Dos palabras: Gil Kane. Solo eso, merece cuatro estrellas.
Pero es que, además, estamos hablando de una obra experimental, en la que Kane arriesgó como en ninguna otra, con el formato, con la densidad del texto, con la violencia, los tacos, etc. Estamos hablando de una época en la que todo el mundo, absolutamente todo el mundo, consideraba que el cómic era, o bien para críos, o bien para porreros. Y se planta el tío y crea esto, una perfecta combinación de imágenes y palabras que cuenta una historia de ciencia-ficción competente, bastante pulp, cierto, pero imaginativa e interesante, muy al estilo de Burroughs, por ejemplo. Ciertamente, para ello contó con la ayuda inestimable de Archie Goodwin, pero eso no le resta mérito alguno al señor Kane, muy al contrario: demuestra la humildad de un maestro del medio que no se acompleja de reconocer que, aunque como narrador no tiene rival, como guionista le faltan tablas.
En fin, muy recomendable. De segunda mano, cuesta sus dineros, pero los merece.