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La España medieval: Sociedades, estados, culturas
En esta obra Emilio Mitre nos acerca al pasado histórico medieval en la Península Ibérica, a las distintas entidades político-culturales de la cristiandad que configuran un conjunto de Estados dotados de una acusada personalidad. Pero, paralelamente a la historia de esta sociedad hispano-cristiana, la de la España islámica es también la de una de una de las más florecientes civilizaciones del Occidente.
392 pages, Mass Market Paperback
First published January 1, 1979
About the author
Emilio Mitre Fernández
47 books1 followerEstudió la carrera de Filosofía y Letras y posteriormente se doctoró en historia en la Universidad de Valladolid, donde además fue profesor adjunto. Fue catedrático de Geografía e Historia en el Instituto Calderón de la Barca de Madrid desde 1967 a 1975, al mismo tiempo que trabajaba de profesor adjunto en la Universidad Complutense de Madrid. En 1982 fue nombrado catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Alcalá, antes de volver a la Complutense en 1986.
Es uno de los medievalistas españoles más destacados de la segunda mitad del siglo xx. Su obra es muy extensa, centrada sobre todo en la Baja Edad Media castellana y en concreto en el reinado de Enrique III, con obras como Evolución de la nobleza en Castilla bajo Enrique III (1396-1406) u Ortodoxia y herejía entre la Antigüedad y el Medievo. Otros ejemplos de su trabajo son La extensión del régimen de corregidores en el reinado de Enrique III de Castilla (Valladolid, 1969), La nobleza y las cortes de Castilla y León (Valladolid, 1988) y La historiografía bajomedieval ante la revolución trastámara: propaganda política y moralismo (Valladolid, 1991). También ha sido autor de manuales y obras de consulta sobre la historia medieval europea y peninsular.
Es uno de los medievalistas españoles más destacados de la segunda mitad del siglo xx. Su obra es muy extensa, centrada sobre todo en la Baja Edad Media castellana y en concreto en el reinado de Enrique III, con obras como Evolución de la nobleza en Castilla bajo Enrique III (1396-1406) u Ortodoxia y herejía entre la Antigüedad y el Medievo. Otros ejemplos de su trabajo son La extensión del régimen de corregidores en el reinado de Enrique III de Castilla (Valladolid, 1969), La nobleza y las cortes de Castilla y León (Valladolid, 1988) y La historiografía bajomedieval ante la revolución trastámara: propaganda política y moralismo (Valladolid, 1991). También ha sido autor de manuales y obras de consulta sobre la historia medieval europea y peninsular.
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March 24, 2026
“Come con las manos,
come con los dedos,
no habrá servilletas
ni servilleteros.”
(La fiesta medieval, Los Nikis)
Al principio iba genial la cosa gracias a la enumeración de todas las leyes, normativas e invenciones de nuestros sabios antepasados para sancionar, discriminar y expulsar al pueblo judío de la península ibérica. Pero genial de a la mínima coger a mi novia del brazo para darle la turra con lo avanzadísimos que fuimos hace más de diez siglos en el noble arte de no compartir espacio vital con los nonprepucciatos; casi que al nivel de fustigarme por siempre haberme reído de nuestros ancestros por esas manías suyas de amagarse con cabras y gallinas, creer en dioses vengativos y toda clase de supercherías y partirse la espalda a cambio de medio grano de arroz labrando las tierras del señorito feudal por ser muy amigos del vasallaje y ajenos a la revolución. Nunca es tarde para pedir perdón, así que ahí va: mis mas sinceras disculpas.
¿Principal corolario de todo esto? Pues que nuestros yayos follacabras hacían cosas difíciles de entender o justificar desde los paradigmas morales del ahora, pero en lo importante, en lo de anticipar que a los descapuchados hay que echarles de inmediato de casa, fueron pioneros y vanguardia pura.
¿Y luego? Pues un texto más inútil que un Tesla de lana. Sesgos de parte y un inagotable arsenal de justificaciones o críticas acorde a marcos mentales del ahora (¿en serio cabe criticar estatutos forales del Siglo X por poco feministas?) en lugar de una aproximación desde la objetividad (es un libro que abarca varios siglos y se presta a ello, no es algo que se ocupe, qué sé yo, de alguna guerra mundial), dejadez a la hora de explayarse donde hay chicha (todas las diferencias de vasallaje y sus fundamentos jurídicos manda cojones que primero se diga que distingue a la península del resto de la Europa feudal en cuanto a matices y grados de libertad y se enumeren las tipologías y ya) y una tenaz insistencia por meter la palabra “ razzia” 40 veces por página, llegando al extremo de convertirla en el verbo que jamás fue. Una cosa así de crispante sólo se la había leído antes al gafas del Simon Reynold y su puta manía de describir cualquier música como “titilante” en Energy Flash.
Y nada, que eso: entretenido para el metro, pero siento que he tirado casi 2 eurazos a la basura.
PD: para saber de la Edad Media, siempre hay que recurrir a esa obra maestra de Paul Verhoeven -y su pana el Gerard Soeteman- que fue Los Señores Del Acero (1985). Fidedigna a todo pero sin abandonar el sentido del espectáculo ni resultar falsaria al juzgar desde el ahora en plan “estos son los buenos, los otros los malos”, dice un millón de veces mejor que en este libro que las Reconquistas, ajenas a toda la épica y sentido del deber moral (¿?) que se les pretende atribuir desde el ahora, lo que por detrás de ella había, por encima de cualquier otra cosa, era un magnifico mecanismo de optar a fortunas y a un ascenso en la escala social vía la terratenencia.
Digamos que Reconquistas, recuperaciones de feudos y cualquier operación similar de anexión de tierras es lo que nos venden como que la gente se pone en modo Guisandro (pero sin sarcasmo) y dice, alzando la barbilla y sujetando un hacha o un fusil antes de ir a darse de hostias, "Es la hora de los patriotas", cuando en verdad lo que impulsa la acción es figurar como titular al 100% en varios terrenos rústicos (viñedos, latifundios, etc) en el Registro de la Propiedad tras legitimar la tenencia vía anexión violenta y, a lo mejor, de propina, pues algún título nobiliario de esos pintones (Ducado, Marquesado, etc)
come con los dedos,
no habrá servilletas
ni servilleteros.”
(La fiesta medieval, Los Nikis)
Al principio iba genial la cosa gracias a la enumeración de todas las leyes, normativas e invenciones de nuestros sabios antepasados para sancionar, discriminar y expulsar al pueblo judío de la península ibérica. Pero genial de a la mínima coger a mi novia del brazo para darle la turra con lo avanzadísimos que fuimos hace más de diez siglos en el noble arte de no compartir espacio vital con los nonprepucciatos; casi que al nivel de fustigarme por siempre haberme reído de nuestros ancestros por esas manías suyas de amagarse con cabras y gallinas, creer en dioses vengativos y toda clase de supercherías y partirse la espalda a cambio de medio grano de arroz labrando las tierras del señorito feudal por ser muy amigos del vasallaje y ajenos a la revolución. Nunca es tarde para pedir perdón, así que ahí va: mis mas sinceras disculpas.
¿Principal corolario de todo esto? Pues que nuestros yayos follacabras hacían cosas difíciles de entender o justificar desde los paradigmas morales del ahora, pero en lo importante, en lo de anticipar que a los descapuchados hay que echarles de inmediato de casa, fueron pioneros y vanguardia pura.
¿Y luego? Pues un texto más inútil que un Tesla de lana. Sesgos de parte y un inagotable arsenal de justificaciones o críticas acorde a marcos mentales del ahora (¿en serio cabe criticar estatutos forales del Siglo X por poco feministas?) en lugar de una aproximación desde la objetividad (es un libro que abarca varios siglos y se presta a ello, no es algo que se ocupe, qué sé yo, de alguna guerra mundial), dejadez a la hora de explayarse donde hay chicha (todas las diferencias de vasallaje y sus fundamentos jurídicos manda cojones que primero se diga que distingue a la península del resto de la Europa feudal en cuanto a matices y grados de libertad y se enumeren las tipologías y ya) y una tenaz insistencia por meter la palabra “ razzia” 40 veces por página, llegando al extremo de convertirla en el verbo que jamás fue. Una cosa así de crispante sólo se la había leído antes al gafas del Simon Reynold y su puta manía de describir cualquier música como “titilante” en Energy Flash.
Y nada, que eso: entretenido para el metro, pero siento que he tirado casi 2 eurazos a la basura.
PD: para saber de la Edad Media, siempre hay que recurrir a esa obra maestra de Paul Verhoeven -y su pana el Gerard Soeteman- que fue Los Señores Del Acero (1985). Fidedigna a todo pero sin abandonar el sentido del espectáculo ni resultar falsaria al juzgar desde el ahora en plan “estos son los buenos, los otros los malos”, dice un millón de veces mejor que en este libro que las Reconquistas, ajenas a toda la épica y sentido del deber moral (¿?) que se les pretende atribuir desde el ahora, lo que por detrás de ella había, por encima de cualquier otra cosa, era un magnifico mecanismo de optar a fortunas y a un ascenso en la escala social vía la terratenencia.
Digamos que Reconquistas, recuperaciones de feudos y cualquier operación similar de anexión de tierras es lo que nos venden como que la gente se pone en modo Guisandro (pero sin sarcasmo) y dice, alzando la barbilla y sujetando un hacha o un fusil antes de ir a darse de hostias, "Es la hora de los patriotas", cuando en verdad lo que impulsa la acción es figurar como titular al 100% en varios terrenos rústicos (viñedos, latifundios, etc) en el Registro de la Propiedad tras legitimar la tenencia vía anexión violenta y, a lo mejor, de propina, pues algún título nobiliario de esos pintones (Ducado, Marquesado, etc)
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