«Y en lo que no me equivoco, es en creer que gozo, que me distraigo, y que vivo cuando cojo la pluma».
— Emilia Pardo Bazán en una carta a Francisco Giner de los Ríos.
Cómo he disfrutado con esta monumental biografía que Isabel Burdiel dedica a Emilia Pardo Bazán.
De forma rigurosa y exhaustiva Burdiel va desgranando la vida y la obra de doña Emilia, ambas excepcionales, prestando especial atención al contexto histórico en el que fue evolucionando la escritora.
Fue el s.XIX español un siglo tumultuoso, de fuertes contrastes, y nadie como doña Emilia encarna las contradicciones que le fueron propias.
Todo tiene cabida en este minucioso estudio de más de seiscientas páginas. Siguiendo la tradicional estructura cronológica, conocemos la niñez de Emilia en Galicia. La niñez de una heredera de familia hidalga, que muy pronto desarrolló un desaforado interés por el estudio y la lectura. Somos testigos de sus años de juventud, de formación, y de sus primeros escritos; testigos de su (fallido) matrimonio, de sus variados compromisos sociales (propios de una dama de su condición), y de la llegada de los primeros hijos...etapas de la vida de una mujer, que Emilia Pardo Bazán compaginó, o al menos intentó compaginar, con la que fue la pasión de su vida: la escritura.
Contradictoria, excéntrica, problemática...Pardo Bazán no calló ante nada ni nadie. Así queda reflejado en su correspondencia privada, en sus asiduas colaboraciones en prensa, donde habló de política, de sociedad, de literatura...y, como no, en sus obras de ficción, donde se atrevió a introducir los 'escandalosos y pútridos' dictados naturalistas, descubiertos al otro lado de los Pirineos.
Fue doña Emilia carlista en su juventud, feminista declarada, ferviente católica...es difícil delinear y entender el carácter de una mujer de fuertes convicciones que no se amedrentó ante nada. Una cosa es segura, alabada y vilipendiada a partes iguales, Pardo Bazán encontró en la escritura el espacio de libertad, que como mujer, le fue negado en la vida pública.
Como os decía al principio de este pequeño comentario, ha sido un auténtico placer descubrir la vida de una escritora excepcional; de una mujer que no desfalleció a lo largo de su carrera: curiosa, despierta, siempre dispuesta a mejorar lo ya creado.
Como, por el momento, solo he leído 'La Tribuna', me regocijo al pensar en todas las obras de doña Emilia que me quedan por descubrir.