Es este primer volumen Iris nos comienza hablando con timidez, es como sí tuviese miedo a que las palabras la revelasen. Sin embargo, a medida que escribe, las palabras emanan por si solas y Iris permite que ellas se expresen libremente por el papel. En este camino de ladrillos, que ella misma va construyendo y reparando, podemos leer sobre el amor propio, el amor de pareja, el amor de la familia, la evolución de Iris a lo largo del volumen y otros textos que sacan la rabia y el insomnio de sus noches oscuras.
Las cartas del pasado, presente y futuro es el claro argumento de que Iris se va soltando a lo largo de todo el libro, hasta llegar a un pico del que dudo que baje en el segundo volumen. Se curte con la ayuda de las palabras y nos hace darnos cuenta que también hay que librarse de los pesos que soportamos en el cuerpo por medio de palabras.
Su escritura es libre, expresiva y emotiva. Ella no pretende que todo rime, ni que tenga sentido, es una de las cosas que más me han gustado del libro; expresa esa sensación de liberación con las palabras.
Iris no pretende darle fuerza al lector, solo se expresa y hace que el lector la comprenda. Es una escritora que escribe para ella misma y que comparte con el mundo su fuerza.
Siempre tengo sentimientos encontrados con la poesía contemporánea porque considero que no me llena ni me toca la fibra tanto como la poesía tradicional/clásica.
Este pequeño libro ha tenido algunas frases bastante bonitas, y en específico me ha marcado los poemas que trata sobre la ansiedad, la Iris del pasado, y sus abuelos. Descartando esos, no encuentro mucha diferencia con otros poemarios contemporáneos.
Es un poemario-conjunto de cartas y escritos muy personales de la autora, que te acercan más a ella y te hacen conocerla y comprenderla mejor. Escrito con el corazón en el puño.