El haiku japonés es una estrofa que pretende captar los asombros del ser humano. Es un modo poético de hacerse con los instantes. Bashó, el padre del haiku, lo definió como 'lo que ocurre aquí ahora'. Cualquier suceso, cualquier realidad, grande o pequeña, hermosa o sin aparente belleza, tiene derecho a habitar el haiku. Por eso el escritor inglés, experto en la cultura japonesa y en el género, Reginald Horace Blyth, explicaba que el haiku era 'una nada inolvidablemente significativa' que había sucedido ante nosotros. La condición de notario de la naturaleza que adquiere el poeta de haiku es fundamental. El haiku debe ocurrir ante el poeta. No puede ser imaginado ni elaborado en abstracto; el haiku no es elucubración, no es arquitectura de la mente humana. Sólo pretende plasmar la existencia tal como es para transmitir así su misterio sin tener que explicarlo. Vicente Haya
El haiku es el poema de la inmediatez y de la recompensa a los sentidos. No tiene (demasiado) espacio para la metáfora, los juegos intelectuales o la experimentación; por ende, debe dar cuenta y evocar un momento de sobresalto —una suerte de conmoción estética kantiana— ante lo bello y transitorio del mundo.
Esta pequeña antología, preparada por uno de los mejores especialistas en el tema, Vicente Haya, es una suerte de cruce de caminos entre el haiku y la contemplación zen de sus autores (tres monjes budistas), los cuales se convirtieron en verdaderos fenómenos de popularidad en Japón. Como muestra, baste con decir que el haijin (poeta que escribe haikus) más vendido en la Tierra del Sol Naciente no es uno de los clásicos (Bashō, Buson, Issa o Shiki), sino Taneda Santōka, incluído en este volumen.
Con todo, leer y apreciar el valor de un haiku requiere que afinemos nuestra sensibilidad “occidental”. Para ello, esta antología tiene una maravillosa nota introductoria del profesor Haya y, sin duda, se trata de un excelente lugar para empezar. ¿El único inconveniente? La brevedad en el número de páginas y que conseguir este librito puede ser difícil (o muy caro) fuera de Colombia.
Quizás el 2025 sea mi año de exploración budista. Digo quizás porque ya antes tuve curiosidad zen, porque en su momento busqué algunos textos sobre meditación. Ahora ando coqueteando con el tao, y con el buda, y con la idea de la contemplación del vacío más allá del nihilismo. Quién sabe. Lo cierto es que me está dando dicha pensar y leer estas cosas. Y me dio dicha esta antología de haiku.
No sólo por los haikus, que por primera vez leo ajustando mi magnetismo lector a su hierro. Sobre todo por la introducción de Vicente Haya, que es una clase básica maravillosa.
Dicho lo anterior: necesito leer más cosas de Vicente Haya. Sé que tiene varios textos sobre el haiku como camino espiritual y voy a darles una buscada en las librerías de mi ciudad antes de recurrir al pacto con el diablo que es comprar cualquier cosa en Buscalibre. Es claro Haya en lo que cuenta, y es claro en lo que piensa, y, sobre todo, es entusiasta de lo que ama.
Amar el haiku. El mundo que existe y punto. La puerta que se abre para invitarnos a ser con lo que es. Ya veremos qué encuentro en ese camino.
Aquí, el haiku último de la antología, que dice:
Ikujunen tsukai kishi mi no tsuyu ni nure
Empapado de rocío, este cuerpo que he venido usando durante tanto tiempo.
Un libro interesante, con haikus que te dejan reflexionando sobre como la realidad de cada uno es distinta pero puedes tener tantas cosas en común, aún cuando han pasado años desde las personas que escribieron estos.
Una traducción llamativa que te enseña un poco más de lo que trae la cultura japonesa.