Este librito de Concepción de Estevarena tiene el mérito de rescatar a una poeta romántica que escribía en las paredes de la cocina a escondidas de su padre y quedó sepultada en la historia literaria española por otros románticos como Bécquer o de Castro. Y la portada, de Francisca Pageo, es una delicia. Así que, aunque sus versos melancólicos y claramente románticos en lo formal no sean mi estilo predilecto (al igual que no lo son los de los otros románticos más conocidos), el simple hecho de rescatarla del olvido, y de una manera tan bella, hace que me alegre de tener este poemario.