Todos creemos conocer aunque sea de nombre a los personajes importantes del siglo XIX. Sin embargo no siempre es así. En estos últimos años, Francia recuperó a una mujer extraordinaria, original y extravagante. Se trata de Flora Tristán. Hija de un peruano de abolengo y de una francesa anónima, vino al Perú en 1833 en busca de una herencia que según creía le pertenecía. Tenía sólo treinta años, poca cultura en materia de leyes y no sabía que habiendo sido inscripta como hija natural no tenía derechos legales. Sin embargo, es recibida con los brazos abiertos por la familia Tristán. De ahí a darle una herencia media una gran distancia. Sus reflexiones sobre el Perú virreinal y las guerras intestinas, los dudosos negocios con la compra de chatarra y otras descripciones de la época pueden contarse entre las páginas más importantes escritas sobre Sudamérica. No es menos rescatable su giro de 120 grados cuando vuelve a Francia más pobre de lo que se fue y, como reacción o despecho, se dedica a predicar la revolución obrera. Ningún personaje de novela es más apasionante que esta mujer, por añadidura abuela de Paul Gauguin, que heredó de ella su amor por la aventura y esa incoherencia entre las dos mitades de su vida de la cual a veces nace el genio. Silvina Bullrich, en esta biografía mechada por páginas de los libros de Flora Tristán "Las peregrinaciones de una paria" y "La gira por Francia", nos da con su humor cáustico y penetrante una imagen novedosa de esta mujer visionaria, ambiciosa, iluminada y precursora del socialismo. (Contratapa)