El verano pasado asistí con Natalia a un seminario organizado por mi Universidad en el que varios artistas reconocidos de la música independiente de nuestro país disertarían sobre las letras de sus canciones. Christina Rosenvinge nos dejó a todos boquiabiertos tratando de una forma pedagógica y didáctica temas muy complejos relativos a las letras de sus canciones, el ritmo, la melodía, los temas. Fue una master class de teoría musical de algo más de una hora en la que aprendí más que en meses enteros de mi vida. Al final de la conferencia Christina anunció que estaba a punto de publicar un libro. Yo me emocioné mucho porque aún tenía muy reciente “Éramos unos niños” de Patti Smith (una verdadera obra maestra en mi humilde opinión) e imaginé que de alguien tan profesional y con una vida tan interesante podría salir un libro magnífico.
La siguiente conferencia era de uno de los hombres más famosos de la música indie desde los 80. El tío se subió al escenario, de retrepó en la silla y, sin quitarse siquiera la gorra, dijo algo así como “Bueno, pues yo no me he preparado nada, así que si tenéis alguna pregunta...”. La comparación de ese desinterés (y esa falta de educación y compostura) en relación el momento musical íntimo y mágico que acabábamos de vivir en esa sala solo hacia unos minutos hizo que me levantase y me fuese, y que aún valorase más la charla de Rosenvinge.
Unos meses después, con mi amiga Silvia, la vi en concierto en el Teatro Cervantes. Teníamos entradas de primera fila y disfrutamos como animales. Especialmente con “Afónico” (que tiene para mí una perspectiva diferente desde que explicó en el seminario el proceso que le llevó a crearla) y “Ana y los pájaros”, que es un temazo.
En abril por fin pude comprar “Debut” en la Feria del Libro de Málaga. Aquella tarde estaba prevista su presentación bajo aquella carpa infame y tuvimos la suerte de que nos lo firmase justo antes del acto. Me maravilló poder hablar un momentito con alguien a quien admiro desde que era pequeño. Su presencia es intimidante y etérea.
Este verano, ya en mi casa nueva, me he bebido el libro. No es un cancionero, ni un libro autobiográfico. Es una mezcla de los dos, con el plus de que cada álbum está contextualizado con un texto mediano que cuenta las circunstancias de su vida y el proceso de creación del álbum. Leerlo es leer también un testimonio de la música independiente de nuestro país, de la cultura de nuestro tiempo y de la vida del artista en el cambio de siglo. Christina es generosa hablando de sus referencias artísticas, sus éxitos profesionales y sus momentos de incertidumbre; no lo es tanto, porque ese no es el objetivo del libro, con su vida personal, que es solo el telón de fondo de lo que se cuenta. Son especialmente interesantes las partes relativas a sus años en Nueva York, así como sus avatares respecto a las compañías discográficas.
Me encantaría leer más de Christina. De su juventud en Madrid, en la que se intuyen grandes episodios apenas esbozados; de sus años en Nueva York y el crecimiento artístico que supuso; de su vuelta a España y su coronación como reina de la música independiente.
Ojalá este ‘Debut’ sea solo el primero de sus libros.