He leído algunas novelas de corte policiacos, de secuestros y torturas. Y ésta me parece extraordinaria. Sobre todo por la familiaridad que hay entre los personajes, es decir, los malos no son aquellos que no tienen nada que ver con nosotros, sino que los malos son nuestros amigos de la infancia.
Esto más o menos le pasa al protagonista de esta novela. Es secuestrado y los secuestradores piden un rescate considerable; presionan de "buena manera" a través del envío de cartas, pero como no tienen éxito proceden a amputarle un pie al rehén, el cual es mandado a su padre como método de presión. Con esta acción el rescate es pagado. Por una serie de rivalidades en el mismo grupo de secuestradores, uno de ellos decide traicionar a los demás y llevarse todo el dinero, pero también decide liberar al rehén.
Años después el rehén se encuentra con uno de sus secuestradores. Lo curioso es que a uno de ellos lo conoce desde que eran niños e iban a la escuela juntos. Lo que más me llamó la atención de este libro es que el concepto de venganza, como suele haber en literatura policial y en donde los héroes y los villanos están muy bien definidos, aquí no existe. El que traiciona a sus amigos secuestradores con un atentado con una bomba es también el que decide no asesinar al rehén. El rehén ya con uno de ellos en al mira decide visitarlo en su casa, como si nada. Esto me pareció súper interesante y le da la vuelta a lo que uno espera de una novela de este tipo.
Me gustó.