Miguel sueña con ser dibujante de cómics y está enamorado de África. Cuando la vio por primera vez le pareció la chica más guapa del mundo y los sábados dejaron de ser simplementesábados para convertirse en maravillosossábados. África sueña con ganar una medalla olímpica y quiere estudiar biología marina. Y la primera vez que vio a Miguel...
Como profesora que lleva un grupo de altas capacidades intelectuales, debo decir que este libro nos ha traído de cabeza a todos. La trama es sencilla y esperable, además de incoherente. Se alude a que la patinadora es negra, pero en las ilustraciones se representa blanca y, a nivel de historia, es más importante saber que es rica (que tampoco) que su color de piel. Se podría haber aprovechado la oportunidad para tratar alguna cuestión sobre racismo o sobre diferencias socioeconómicas, pero lo más cercano que hay a eso es un conflicto por el cumpleaños que se resuelve de una forma simplista y nada desarrollada. La trama más interesante, la de Turquesa y la señora Fanger, casi no se desarrolla, así como tampoco se incide en las similitudes entre África y la anciana. Había muchos hilos de los que tirar y se decidió cortarlos. No esperaba una obra maestra, pero tampoco algo tan burdo como esto.
Una historia sencilla y emocional, ideal para chicos y chicas de entre 11 y 14 años. La historia de Miguel y África, dos adolescentes muy diferentes (él, un chico tímido y regordete del barrio de Carabanchel que sueña con ser un dibujante de cómics; ella, la enérgica hija de un adinerado diplomático inglés) cuyos caminos se cruzan para siempre.
Llevo varios años leyéndolo con mis alumnos de Lengua de 1º de ESO y en general les suele gustar. Creo que es una buena elección, ya que además de la historia de amor, nos habla de otros temas: la lucha por los sueños, el duelo por alguien querido, la familia, la amistad, la idea de que dos personas diferentes pueden ser amigas... Es un libro sencillo pero que puede dar tema de conversación en una clase.