Esta es la biografía más exhaustiva que se ha escrito hasta ahora sobre el emperador Adriano, una figura fundamental para entender el devenir político e histórico del Imperio romano. Anthony Birley logra un retrato personal e íntimo de un hombre odiado en el momento de su muerte y enormemente respetado con el paso del tiempo. «El carácter de Adriano era desconcertante y contradictorio: severo y jovial, afable y duro, impetuoso y dubitativo, mezquino y generoso, hipócrita y franco, cruel y compasivo, y siempre mudable en todo siendo una sola persona».
Es muy pretencioso creer que vas a conocer a una persona de época antigua leyendo su biografía. Los mejores biógrafos (como Bierley) lo saben y de ello nos advierten siempre en los prólogos e introducciones. Tenernos que basar en un puñado de fuentes es peligroso, aunque tengamos para apoyarnos la epigrafía, restos arqueológicos y la numismática. Nunca llegaremos a saber cómo eran estos personajes, como en el caso de Adriano, lo único que podemos hacer es acercarnos un poco a ellos, a su contexto y ligeramente a su personalidad, siendo todas las biografías hipótesis.
En este libro no esperes encontrar a un Adriano elogiado, al sabio viajero que siempre se nos ha contado que fue, su personalidad se nos escapa y Birley solo intenta acercarse a él pero dando pasitos pequeños y dubitativos, pero es que es así como debe ser.
Tampoco esperes encontrar respuestas a la muerte de Antinoo. Probablemente nunca sepamos qué ocurrió realmente.
Si algo me ha gustado del libro es el uso de la iconografía y la epigrafía, de su visión crítica de la Historia Augusta y de la desmitificación del emperador que por ciertos rasgos estaba más cerca del emperador Nerón que de Augusto, al que intentaba emular sin llegar a conseguirlo.
Un buen libro para conocer el momento histórico más que para conocer la persona de Adriano. Le pongo 4 estrellas porque como todas las biografías esta es también imperfecta, pero la culpa no es del autor, sino de la falta de documentación.
Me ha venido bien para conocer mejor al Adriano histórico, ese helenista culto y amante de la caza que, tras suceder a Trajano, puso de moda la barba entre los romanos.
Parece ser que fue un hombre complejo y contradictorio, compasivo y violento a la vez, incansable viajero, severo y controlador, según Dion Casio. Aunque el historiador también dice de él que fue un hombre de paz