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La compasión difícil
Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que la humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?
Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.
«En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida», afirma Chantal. Y también «Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia». Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.
Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.
–¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más
joven de los hijos.
–Lo que amo –contesta Medea.
Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.
«En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida», afirma Chantal. Y también «Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia». Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.
Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.
–¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más
joven de los hijos.
–Lo que amo –contesta Medea.
220 pages, Hardcover
Published February 13, 2019
About the author
Chantal Maillard
70 books193 followersPoeta y filósofa española de origen belga (Bruselas, 1951). Doctora en Filosofía y Profesora Titular de Estética y Teoría de las Artes, vivió largas temporadas en Benarés, India, en cuya Universidad se especializó en Filosofía y Religión India. Hasta el año 2000 impartió docencia en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Málaga, donde impulsó los estudios de Filosofía y Estética comparadas. Desde 1998, ha colaborado con críticas de filosofía, estética y pensamiento oriental en los Suplementos Culturales de los principales Diarios de la prensa española y sigue haciéndolo en El País. Es autora de numerosos ensayos, cuadernos y poemarios. Ha traducido y editado a Henri Michaux y colaborado con otras ediciones en la difusión del pensamiento de la India. Ha colaborado con diversos artistas en obras plásticas y escénicas. Con Matar a Platón le fue concedido el Premio Nacional de Poesía (España) 2004, y con «Hilos» recibió el Premio Andalucía de la Crítica y el Premio de la Crítica de poesía castellana 2007.
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Community Reviews
Displaying 1 - 24 of 24 reviews
December 2, 2021
Un texto sombrío que en otra época de mi vida me hubiese arrastrado al pesimismo pero que, a día de hoy, puedo leer con cierta condescencia.
Una de las tesis principales del libro es que todo lo que vive se sostiene por el hambre. El ciclo de la vida, un engranaje perverso del que es imposible escapar. La tendencia del ser humano a la abstracción, a soñar, podría ser solamente un desvarío. Una forma más sofisticada de entender la cárcel del hambre.
"Híbrido de inmortal y de bestia. Extraña criatura que aún siente en la espalda el cosquilleo de las alas amputadas"
Y si, es verdad, al final comemos y cagamos y, si no lo hacemos, nos morimos. Pero ese rasgo me parece tan básico en el ser humano como el de levantar la cabeza y soñar. ¿Por qué va a ser un rasgo defectuoso, si es tan esencial a nuestra especie?
Me acordé de la canción de Silvio Rodríguez, La maza. "¿Que cosa fuera la maza sin cantera?". Nada, cómo nosotros sin la fe, sin la esperanza, sin nuestros miedos. Hasta la propia autora, a pesar de sus ganas de distanciarse de todo eso, no puede salir de ahí. Porque lo que escribe (con tanto talento) perpetúa su esencia de homo sapiens venido a más gracias a su capacidad de abstraerse de sus necesidades básicas. De abstraerse del hambre. ¿Qué hay del que se mata de inanición en defensa de un ideal? Para mi, esa persona representa mucho mejor a la especie que el más glotón.
"Lejos de mi el hipócrita que dice amar la vida. Lejos de mi el lírico, el ingenuo, el hacedor de bienes, el complaciente, el de las melodías fáciles, el ecológico, el bueno. Porque la vida es todo menos eso, la vida es la dentellada, las fauces cerrándose en la llaga, la sangre que alimenta, la necesaria astucia del predador. Venga a mi la bestia informada, orgullosa y fiera, la que duerme a la escucha. Venga a mi, en la hora de mi muerte, la que puede enseñarme, por última vez, la inocencia que consagra la rueda".
Chantal Maillard cree que el mundo es una jungla, y lo es. Claro que si, cuantisima mierda vemos todos los días gracias a sistema económico que nos hemos dado. La definición perfecta de una jungla. Pero ese sistema se perpetúa, entre otras cosas, gracias a la gente que como ella cree que no somos capaces de nada mejor, que estamos condenados, que nuestra única esencia es la predación. Lo que dice lo podría firmar el broker más cabron, o el propio Rodrigo Rato, cuando se excusaba de sus fechorías diciendo: "es el mercado, amigos".
Una mierda es el mercado. Siempre se puede escoger. Las circunstancias forman una parte muy importante, pero es el individuo el que decide donde colocarse frente a ellas. Y si no existe la capacidad de elección, si ni siquiera tenemos eso. Apaga y vámonos.
Tantas pistas hay para pensar que existe la capacidad de elección como para creer que no. ¿Por qué empeñarse en escoger la opción que más daños nos hace? La que más nos limita?
Claro, en torno a la capacidad de elección surge toda la moral, toda la ponzoña religiosa queriendo inmiscuir los intereses del poder en la sociedad para someterla. Pero oye! No es tan complicado al final saber lo que es bueno y lo que no.
No hagas lo que no te gustaría que te hicieran. Ama, respeta, ayuda. A pesar de todo. A pesar de toda la mierda, trata de mantener la llama prendida. A pesar de que quizá no sirva para nada. Hazlo por qué sí. Sin más motivos.
Buenismo bien.
Lo más interesante de esta mirada es el discurso de la empatía. Esa compasión difícil a la que hace mención el título. Visto el ser humano como un esclavo de su propia naturaleza, de sus circunstancias, es imposible no compadecerse de él cuando cae en actos crueles. El verdugo es tan parte de la cadena como la víctima.
Una de las tesis principales del libro es que todo lo que vive se sostiene por el hambre. El ciclo de la vida, un engranaje perverso del que es imposible escapar. La tendencia del ser humano a la abstracción, a soñar, podría ser solamente un desvarío. Una forma más sofisticada de entender la cárcel del hambre.
"Híbrido de inmortal y de bestia. Extraña criatura que aún siente en la espalda el cosquilleo de las alas amputadas"
Y si, es verdad, al final comemos y cagamos y, si no lo hacemos, nos morimos. Pero ese rasgo me parece tan básico en el ser humano como el de levantar la cabeza y soñar. ¿Por qué va a ser un rasgo defectuoso, si es tan esencial a nuestra especie?
Me acordé de la canción de Silvio Rodríguez, La maza. "¿Que cosa fuera la maza sin cantera?". Nada, cómo nosotros sin la fe, sin la esperanza, sin nuestros miedos. Hasta la propia autora, a pesar de sus ganas de distanciarse de todo eso, no puede salir de ahí. Porque lo que escribe (con tanto talento) perpetúa su esencia de homo sapiens venido a más gracias a su capacidad de abstraerse de sus necesidades básicas. De abstraerse del hambre. ¿Qué hay del que se mata de inanición en defensa de un ideal? Para mi, esa persona representa mucho mejor a la especie que el más glotón.
"Lejos de mi el hipócrita que dice amar la vida. Lejos de mi el lírico, el ingenuo, el hacedor de bienes, el complaciente, el de las melodías fáciles, el ecológico, el bueno. Porque la vida es todo menos eso, la vida es la dentellada, las fauces cerrándose en la llaga, la sangre que alimenta, la necesaria astucia del predador. Venga a mi la bestia informada, orgullosa y fiera, la que duerme a la escucha. Venga a mi, en la hora de mi muerte, la que puede enseñarme, por última vez, la inocencia que consagra la rueda".
Chantal Maillard cree que el mundo es una jungla, y lo es. Claro que si, cuantisima mierda vemos todos los días gracias a sistema económico que nos hemos dado. La definición perfecta de una jungla. Pero ese sistema se perpetúa, entre otras cosas, gracias a la gente que como ella cree que no somos capaces de nada mejor, que estamos condenados, que nuestra única esencia es la predación. Lo que dice lo podría firmar el broker más cabron, o el propio Rodrigo Rato, cuando se excusaba de sus fechorías diciendo: "es el mercado, amigos".
Una mierda es el mercado. Siempre se puede escoger. Las circunstancias forman una parte muy importante, pero es el individuo el que decide donde colocarse frente a ellas. Y si no existe la capacidad de elección, si ni siquiera tenemos eso. Apaga y vámonos.
Tantas pistas hay para pensar que existe la capacidad de elección como para creer que no. ¿Por qué empeñarse en escoger la opción que más daños nos hace? La que más nos limita?
Claro, en torno a la capacidad de elección surge toda la moral, toda la ponzoña religiosa queriendo inmiscuir los intereses del poder en la sociedad para someterla. Pero oye! No es tan complicado al final saber lo que es bueno y lo que no.
No hagas lo que no te gustaría que te hicieran. Ama, respeta, ayuda. A pesar de todo. A pesar de toda la mierda, trata de mantener la llama prendida. A pesar de que quizá no sirva para nada. Hazlo por qué sí. Sin más motivos.
Buenismo bien.
Lo más interesante de esta mirada es el discurso de la empatía. Esa compasión difícil a la que hace mención el título. Visto el ser humano como un esclavo de su propia naturaleza, de sus circunstancias, es imposible no compadecerse de él cuando cae en actos crueles. El verdugo es tan parte de la cadena como la víctima.
August 27, 2026
Después de devorar la poesía completa de Maillard, que se me reveló como un tomo de textos sagrados, me pongo con su prosa, escritura aún más híbrida.
En este libro oscuro (he leído turbio, siniestro) me siento acompañada diseccionando las cuestiones que me torturan desde niña. Tal vez la más grande de todas: ¿por qué? (estamos aquí) (las cosas son así) y la consecuente ¿cómo? (aguantar; seguir viviendo). De la mano de filosofías antiguas como la india o la griega, nos acercamos a las heridas antiguas: el abandono de los dioses, la inutilidad y crueldad de la fe.
Escritura hermosa y profundamente reparadora a la vez que perturbadora, que me hace sonreír porque creo que en su propio hacer refuta una de las ideas fundamentales de Maillard, la de que el lenguaje es inútil y que lo esencial se encuentra más allá de él. Pese a que me fascinan sus propuestas e indagaciones sobre el valor relativo de la vida o el abrazo del vacío y del sinsentido, simplemente no entiendo qué hay que lamentar en que el ser humano ame su lenguaje. Así como los pájaros vuelan, el ser humano narra, construye mundos simbólicos, juega al lenguaje. Es una característica de nuestra animalidad, no entiendo qué necesidad de demonizarla (más que el dolor que te haya podido causar la insuficiencia del lenguaje en tu vida personal, supongo) o de destacarlo como algo singular. Ya que se recurre tanto al mundo animal en comparación al humano, cabe destacar que no somos la única especie que tiene un lenguaje estructurado, hay bastantes animales con sistemas de comunicación complejos.
Dije que acabé aquí después de leer su poesía; concretamente acudí a La compasión difícil llena de dudas tras leer sus poemas sobre Medea. Pese a que el libro me ha encantado y lo he sufrido (en el mejor de los sentidos), siento decir que ni siquiera esta ampliación de la postura que sostiene la autora sobre Medea me convence.
Supongo que me choca la elección del personaje de Medea y su crimen no para practicar la compasión hacia el supuesto villano (desde luego se presta a ello, y ya lo pensaba así leyendo el poemario), sino más porque encuentro esa historia contradictoria en cuanto al resto de elementos trabajados en el libro. Para empezar, irónicamente y desde luego leyendo la tragedia en retrospectiva con mis lentes de siglos de cristianización, el acto del hijo mayor de Medea me recuerda a Jesucristo (mito fundacional que se critica en este mismo libro). Así como él se compadece por la humanidad y muere por ella, el niño se compadece del sufrimiento de su madre y no solo acepta su muerte sino que le da las fuerzas suficientes para que la mujer lleve a cabo el asesinato. Esta acción ya me parece casi sagrada/mítica por ser totalmente antinatural (un niño humano se entristecería junto a su madre, pero dudo que comprendiese el dilema y lo aceptase hasta el punto de tenderle la soga y colaborar en el ahorcamiento de su hermano pequeño).
Otra cuestión que se trata y se critica a lo largo del libro es la obsesión del ser humano con el "yo" y la apuesta por una existencia más pura, conectada o esencial alejándose voluntariamente del "mí". Aunque compadezcamos a Medea e incluso entendamos sus razones en las diferentes versiones del mito, y dado que Maillard se decide por ejercitar su compasión en la alternativa menos favorable para Medea, ¿no son sus motivos totalmente egoístas y (tal vez aún peor) mediocres? Matar por venganza tras la traición y abandono del amante no me parece rebeldía, romper el círculo del hambre o habitar el margen, como dice Maillard, sino que, por el contrario, me parece tremendamente hegemónico. Cierto es que, viniendo de una mujer, es un acto que existe en un "nicho" de la norma, un lugar tabú y poco visitado, pero como ella misma argumenta, la norma granjea sus propios monstruos para crear una dicotomía que justifique su existencia.
Mucho se habla en este libro de perpetuar la violencia, de las violencias admitidas y las condenadas. ¿Es la inutilidad de la violencia de Medea lo que la hace supuestamente más interesante que la violencia ejercida por, por ejemplo, los cruzados cristianos masacrando "infieles"? No me lo parece, la verdad. Es curioso porque, de todo el dilema de Medea (que, ojo, repito, me parece interesante), lo que menos me conmueve es el fragmento, que incluso se destaca en la contraportada, en el que Medea dice que va a matar aquello que ama. Será esta tal vez una postura muy poco filosófica, pero creo que, aunque la palabra "amar" es, desde luego, de uso libre, no se ajusta a esta situación en absoluto. Para mí amar es desear la existencia alegre de lo amado. Aunque, según Maillard, una madre aboque a su hijo a la muerte a la hora de alumbrarlo, amar es aceptar que, a partir de ese momento, ese hijo no es (solo) hijo, es persona, y tiene el mismo camino, la misma libertad (el mismo calvario llamado vida, si quieres) que tú tuviste, y eso es algo que no le puedes arrebatar. Para mí, lo que ama Medea en esta versión de su historia es a sí misma. Ama su pena, su ira, riega los peores sentimientos que la carcomen para que se multipliquen, jura no olvidar sus sufrimientos y, con su acto, no rompe ningún esquema, no hace más que renovar la ley patriarcal del despecho --aceptando un papel original, si se quiere (una madre, en vez de un padre, matando a sus hijos)-- del empoderamiento (peligroso término, aquí) entendido como aplastamiento del débil que tenemos a mano. En ese momento ya no ama a sus hijos, aunque los hubiera amado alguna vez.
No veo rebeldía alguna en su acto, solo a una persona destrozada y egoísta, tremendamente infectada por su propia araña tejedora mental (por usar terminología de Maillard), y me temo que esa es una estampa bastante mundana. Si eso, rebeldía en nuestro entendimiento del evento como espectadores, en la extensión de nuestra empatía e interés hacia aquella que pintan como monstruosa. Rebeldía en la interesante contraposición de piedad y compasión. ¿Pero en Medea en sí? Rebeldía ninguna. Al fin y al cabo Medea no existió (como persona, sí como mito); lo que existe de ella son historias contadas en sociedades patriarcales y luego fijadas en versiones diversas, también por hombres. No sé hasta qué punto se puede esperar rebeldía de ella más que de un personaje de la Biblia, por ejemplo, en tanto que mitos fundacionales creados por sociedades con rasgos sociopolíticos muy concretos. No sé, estoy dispuesta a explorar más puntos de vista sobre el tema, pero ni en la poesía ni en este ensayo, pese a su belleza y calidad, logra la autora convencerme.
En fin, que me he devanado los sesos con este libro, y puede que haya conseguido un poco de paz al haber llegado al fondo del asunto de Medea, o puede que solo sea mi tejedora inventando un final de la historia para dejarme dormir tranquila. Y bueno, abogo por la reflexión y por permitirse momentos de absoluto terror ante lo absurdo del débil tejido de nuestra existencia, pero al final del día me uno a la masa de cobardes que agradecen a la mente tejedora, el lenguaje y las historias el opio que nos proporcionan para no solo aguantar, sino incluso disfrutar nuestra breve estancia como materia en el mundo :)
En este libro oscuro (he leído turbio, siniestro) me siento acompañada diseccionando las cuestiones que me torturan desde niña. Tal vez la más grande de todas: ¿por qué? (estamos aquí) (las cosas son así) y la consecuente ¿cómo? (aguantar; seguir viviendo). De la mano de filosofías antiguas como la india o la griega, nos acercamos a las heridas antiguas: el abandono de los dioses, la inutilidad y crueldad de la fe.
Escritura hermosa y profundamente reparadora a la vez que perturbadora, que me hace sonreír porque creo que en su propio hacer refuta una de las ideas fundamentales de Maillard, la de que el lenguaje es inútil y que lo esencial se encuentra más allá de él. Pese a que me fascinan sus propuestas e indagaciones sobre el valor relativo de la vida o el abrazo del vacío y del sinsentido, simplemente no entiendo qué hay que lamentar en que el ser humano ame su lenguaje. Así como los pájaros vuelan, el ser humano narra, construye mundos simbólicos, juega al lenguaje. Es una característica de nuestra animalidad, no entiendo qué necesidad de demonizarla (más que el dolor que te haya podido causar la insuficiencia del lenguaje en tu vida personal, supongo) o de destacarlo como algo singular. Ya que se recurre tanto al mundo animal en comparación al humano, cabe destacar que no somos la única especie que tiene un lenguaje estructurado, hay bastantes animales con sistemas de comunicación complejos.
Dije que acabé aquí después de leer su poesía; concretamente acudí a La compasión difícil llena de dudas tras leer sus poemas sobre Medea. Pese a que el libro me ha encantado y lo he sufrido (en el mejor de los sentidos), siento decir que ni siquiera esta ampliación de la postura que sostiene la autora sobre Medea me convence.
Supongo que me choca la elección del personaje de Medea y su crimen no para practicar la compasión hacia el supuesto villano (desde luego se presta a ello, y ya lo pensaba así leyendo el poemario), sino más porque encuentro esa historia contradictoria en cuanto al resto de elementos trabajados en el libro. Para empezar, irónicamente y desde luego leyendo la tragedia en retrospectiva con mis lentes de siglos de cristianización, el acto del hijo mayor de Medea me recuerda a Jesucristo (mito fundacional que se critica en este mismo libro). Así como él se compadece por la humanidad y muere por ella, el niño se compadece del sufrimiento de su madre y no solo acepta su muerte sino que le da las fuerzas suficientes para que la mujer lleve a cabo el asesinato. Esta acción ya me parece casi sagrada/mítica por ser totalmente antinatural (un niño humano se entristecería junto a su madre, pero dudo que comprendiese el dilema y lo aceptase hasta el punto de tenderle la soga y colaborar en el ahorcamiento de su hermano pequeño).
Otra cuestión que se trata y se critica a lo largo del libro es la obsesión del ser humano con el "yo" y la apuesta por una existencia más pura, conectada o esencial alejándose voluntariamente del "mí". Aunque compadezcamos a Medea e incluso entendamos sus razones en las diferentes versiones del mito, y dado que Maillard se decide por ejercitar su compasión en la alternativa menos favorable para Medea, ¿no son sus motivos totalmente egoístas y (tal vez aún peor) mediocres? Matar por venganza tras la traición y abandono del amante no me parece rebeldía, romper el círculo del hambre o habitar el margen, como dice Maillard, sino que, por el contrario, me parece tremendamente hegemónico. Cierto es que, viniendo de una mujer, es un acto que existe en un "nicho" de la norma, un lugar tabú y poco visitado, pero como ella misma argumenta, la norma granjea sus propios monstruos para crear una dicotomía que justifique su existencia.
Mucho se habla en este libro de perpetuar la violencia, de las violencias admitidas y las condenadas. ¿Es la inutilidad de la violencia de Medea lo que la hace supuestamente más interesante que la violencia ejercida por, por ejemplo, los cruzados cristianos masacrando "infieles"? No me lo parece, la verdad. Es curioso porque, de todo el dilema de Medea (que, ojo, repito, me parece interesante), lo que menos me conmueve es el fragmento, que incluso se destaca en la contraportada, en el que Medea dice que va a matar aquello que ama. Será esta tal vez una postura muy poco filosófica, pero creo que, aunque la palabra "amar" es, desde luego, de uso libre, no se ajusta a esta situación en absoluto. Para mí amar es desear la existencia alegre de lo amado. Aunque, según Maillard, una madre aboque a su hijo a la muerte a la hora de alumbrarlo, amar es aceptar que, a partir de ese momento, ese hijo no es (solo) hijo, es persona, y tiene el mismo camino, la misma libertad (el mismo calvario llamado vida, si quieres) que tú tuviste, y eso es algo que no le puedes arrebatar. Para mí, lo que ama Medea en esta versión de su historia es a sí misma. Ama su pena, su ira, riega los peores sentimientos que la carcomen para que se multipliquen, jura no olvidar sus sufrimientos y, con su acto, no rompe ningún esquema, no hace más que renovar la ley patriarcal del despecho --aceptando un papel original, si se quiere (una madre, en vez de un padre, matando a sus hijos)-- del empoderamiento (peligroso término, aquí) entendido como aplastamiento del débil que tenemos a mano. En ese momento ya no ama a sus hijos, aunque los hubiera amado alguna vez.
No veo rebeldía alguna en su acto, solo a una persona destrozada y egoísta, tremendamente infectada por su propia araña tejedora mental (por usar terminología de Maillard), y me temo que esa es una estampa bastante mundana. Si eso, rebeldía en nuestro entendimiento del evento como espectadores, en la extensión de nuestra empatía e interés hacia aquella que pintan como monstruosa. Rebeldía en la interesante contraposición de piedad y compasión. ¿Pero en Medea en sí? Rebeldía ninguna. Al fin y al cabo Medea no existió (como persona, sí como mito); lo que existe de ella son historias contadas en sociedades patriarcales y luego fijadas en versiones diversas, también por hombres. No sé hasta qué punto se puede esperar rebeldía de ella más que de un personaje de la Biblia, por ejemplo, en tanto que mitos fundacionales creados por sociedades con rasgos sociopolíticos muy concretos. No sé, estoy dispuesta a explorar más puntos de vista sobre el tema, pero ni en la poesía ni en este ensayo, pese a su belleza y calidad, logra la autora convencerme.
En fin, que me he devanado los sesos con este libro, y puede que haya conseguido un poco de paz al haber llegado al fondo del asunto de Medea, o puede que solo sea mi tejedora inventando un final de la historia para dejarme dormir tranquila. Y bueno, abogo por la reflexión y por permitirse momentos de absoluto terror ante lo absurdo del débil tejido de nuestra existencia, pero al final del día me uno a la masa de cobardes que agradecen a la mente tejedora, el lenguaje y las historias el opio que nos proporcionan para no solo aguantar, sino incluso disfrutar nuestra breve estancia como materia en el mundo :)
November 10, 2023
La muerte, el sentido de la vida, la mirada e interpretación de las escenas, la narrativa de la historia, el mito de Medea, el perdón, la piedad, la compasión.... Todo. El libro lo tiene todo. Acompañados estos temas de una prosa poética que me ha llegado en tono cansado, de quien se resigna...
Estoy deseando volver a empezar a leerlo.
Estoy deseando volver a empezar a leerlo.
February 26, 2025
Es la primera vez que leo a Chantal Maillard y es una pena que lo haga con su libro más turbio. Sería como conocer a la banda The Cure por el disco «Songs of a Lost World».
Claramente hay un ambiente pesado y una búsqueda constante de intentar explicar la naturaleza humana y la cosmovisión que lo rodea. Pero siempre desde un punto de vista yo diría pesimista. Es como condensar todo lo que somos y reducirlo a lo peor. Una existencia reducida al hambre y al mecanismo de devorar al otro. La vida es una jungla donde en esta maquinaria sobreviven los más fuertes o en este caso los más glotones.
Sabemos que vivimos condenados, pero conforme nos acercamos a la muerte es más fácil sólo resignarnos. Quizás es el propio ego que nos recuerda lo que pudimos hacer. A veces me pregunto: ¿Cuánto del caos personal también influye en cada una de las palabras de obras como esta?
Con una poesía interesante y con fragmentos de tragedias griegas vistas desde una perspectiva única como por ejemplo Medea. Tocando temáticas como: el Suicidio, venganza, el perdón, la compasión, reduciendo todo al hambre, la ficción y la realidad y su proximidad con el placer, etc.
Los que consideran este tipo de pensamientos un libro para "los despiertos" deben ser las personas más divertidas en las charlas con amigos y familiares... Le doy un 3 porque ahora mismo no tengo energía para amargarme.
Claramente hay un ambiente pesado y una búsqueda constante de intentar explicar la naturaleza humana y la cosmovisión que lo rodea. Pero siempre desde un punto de vista yo diría pesimista. Es como condensar todo lo que somos y reducirlo a lo peor. Una existencia reducida al hambre y al mecanismo de devorar al otro. La vida es una jungla donde en esta maquinaria sobreviven los más fuertes o en este caso los más glotones.
Sabemos que vivimos condenados, pero conforme nos acercamos a la muerte es más fácil sólo resignarnos. Quizás es el propio ego que nos recuerda lo que pudimos hacer. A veces me pregunto: ¿Cuánto del caos personal también influye en cada una de las palabras de obras como esta?
Con una poesía interesante y con fragmentos de tragedias griegas vistas desde una perspectiva única como por ejemplo Medea. Tocando temáticas como: el Suicidio, venganza, el perdón, la compasión, reduciendo todo al hambre, la ficción y la realidad y su proximidad con el placer, etc.
Los que consideran este tipo de pensamientos un libro para "los despiertos" deben ser las personas más divertidas en las charlas con amigos y familiares... Le doy un 3 porque ahora mismo no tengo energía para amargarme.
February 15, 2019
Aguas turbulentas. Vuela más —y mejor— en el plano de la razón poética, en la austeridad que, entre amargas raspaduras, observa; no tanto en sus residuos de platonismo velado u orientalismo elitista.
A lo sumo lectura guay.
A lo sumo lectura guay.
July 25, 2024
Hizo falta la lluvia.
Read
July 1, 2025vaya masterpiece
August 3, 2026
Siento que acabo de terminar un texto sagrado.
December 23, 2025
aunque discrepo tanto … a veces
January 30, 2024
Quizá empecé con el libro equivocado. Ciertamente la idea de compasión me resultó interesante, pero no estoy segura de haber entendido por qué estructura el libro de esta forma, creo que Medea es un ejemplo certero para hablar del tema, pero quizá si fuera menos pomposo me habría hablado más.
January 20, 2024
Increíble. Tiendo mucho al nihilismo existencial, dicho esto, este ensayo no me pareció pesimista ni perturbador, al contrario, creo que encontré mucha esperanza en estas reflexiones. Me encanta la filosofía de Chantal Maillard plasmada aquí y he pasado días post lectura pensando mucho en ella. El suicidio, la compasión, los dioses, las creencias, la violencia inherente, el hambre, la rueda que gira... Es bellísimo este libro y estoy segura que volveré a él en otro momento de mi vida.
August 4, 2025
Creo que el lugar desde el que escribe Maillard se resume en este párrafo.
Respecto a la violencia, la vida, la muerte..... y sobre todo respecto al lenguaje. Generador y a la vez efecto.
"Un niño pone -literalmente- el dedo en la llaga.
No para creer, ni para señalar la herida, sino para detener la sangre que mana. Pone el dedo en la llaga de alguien que agoniza."
Respecto a la violencia, la vida, la muerte..... y sobre todo respecto al lenguaje. Generador y a la vez efecto.
"Un niño pone -literalmente- el dedo en la llaga.
No para creer, ni para señalar la herida, sino para detener la sangre que mana. Pone el dedo en la llaga de alguien que agoniza."
March 23, 2026
En mi búsqueda de sentir algo, recurro a este tipo de libros. Es increíble como siendo arrojada ante un espejo que refleja lo difícil y abrumador que es ser humano, me sienta tan inspirada. Siempre siento mucha curiosidad sobre los tantos e infinitos pensamientos que puede haber entorno a lo complejo de la vida, la muerte y (la razón por la que escogí leerlo) el perdón.
February 3, 2021
Libro lento en su lectura porque tiene una forma de escribir entre la poesía y el teatro . Ensayo interesante que recoge una tercera parte que parece una obra de teatro en torno al mito de Medea y sobre todo con los que no se ha escrito de ella.
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June 4, 2022Infumable. No puedo ni ponerle una estrella porque no le he dado ni cien páginas. No sé qué pretende decirme la autora; ¿un ritual satánico donde me dice que la vida es una mierda y que todos nos vamos a morir? Ok.
January 29, 2024
Siempre me consuela leer a Maillard y "La compasión difícil" es una de las obras esayísticas que más me llamaban la atención. En realidad, encontramos ya todas estas reflexiones en forma de poemario en su "Medea". Quizá por eso, creo que me quedo con el último...
January 24, 2025
Este es un libro que no tiene pérdida. Cargado de pequeñas y sentidas reflexiones. Algunas de ellas, bastante filosóficas y valientes, como las que tratan sobre la vida, el suicidio, la venganza y la libertad. Un libro para “perturbar” a los que están dormidos y calmar los nervios de los perturbados. El libro se divide en 3 grandes capítulos. Se lee rápido.
February 23, 2025
"Ni el perdón ni la compasión tienen ya sentido. Éste es el lugar del Hambre. No hay actos, ni decisiones, ni causas, ni efectos. Tan sólo un agujero blanco que ha de colmarse y gime. Y el batiente, arriba, batiendo sobre la nada."
January 12, 2020
3.5/5
March 10, 2020
Interesting thoughts on compassion, hunger, the divine. Takes a good approach on Greek (Medea specially) and Hindu mythology. Intelligence is the forbbiden fruit in all tyrannies.
April 7, 2022
Una auténtica maravilla. Creo que voy a volver a empezarlo.
April 7, 2024
Imprescindible para el ser humano.
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September 5, 2025Quizá algún día entienda algo de lo que escribe Maillard
January 22, 2026
muy bien, demasiado pesimista, pero tiene algo. Como todo lo que escribe chantal. en fin, qué gran final, fue una cachetada en toda la experiencia.
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