Es este primer volumen Iris nos comienza hablando con timidez, es como sí tuviese miedo a que las palabras la revelasen. Sin embargo, a medida que escribe, las palabras emanan por si solas y Iris permite que ellas se expresen libremente por el papel. En este camino de ladrillos, que ella misma va construyendo y reparando, podemos leer sobre el amor propio, el amor de pareja, el amor de la familia, la evolución de Iris a lo largo del volumen y otros textos que sacan la rabia y el insomnio de sus noches oscuras.
Las cartas del pasado, presente y futuro es el claro argumento de que Iris se va soltando a lo largo de todo el libro, hasta llegar a un pico del que dudo que baje en el segundo volumen. Se curte con la ayuda de las palabras y nos hace darnos cuenta que también hay que librarse de los pesos que soportamos en el cuerpo por medio de palabras.
Su escritura es libre, expresiva y emotiva. Ella no pretende que todo rime, ni que tenga sentido, es una de las cosas que más me han gustado del libro; expresa esa sensación de liberación con las palabras.
Iris no pretende darle fuerza al lector, solo se expresa y hace que el lector la comprenda. Es una escritora que escribe para ella misma y que comparte con el mundo su fuerza.