El microrrelato se ha convertido en el género emblemático del siglo XXI y su desarrollo parece imparable, ya que no sólo ha conquistado al público lector, sino también al académico. Cuando hablamos de microrrelato nos referimos a un texto literario en prosa, articulado en torno a dos principios básicos: hiperbrevedad y narratividad. Es decir, para que un texto entre dentro de esta categoría literaria, además de ser breve y de estar escrito en prosa, tiene que contarnos una historia, con un sujeto actor y una acción sustentada en un conflicto y en un cambio de situación y de tiempo, aunque sean mínimos. Una muestra fehaciente de la vitalidad del microrrelato en España es este volumen, que reúne textos de setenta y tres autores y abarca más de un siglo. La antología es amplia y diversa en formas, estilos y temas. De ella se desprende la solidez del conjunto, así como la diversidad de tonos y de enfoques: renovación formal, realismo intimista o expresionista, impregnación fantástica y onírica, sentido de la extrañeza de lo cotidiano, ironía y humor negro, gusto por el experimento y lirismo bien medido.
Uf, terminé. Un libro soñado para todo lector que no tiene miedo a sumergirse en muchos estilos y muchos temas y masticarlos un rato, solo pensar. Es increíble cómo opera la intertextualidad aquí: virtud de este cuarto género narrativo (según la antóloga), intertextualidad que hace mella a medida que el lector avanza y crea esos vínculos invisibles por el gran universo de la literatura. Si bien hay varios microrrelatos descartables por su efecto, estilo y trama; otros son la cúspide de la condensación y la brevedad: son una explosión en miniatura, y muy gratificante. Loable trabajo realizado aquí por la académica Irene Andres-Suárez. Ahora, vuelvo a lo de libro soñado: existen pocos títulos así. Frecuento librerías y son pocos los libros arriesgados como este que hacen antología desde criterios particulares. Aquí: textos publicados originalmente en libros, de autores españoles, nunca antes antologados y amplios en estilo, formas y temas: cumplió, no pidan otra cosa o hagan su propia antología. El estudio introductorio ocupa las primeras cien páginas, luego, página de presentación con el nombre del autor y sus fechas y algunos microrrelatos, entre dos o cuatro por autor dependiendo su aporte al género y su talento también. El estudio inicial destaco el panorama: va sin afanes y muy a modo historiografía de la literatura nos va revelando nombres, estilos, temas, motivos para que este género nazca y se cultive. Es particular cómo ya entrados muy siglo XX los microrrelatos se vuelven más pulidos y certeros, ya sea por la distancia más corta entre los autores y nosotros, ya sea porque el género se ha perfeccionado, ya sea porque me gustaron y ya. Son 73 autores diferentes y la literatura siempre es generosa. Para terminar, y sin ánimo de ser exhaustivo, aquí un listado de citas pendientes, pendiente un reencuentro con aquellos autores que, con lo mínimo, lograron cautivar mi mente por meses: Alberto Escudero, Pedro Ugarte, Julia Otxoa, Carmela Greciet, Juan José Millás, José María Merino, César Gavela, Andrés Neuman, David Roas, Manuel Moyano, Federico Fuertes Guzmán, Rubén Abella.
Una antología muy amplia en la que, como no podía ser de otra manera, hay piezas muy desiguales. Eché de menos más voces femeninas, especialmente entre quienes están publicando actualmente. Sorprende la omnipresencia de la muerte.
Es una buena antología, pero como suele ocurrir es desigual y, como en otras de minificciones, hay muchos chistes malos... Mis relatos favoritos son: “El joven pintor”, “La niña engañada” y “El hombre doble”, de Juan Ramón Jiménez; “El sentenciado a diez muertes” y “El fanático de Dios”, de Ramón Gómez de la Serna; “El perro”, de José Moreno Villa; “Sueño en el tren”, de Tomás Borrás; “El artista”, de José Antonio Muñoz Rojas; “Niños y empleos, VIII”, de Antonio Beneyto; “Historia mínima, XXIV”, de Javier Tomeo; “Duelo”, de Agustín Cerezales; “El amor de brazo a brazo” y “La guerra de los sueños”, de Rafael Pérez Estrada; “Un borrador de Borges encontrado entre los papeles neoyorquinos de Abelardo Linares”, de Felipe Benítez Reyes; “De cómo el Quijote fue quemado en Morano”, de Julia Otxoa; “La cuarta salida”, de José María Merino; “Los prisioneros”, de Andrés Neuman; “Últimamente ocurren cosas extrañas en casa”, de Óscar Esquivias; “Los rivales”, de Ángel Olgoso; “Romper aguas”, de Miguel Ángel Zapata; “Demasiada literatura”, de David Roas; “Origen del mito”, de Manuel Moyano; “Hilo dental” y “Matrimonio”, de Federico Fuertes Guzmán; “Mecánica de las novelas”, de Ginés S. Cutillas; y “Casi un cuento”, de Carlos Almira.
Una interesantísima selección de microrrelatos que nos sumerge en un género tan gratificante como las pipas: empiezas y no puedes dejarlo hasta que terminas.