Quizá sea porque Gistau es de mi generación, o quizá porque haya vivido en Madrid, veranee en el norte, sea fundador de la Cultureta o haya sido el mejor columnista de prensa que he leído en años, pero tengo que admitir que me fascina su forma de escribir tanto como me duele su temprana desaparición. Este libro reúne una serie de relatos, el primero de mayor extensión y los últimos más cortos. Maestro del regate en corto, de capturar detalles que dibujan situaciones o personas, de describir el alma de los barrios y los lugares, Gistau es un observador brutal, un alquimista de los recuerdos, un "recordatrón" andante, como lo describe su personaje en el primer y genial cuento. La infancia y juventud cobran una vida insospechada con pocas líneas. Un libro maravilloso, cuentos buenísimos y sublimes.
Elegí este libro con la intención de tener entre mis manos una lectura ligera y amena. Una obra con la que dar tregua a la mente después de otro libro tan potente como el de «Mujercitas». Y acerté en lo de amena pero ni de lejos en lo de ligera. La forma de escribir que tenía Gistau es una cura de humildad para cualquier persona con inquietudes literarias. Su manera de “pasarse el juego” no deja indiferente a nadie que quiera curiosear en lo que representaba con sus textos. Sus descripciones te obligan a estar completamente anclado al momento presente, a leer sin despistarte con cualquier otro estímulo externo. Lo de pasar las páginas con el piloto automático puesto, aquí no funciona. Si lo haces tendrás que volver atrás y releer porque perderse el sentido de una sola palabra de las que nos regalaba es un error imperdonable. Me he enamorado de este libro por muchas razones. Ahora mismo, la principal es cómo nos hace viajar por diferentes barrios madrileños y hasta diferentes continentes sin movernos del sofá. La vida siempre se lleva a los mejores demasiado pronto pero al menos tenemos la suerte de releer todo lo que nos dejó.
Gistau era el mejor periodista de su generación y en este libro, en muchos pasajes, se demuestra. El primer relato (su propia vida) es maravilloso. El resto tiene altibajos, pero en general son muy buenos.
Libro que merece la pena leer ya sólo por el prólogo de Javier Aznar, con Gistau vivo, y el grandísimo epílogo de Manuel Jabois; escrito como carta a los hijos del escritor, con Gistau ya fallecido.
Me ha gustado mucho la nostalgia y cariño con la que escribe, y que la mayoría de historias transcurran en un Madrid diferente al mio pero todavia reconocible. Recomendadísimo
En el mundo del periodismo hay dos especies: la gente normal y del montón, y otra única, la de los que tienen nombre propio, a la que pertenecía David Gistau. En este libro de relatos se palpa la facilidad que tenía para contar cosas extraordinarias que te tocan el corazón con personajes e historias ordinarias. El primer relato, el más largo con diferencia, esconde su propia historia en un personaje ficticio que tiene que reconstruir y poner en marcha su vida tras la muerte de su padre. Ojalá la muerte no le hubiese llegado a Gistau tan pronto como le llegó también a su padre.
No me desagrada del todo la forma de narrar de Gistau, pero me ha parecido que los relatos de este libro iban decayendo poco a poco hasta no ser algo más que unas anecdóticas cuatro páginas que, como lectora, he pasado rápido con la esperanza de que el siguiente fuera un poco mejor. El primer relato, el de Daniel, que recuerda su infancia en una zona de Madrid que, por destino o azar, es la misma donde vivían mis abuelos, me ha encantado. Todo lo demás... meh.
El primer relato, el más amplio y del que mejores críticas había leído, no me emocionó. Creo que a David le hubiera disfrutado más siendo más cercana a su generación, por el simple hecho de que entendería mejor algunas referencias que hace.
Pese a que el comienzo me decepcionó un poco, la verdad es que los relatos van mejorando según avanzas. Con casi todos sonríes, muchos te hacen reflexionar y algunas historias te dejan con la boca abierta.
Gistau me encantaba como periodista. La editorial CT me encanta pero he de decir que el libro no me enganchó, no me malinterpretéis puede que no lo “pillara” por el resto de reviews que veo ha gustado, pero no soy su target. Es entretenido y está bien escrito, el prólogo es de J.Aznar quien me apasiona.
Ya quisiéramos muchos escribir con esa ironía y gracia, con esa perfección quirúrgica y esos giros de sus relatos, sean vida propia o ficción. A David Gistau se le lee y se le disfruta y este libro es para hacerlo en pequeñas dosis, relato a relato, artículo a artículo.
Yo opté por dosificarlo y creo que fue lo correcto.
La primera vez que intenté leerlo se me atragantó. La primera historia es larga y me estresaba que pasase de un tema a otro sin darte cuenta, sin un punto y aparte siquiera. Esta vez me metí más en la historias y me gustó. Hay relatos que me gustaron más que otros pero estuvo bien en general. Y el prólogo de Javier Aznar me encantó.
Sé que seré la nota discordante, pero el libro me ha resultado muy pesado, incluso tratándose de relatos cortos. Confieso que lo compre por error... pero al leerlo hasta pasada la mitad del primer capítulo, ya me di cuenta de que aquello no era lo que esperaba.
Con sus relatos libres, originales y sorprendente, Gistau nos lleva a lugares dónde nuetsra imaginación por sí misma, quizá no nos habría llevado jamás
Había escuchado que el relato de Gente que se fue era una pena que quedase incompleto, sinceramente es perfecto así, que cada uno siga la historia en su cabeza como quiera.
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