La narración de esta historia sobre tres generaciones de una familia burguesa madrileña tiene de fondo, como la realidad, la política, con la victoria del Frente Popular en 1936 —que la burguesía no esperaba y que, en el fondo, temía— y el golpe de Estado posterior que desencadenaría la Guerra Civil. Una guerra que, como muestra la autora en la novela, no todos vivieron de la misma manera. Mientras unos podían permitirse alquilar una villa en las afueras para apartarse con la familia del peligro como quien se va de vacaciones, a otros les tocaba emigrar.
Es interesante este punto de vista; se han escrito muchas novelas sobre el drama de la Guerra Civil y lo terrible que fue la posguerra, casi siempre desde la perspectiva de los que la sufrieron, los pobres, pero esta es la primera que leo sobre una familia acaudalada que, como todos los que tenían dinero, pasó por la posguerra de puntillas, sin apenas notarla, apartados en su mundo de lujos y dramas de la alta alcurnia. Me ha gustado ver ambos extremos.
La novela empezó resultándome muy interesante, se sucedían los años y los acontecimientos con mucha fluidez y con un hilo conductor coherente, pero, para mí, le sobran aproximadamente las últimas 30-40 páginas. Dedica casi dos tercios del libro a las dos primeras generaciones, que es la parte que más me ha gustado, pero al llegar a la última, quizá para reflejar y hacer patentes los cambios generacionales, los avances, que la sociedad cambiaba conforme pasaban los años, la alarga demasiado hasta convertir esas últimas páginas un relato sin mucho interés y perdiendo la esencia de lo que la novela era en un principio, y creo que eso le baja un poco la nota.