breves pero importantes tratados de Spinoza (1632-1677). El "Tratado de la reforma del entendimiento" es un escrito de juventud en el que el filósofo expone la concepción de su método, cuya lógica se ejercitará sin discutirse explícitamente en la "Ética". El segundo tratado, los "Principios de filosofía de Descartes", es un comentario a los "Principios" de este autor, cuya filosofía era entonces de candente actualidad. A pesar de presentarse como un aparente comentario o resumen de la misma, valió a Spinoza ser tildado de ateísmo, acusación frecuentemente esgrimida contra el propio cartesianismo. Finalmente, los "Pensamientos metafísicos" constituyen un compendio magistral de las cuestiones más difíciles de la metafísica escolástica en torno al problema de qué es el ser y, dado que hay dos tipos, sobre las relaciones entre el necesario (Dios) y el contingente (las criaturas).
Controversial pantheistic doctrine of Dutch philosopher and theologian Baruch Spinoza or Benedict advocated an intellectual love of God; people best know Ethics, his work of 1677.
People came considered this great rationalist of 17th century.
In his posthumous magnum opus, he opposed mind–body dualism of René Descartes and earned recognition of most important thinkers of west. This last indisputable Latin masterpiece, which Spinoza wrote, finally turns and entirely destroys the refined medieval conceptions.
After death of Baruch Spinoza, often Benedictus de Spinoza, people realized not fully his breadth and importance until many years. He laid the ground for the 18th-century Enlightenment and modern Biblical criticism, including conceptions of the self and arguably the universe. Georg Wilhelm Friedrich Hegel said of all contemporaries, "You are either a Spinozist or not a philosopher at all."
¿Acaso un alfarero no puede hacer una vasija que esté dabuti y hacer luego otra que sea una mierda? Pues lo mismo pasa con Dios y los imbéciles. Para forjar el hierro hace falta un martillo. Para poseer un martillo hay que hacerlo, y para ello se necesita otro martillo y otros instrumentos, y para obtener estos se requieren otros instrumentos y así al infinito. Luego los hombres no tienen poder alguno de forjar el hierro. El libro no está mal, quitando las 55 páginas donde explica las demenciales reglas del movimiento que se le ocurrieron a Descartes, que no son aceptadas hoy en día ni tampoco entonces.
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Toda obra tiene su salto de fe creo que no es la excepción pero estira hasta los límites de la razón su argumento, y aunque hay caminos que no toma, y Esque como tomarlos si no están hechos siquiera para caminarse
Hace poco lo volvi a releer por cuarta vez. El tratado de la enmienda del entendimiento debería ser un libro completamente obligatorio para cualquiera que quiera sumergirse en el corpus académico de la ética. Lejos de hacer un salto abismal a las proposiciones de la segunda parte de la ética donde brinda lo que entiende por tres géneros de conocimiento, acá el “filósofo maldito”, expresa e intenta formular una “medicina mentís” que permita guiar el conocimiento hacia el sumo bien o, más bien, al “verdadero bien”. Este es el fin al cual hay que procurar dirigir todos nuestros pensamientos y antes es necesario distinguir las percepciones falsas, las de signo arbitrario, las de experiencia vaga y aquellas que se expresan por su esencia misma, aquello que en la ética después va entender como “causa adecuada”, cuando refiera a aquella causa que se entiende sólo en virtud de su propia esencia. Cuando Spinoza habla de “percepción de experiencia vaga” y de “signo arbitrario” son aquellas percepciones que son causa de falsedad dirá después en la ética y que conducen irreparablemente al primer género de conocimiento que es la “imaginación”. En fin, este libro es un obligatorio para entender la ética y para entender como un pensador en el siglo XVII ya veía que las riquezas, el honor y la libido(si, el deseo sexual), son un obstáculo para el verdadero bien y que el problema está cuando se los toma como un fin autarquico( recuperando una palabra que emplea Aristóteles en su ética a nicomaco). 10/10.