Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que la humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?
Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.
«En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida», afirma Chantal. Y también «Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia». Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.
Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco. –¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más joven de los hijos. –Lo que amo –contesta Medea.
Poeta y filósofa española de origen belga (Bruselas, 1951). Doctora en Filosofía y Profesora Titular de Estética y Teoría de las Artes, vivió largas temporadas en Benarés, India, en cuya Universidad se especializó en Filosofía y Religión India. Hasta el año 2000 impartió docencia en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Málaga, donde impulsó los estudios de Filosofía y Estética comparadas. Desde 1998, ha colaborado con críticas de filosofía, estética y pensamiento oriental en los Suplementos Culturales de los principales Diarios de la prensa española y sigue haciéndolo en El País. Es autora de numerosos ensayos, cuadernos y poemarios. Ha traducido y editado a Henri Michaux y colaborado con otras ediciones en la difusión del pensamiento de la India. Ha colaborado con diversos artistas en obras plásticas y escénicas. Con Matar a Platón le fue concedido el Premio Nacional de Poesía (España) 2004, y con «Hilos» recibió el Premio Andalucía de la Crítica y el Premio de la Crítica de poesía castellana 2007.
Un texto sombrío que en otra época de mi vida me hubiese arrastrado al pesimismo pero que, a día de hoy, puedo leer con cierta condescencia.
Una de las tesis principales del libro es que todo lo que vive se sostiene por el hambre. El ciclo de la vida, un engranaje perverso del que es imposible escapar. La tendencia del ser humano a la abstracción, a soñar, podría ser solamente un desvarío. Una forma más sofisticada de entender la cárcel del hambre.
"Híbrido de inmortal y de bestia. Extraña criatura que aún siente en la espalda el cosquilleo de las alas amputadas"
Y si, es verdad, al final comemos y cagamos y, si no lo hacemos, nos morimos. Pero ese rasgo me parece tan básico en el ser humano como el de levantar la cabeza y soñar. ¿Por qué va a ser un rasgo defectuoso, si es tan esencial a nuestra especie?
Me acordé de la canción de Silvio Rodríguez, La maza. "¿Que cosa fuera la maza sin cantera?". Nada, cómo nosotros sin la fe, sin la esperanza, sin nuestros miedos. Hasta la propia autora, a pesar de sus ganas de distanciarse de todo eso, no puede salir de ahí. Porque lo que escribe (con tanto talento) perpetúa su esencia de homo sapiens venido a más gracias a su capacidad de abstraerse de sus necesidades básicas. De abstraerse del hambre. ¿Qué hay del que se mata de inanición en defensa de un ideal? Para mi, esa persona representa mucho mejor a la especie que el más glotón.
"Lejos de mi el hipócrita que dice amar la vida. Lejos de mi el lírico, el ingenuo, el hacedor de bienes, el complaciente, el de las melodías fáciles, el ecológico, el bueno. Porque la vida es todo menos eso, la vida es la dentellada, las fauces cerrándose en la llaga, la sangre que alimenta, la necesaria astucia del predador. Venga a mi la bestia informada, orgullosa y fiera, la que duerme a la escucha. Venga a mi, en la hora de mi muerte, la que puede enseñarme, por última vez, la inocencia que consagra la rueda".
Chantal Maillard cree que el mundo es una jungla, y lo es. Claro que si, cuantisima mierda vemos todos los días gracias a sistema económico que nos hemos dado. La definición perfecta de una jungla. Pero ese sistema se perpetúa, entre otras cosas, gracias a la gente que como ella cree que no somos capaces de nada mejor, que estamos condenados, que nuestra única esencia es la predación. Lo que dice lo podría firmar el broker más cabron, o el propio Rodrigo Rato, cuando se excusaba de sus fechorías diciendo: "es el mercado, amigos".
Una mierda es el mercado. Siempre se puede escoger. Las circunstancias forman una parte muy importante, pero es el individuo el que decide donde colocarse frente a ellas. Y si no existe la capacidad de elección, si ni siquiera tenemos eso. Apaga y vámonos.
Tantas pistas hay para pensar que existe la capacidad de elección como para creer que no. ¿Por qué empeñarse en escoger la opción que más daños nos hace? La que más nos limita?
Claro, en torno a la capacidad de elección surge toda la moral, toda la ponzoña religiosa queriendo inmiscuir los intereses del poder en la sociedad para someterla. Pero oye! No es tan complicado al final saber lo que es bueno y lo que no.
No hagas lo que no te gustaría que te hicieran. Ama, respeta, ayuda. A pesar de todo. A pesar de toda la mierda, trata de mantener la llama prendida. A pesar de que quizá no sirva para nada. Hazlo por qué sí. Sin más motivos.
Buenismo bien.
Lo más interesante de esta mirada es el discurso de la empatía. Esa compasión difícil a la que hace mención el título. Visto el ser humano como un esclavo de su propia naturaleza, de sus circunstancias, es imposible no compadecerse de él cuando cae en actos crueles. El verdugo es tan parte de la cadena como la víctima.
La muerte, el sentido de la vida, la mirada e interpretación de las escenas, la narrativa de la historia, el mito de Medea, el perdón, la piedad, la compasión.... Todo. El libro lo tiene todo. Acompañados estos temas de una prosa poética que me ha llegado en tono cansado, de quien se resigna... Estoy deseando volver a empezar a leerlo.
Es la primera vez que leo a Chantal Maillard y es una pena que lo haga con su libro más turbio. Sería como conocer a la banda The Cure por el disco «Songs of a Lost World».
Claramente hay un ambiente pesado y una búsqueda constante de intentar explicar la naturaleza humana y la cosmovisión que lo rodea. Pero siempre desde un punto de vista yo diría pesimista. Es como condensar todo lo que somos y reducirlo a lo peor. Una existencia reducida al hambre y al mecanismo de devorar al otro. La vida es una jungla donde en esta maquinaria sobreviven los más fuertes o en este caso los más glotones.
Sabemos que vivimos condenados, pero conforme nos acercamos a la muerte es más fácil sólo resignarnos. Quizás es el propio ego que nos recuerda lo que pudimos hacer. A veces me pregunto: ¿Cuánto del caos personal también influye en cada una de las palabras de obras como esta?
Con una poesía interesante y con fragmentos de tragedias griegas vistas desde una perspectiva única como por ejemplo Medea. Tocando temáticas como: el Suicidio, venganza, el perdón, la compasión, reduciendo todo al hambre, la ficción y la realidad y su proximidad con el placer, etc.
Los que consideran este tipo de pensamientos un libro para "los despiertos" deben ser las personas más divertidas en las charlas con amigos y familiares... Le doy un 3 porque ahora mismo no tengo energía para amargarme.
Aguas turbulentas. Vuela más —y mejor— en el plano de la razón poética, en la austeridad que, entre amargas raspaduras, observa; no tanto en sus residuos de platonismo velado u orientalismo elitista. A lo sumo lectura guay.
Quizá empecé con el libro equivocado. Ciertamente la idea de compasión me resultó interesante, pero no estoy segura de haber entendido por qué estructura el libro de esta forma, creo que Medea es un ejemplo certero para hablar del tema, pero quizá si fuera menos pomposo me habría hablado más.
Increíble. Tiendo mucho al nihilismo existencial, dicho esto, este ensayo no me pareció pesimista ni perturbador, al contrario, creo que encontré mucha esperanza en estas reflexiones. Me encanta la filosofía de Chantal Maillard plasmada aquí y he pasado días post lectura pensando mucho en ella. El suicidio, la compasión, los dioses, las creencias, la violencia inherente, el hambre, la rueda que gira... Es bellísimo este libro y estoy segura que volveré a él en otro momento de mi vida.
Creo que el lugar desde el que escribe Maillard se resume en este párrafo. Respecto a la violencia, la vida, la muerte..... y sobre todo respecto al lenguaje. Generador y a la vez efecto.
"Un niño pone -literalmente- el dedo en la llaga. No para creer, ni para señalar la herida, sino para detener la sangre que mana. Pone el dedo en la llaga de alguien que agoniza."
Libro lento en su lectura porque tiene una forma de escribir entre la poesía y el teatro . Ensayo interesante que recoge una tercera parte que parece una obra de teatro en torno al mito de Medea y sobre todo con los que no se ha escrito de ella.
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Infumable. No puedo ni ponerle una estrella porque no le he dado ni cien páginas. No sé qué pretende decirme la autora; ¿un ritual satánico donde me dice que la vida es una mierda y que todos nos vamos a morir? Ok.
Siempre me consuela leer a Maillard y "La compasión difícil" es una de las obras esayísticas que más me llamaban la atención. En realidad, encontramos ya todas estas reflexiones en forma de poemario en su "Medea". Quizá por eso, creo que me quedo con el último...
Este es un libro que no tiene pérdida. Cargado de pequeñas y sentidas reflexiones. Algunas de ellas, bastante filosóficas y valientes, como las que tratan sobre la vida, el suicidio, la venganza y la libertad. Un libro para “perturbar” a los que están dormidos y calmar los nervios de los perturbados. El libro se divide en 3 grandes capítulos. Se lee rápido.
"Ni el perdón ni la compasión tienen ya sentido. Éste es el lugar del Hambre. No hay actos, ni decisiones, ni causas, ni efectos. Tan sólo un agujero blanco que ha de colmarse y gime. Y el batiente, arriba, batiendo sobre la nada."
Interesting thoughts on compassion, hunger, the divine. Takes a good approach on Greek (Medea specially) and Hindu mythology. Intelligence is the forbbiden fruit in all tyrannies.