El mundo moderno está atravesando un período de profundos cambios ya sea en el ámbito cultural, político, ecológico o espiritual. Y la decadencia y disolución del viejo orden del mundo, junto al tumultuoso e incierto nacimiento de otro nuevo, se hacen cada vez más patentes. Sumidos en esta atmósfera de crisis y transformación, urge cada vez más buscar un marco coherente de sentido para guiar tanto a los individuos como a las sociedades humanas por una senda que nos lleve más allá de la creciente fragmentación cultural, ideológica e identitaria en la cual vivimos.
Keiron Le Grice sostiene en este libro que el desarrollo y la asimilación de una nueva cosmología pueden suministrarnos este marco necesario para descubrir el orden subyacente que modela nuestras vidas. En un admirable ejercicio de síntesis entre las ideas seminales de la psicología analítica y el nuevo paradigma de la ciencia, El cosmos arquetipal sitúa la astrología arquetípica, desarrollada por Richard Tarnas, en el centro de una visión emergente del mundo que unifica psique y cosmos, ciencia y espiritualidad, bajo un nuevo prisma que integra las obras de Jung, Campbell, Tarnas, Capra y Bohm, con el fin de presentar una renovadora comprensión vivificante del papel que tienen los mitos y los principios arquetipales del cosmos en la experiencia diaria de nuestras vidas.
Sin duda uno de los libros más importantes que he leído últimamente, una de esas lecturas cumbre que te elevan sobre el paisaje de las lecturas anteriores, haciendo que las veas en un contexto más amplio y relacionando entre sí en un todo orgánico conceptos que antes quedaban sueltos. Creo que esta lectura marca un punto de inflexión para mi vida interior: me permite reunir en una sola teoría todos mis intereses filosófico-espirituales, de forma que, quizá, todas las lecturas que realice a partir de ahora se organicen a partir de la estructura de la cosmología arquetipal.
No es que Keiron Le Grice diga nada nuevo, sino que este libro es más bien una reunión en un todo con sentido de varias líneas de investigación post-junguianas, principalmente llevadas a cabo en el departamento de Consciencia y Cosmología del California Institute of Integral Studies.
La cosmología arquetipal se articula principalmente a partir de la teoría de Jung, de la psicología transpersonal de Stalisnav Grof, de la teoría de sistemas tal y como la presenta Fritjof Capra, de la cristología cósmica de Teilhard de Chardin, de la interpretación de la física cuántica basada en el orden implicado de David Bohm, de la noción biológica de los campos mórficos de Rupert Sheldrake y la astrología arquetípica de Richard Tarnas. Las referencias son también constantes a Sri Aurobindo y sobre todo a Joseph Campbell. La mayoría de estas perspectivas son marginadas por la ciencia oficial, pero los que aspiramos a la verdadera sabiduría sabemos lo relevante que es que todas coincidan entre sí además de con las experiencias místico-religiosas de toda la historia de la humanidad. Allá aquellos que quieran vivir su vida enmarcada en un fundamentalismo materialista-ateo del todo perjudicial para la salud mental de la humanidad.
La base de la cosmología arquetipal es el no-dualismo, o monismo de doble aspecto, que coincide con el "entre" heideggeriano y la khora platónica. La idea es que la mente no está en el cerebro ni es una entidad estrictamente humana: todo en el cosmos tiene mente, todo tiene un interior mental y un exterior material. Por supuesto la noción de mente se toma en sentido amplio: no implica autoconciencia sino que va de ésta a la simple capacidad de responder al entorno como cuando las plantas buscan la luz o de autoorganizarse orgánicamente, facultad de la que participa toda entidad en el cosmos. Así, hay un "entre" entre la psique y el cosmos que los incluye a los dos: no es que la posición de los planetas en el sistema solar influencie la mente humana, sino que tanto la autoorganización-mente del sistema solar como el inconsciente humano con sus arquetipos, son entidades que se corresponden de forma paralela pues ambas surgen de, o son dos aspectos de, una tercera entidad no-dual. Esta tercera entidad sería el campo cuántico que permite la vinculación de partículas a distancia de modo que puede haber entidades no conectadas causalmente pero vinculadas acaulsamente en un orden de significado que las implica a las dos.
Así, de la misma forma que físicamente somos una persona compuesta de células, que se encuentra en una familia, en una sociedad, en un planeta, en un sistema solar, en una galaxia, en un cúmulo de galaxias, etc, todas estas entidades cósmicas autoorganizadas tienen una interioridad mental, de forma que la mente de las células se encuentra dentro de nuestra mente humana, que se encuentra dentro de la mente del planeta, dentro de la mente del sistema solar, etc. Mientras que físicamente las distintas entidades se comunican de forma causal a través de la materia, psíquicamente se comunican en órdenes de significado conectados de forma acausal-cuántica. Así, los arquetipos y la mitología no son solo elementos humanos sino cosmológicos: los arquetipos básicos de construcción, destrucción, permanencia, etc. se dan tanto en el mundo humano como en el espacio y en la naturaleza. Esto significa que cuando miramos el cielo estrellado, estamos viendo ni más ni menos que, literalmente, las profundidades de nuestra psique: el inconsciente colectivo.
La cosmología arquetipal considera todas las religiones como caminos para llegar a la plenitud: el sí-mismo junguiano. Así, el sentido de la vida humana consiste en conducir su vida según los arquetipos cósmicos, que determinan hasta cierto punto lo que sucede en la vida pero están hasta cierto punto abiertos a la libertad humana y la responsabilidad individual. La misión religiosa humana es una misión cósmica: la autoconciencia es una creación del cosmos que obedece al plan-télos del universo de hacerse autoconsciente, moral, y realizarse espiritualmente a través del ser humano. La mística sería la experimentación directa de los arquetipos, en una auténtica intuición intelectual.
Así, la autoorganización mental (que tiene significado y sentido) de las estructuras cósmicas se corresponde con el orden implicado de la teoría de Bohm, con las resonancias mórficas de Sheldrake, e incluso con el ser heideggeriano. Se trata además de una religión/teoría post humanista, al reconocer la dependencia humana de los arquetipos. Los arquetipos, por cierto, pueden ser reducidos en última instancia a una unidad última que sería el orden superimplicado de Bohm y el Dios de la religiones monoteístas.
La cosmología arquetipal se presenta así como el mayor marco ecuménico que, creo, existe. En ella se dan cita desde el pitagorismo, el platonismo, la teoría de Jung, Nietzsche, Heidegger, la ciencia con la teoría de la evolución y la física cuántica, la mitología y todas las religiones habidas y por haber. Sin duda, una perspectiva teórica a tener en cuenta por cualquier amante de la sabiduría.
This book was a perfect follow up read to Richard Tarnas' Cosmos and Psyche. It took concepts that were introduced by Tarnas and pushed them just a bit further. Where Tarnas sort of highlighted the problem of disenchantment and his aim to some degree was to establish a renewed sense of wonder in the world by drawing attention to the synchronizations between the outer world of the cosmos and the inner world of the human being - Le Grice puts more focus on the importance of World View, and the functions of mythology, and how it is changing in this modern world. It moves on in the second part to discuss some of the leading theories and thoughts on things like implicate order, transpersonal psychology, theories of cosmological powers among many other things and moves forward into a third part that indulges in the spiritual transformation of our time - and heavily references Jean Gebser's Integral Theory.
This, compared to Cosmos and Psyche is definitely a bit more dense. I found that while reading it I was making frequent references to other books, and the dictionary for unfamiliar terms and importantly to the people which he referred to (Boehm, Gebser, Swimme, etc) in order to support his thesis. I found that it required intermittent pause in order to make myself generally familiar with the people and theories that he was discussing because I did not have a complete base knowledge of those things at the start of the book. While it was more challenging, for me, than Cosmos and Psyche - I still didn't find it impossible to follow or mind boggling. It did not provide me with that revelatory excitement and, for lack of a better word, astonishment that Cosmos and Psyche did, but I don't think that was the intention. It gave me the follow up that I was looking for and has directed me towards Jean Gebser whose Ever Present Origin is really hitting some nails for me.
This is also well written and well organized, but recognition of that might be lost in the relative complexity of the ideas presented. I'm very glad to know that there are people out there who are pioneers in a new world view and are working to articulate it.
Good luck with this read, as it's also a pretty heavy one.
I have been always trying to make sense of life. This book completes the life model and for me makes a lot of sense; make me view life with a different glass. On terms of writing is kind of hard to read, it is not simple and use terms and a kind of didactic style, so you have to like subjects like psicology and physics to dig in.
Overall it's a great book. It introduced me to fundamental ideas in astrology. It showed me a new perspective on reality and gave me the language to articulate what I've been feeling for a long time. Although at times I was left confused by some ideas such as Bohm's superimplicate structure and the holomovement. What's the difference between them? I couldn't tell from the book. Unfortunately, some terms are used without giving then a stable definition.
Wonderful. Well researched and written and perfect in the way it connects ideas and concepts bringing the reader along. Smart, emotional and very relevant.
Hard to describe such a work of integrating so many ideas. The take away is a profound reassurance in a uniting cosmic energy, a new imagination for the divine universe and the human being as an integral actor in the cosmic dance.