What do you think?
Rate this book


La biografía que esclarece definitivamente algunas cosasque Nietzsche no fue: no fue antisemita, no fue nacionalista,no fue nihilista. Eso sí, fue pura dinamita.
La imagen, formidable y ya convencional: una amplia frente despejada, un poblado mostacho que cae sobre la boca, unos ojos engastados con mirada miope, entre alucinada y torva. Sin embargo, pese a la potencia expresiva del icono, se intuye una máscara que escamotea un carácter huidizo y atormentado. Si la imagen puede resultar engañosa, la vida y la obra de Nietzsche han dado pábulo a tantas y tan dispares interpretaciones que cuesta hacerse una idea cabal de quién fue y qué pensaba este hombre enigmático.
Sue Prideaux aborda la biografía con escrupulosa delicadeza, poniendo las cosas en su sitio, en su tiempo. Recorre así la infancia casi idílica de Nietzsche, sus estudios y su temprana entrada en la vida académica, sus amoríos y crisis personales, su precaria salud –y su supuesta sífilis–, su existencia errabunda, su aislamiento y su devastador descenso final a la locura. Y ese devenir biográfico está poblado de una impagable galería de personajes –del historiador Jacob Burckhardt a los megalómanos Cosima y Richard Wagner, pasando por Lou Andreas Salomé– retratados con implacable precisión, además de su peculiar familia. La misteriosa muerte de su padre, pastor luterano, cuando él tenía cinco años le influiría de por vida; Elisabeth, su hermana pequeña, le marcaría no solo en la vida sino más allá, censurando y manipulando su obra, pero conservándola casi íntegra.
Evitando el trazo grueso, desmontando mitos, rastreando la prolífica correspondencia del filósofo, Prideaux revela un hombre complejo, alguien cuyo genio extraordinario le llevó a ambicionar la demolición de cuantas certidumbres se habían «creído, exigido, santificado» hasta entonces; alguien que fue, ciertamente, dinamita.
995 pages, Kindle Edition
First published October 4, 2018
„Eu nu sînt cîtuşi de puţin un şarlatan, un monstru moral” (Ecce homo).
Ah, give me madness, you heavenly powers! Madness, that I may only at last believe in myself! Give deliriums and convulsions, sudden lights and darkness, terrify me with frost and fire such as no mortal has ever felt, with deafening din and prowling figures, make me howl and whine and crawl like a beast: so that I may come to believe in myself!
All his life he valued intelligent women, making close and enduring friendships with them. He only fell in love with clever women – starting with Cosima [Wagner]. He disliked ignorant and bigoted women.
"'I am frightened,' Nietzsche had written, 'by the thought of what unqualified and unsuitable people may invoke my authority one day. Yet that is the torment of every great teacher of mankind: he knows that, given the circumstances and the accidents, he can become a disaster as well as a blessing to mankind.'" (374-5)Ironically, Nietzsche wrote these words in a letter to his sister Elizabeth, who, as Prideaux painfully shows, abused her brother and his thought more than anyone else—associating it with Nazi ideology in a manner that echoes to this day. Hopefully, Prideaux's biography will dispel the last, lingering notions that Nietzsche was an anti-Semite and proto-Nazi (already intrepidly addressed by Walter Kaufmann before her).