“Un recuerdo: el sexo es malo. Mejor dicho, no existe. Por lo menos para Sofía y las demás niñas de su edad. Eso es lo que les han dicho: el sexo es de los otros, no de ellas”.
Sofía y Rosario son dos compañeras de colegio que abren a través de sus relatos, la historia de una clase, de una cultura, de una religiosidad, de una noción de familia y de un país fracturado socialmente. La buena educación es una narración que explora dos perspectivas de lo femenino y la sexualidad, y que se sumerge en lo más profundo del espíritu que anima la relación de dos amigas a través del tiempo. Amanda Teillery construye una novela emotiva y profunda, llena de detalles que revelan cómo la frágil belleza de los momentos pasados es una suerte de esperanza para superar cualquier ridícula imposición moral.
La narración la sentí muy desordenada, sobre todo en los capítulos que parecieran estar ordenados con el propósito más de impactar al lector que de mostrar de forma sincera esta amistad entre dos adolescentes en un colegio de la alta sociedad. Creo que puede haber sido un problema de edición al jugar con el orden de los capítulos, que además se nota por información que se repite o aparece tarde. Encontré que constantemente abusa de frases redundantes para generar énfasis en ciertos temas o momentos lo que devela una narración un tanto superficial y que además alterna antojadizamente en su enfoque a cada personaje; si no me equivoco, hay uno o dos capítulos dedicados sólo a Rosario mientras que la mayoría son sobre Sofía o de las dos juntas. Hay otros pequeños momentos dedicados a Francisca, la nueva amiga de Rosario, que siento que sólo alargan la historia sin mayor importancia. Los últimos tres capítulos me parecieron muy innecesarios; sólo entregan datos sobre personajes que nunca tuvieron gran relevancia en la historia como tratando de justificarlos y además sin profundizar en nada. A nivel temático el libro es más atractivo, pero son muy pocos los momentos en que se muestra con una mirada más particular esta burbuja de la alta sociedad y generalmente obedece a estereotipos y situaciones muy conocidas. A pesar de todo esto, la narración no es vacía, se siente detrás una verdad y algo muy humano, una necesidad de llegar a esta sociedad que sólo vive de apariencias y códigos inhumanos.
Me transportó a los pasillos de mi colegio en la media. Recordé esas clases de religión que no sé cómo las pude soportar. La odiosidad de mis compañeras de curso. Lo mal que lo pasé en primero medio por la histeria colectiva de esas niñas frente a la jornada de varones. En mis sueños más oscuros las lanzaba a todas por el balcón. También recordé que caí en las mismas andanzas, pero ya en 4to. medio.
Todas las "niñas" que tuvimos la absurda ocurrencia de asistir a un colegio católico se sentirán identificadas en La buena educación, de una u otra forma. Todas fuimos un poco Sofía, un poco Rosario en esos años tan complejos.
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Un recuerdo: el sexo es malo. Mejor dicho, no existe. Por lo menos para Sofía y las demás niñas de su edad. Eso es lo que les han dicho: el sexo es de los otros, no de ellas.
Sofía se preguntaba cuándo llegaría finalmente la tan discutida adultez. Todos a su alrededor parecían aplazar cada vez más aquel momento. Las profesoras continuaban llamándolas "niñitas", aunque estaba claro que habían dejado de serlo hacía tiempo.Parecía haber algo inherentemente violento en la palabra "mujeres".
La palabra "mujer" evocaba sexualidad. Y no querían que las niñas tuvieran una.
Se quedó congelada, inmóvil en el frío pasillo, en piyama, escuchando las voces de sus padres deformarse hasta volverse irreconocibles. Turbada, solo atinó a quedarse ahí, escuchando, sin atreverse a hacer nada más. Nunca antes se había sentido tan sola.
Siente que no tiene nada interesante que contarle, no tiene historias, Rosario es siempre la de las historias, es a ella a la que le suceden cosas divertidas que vale la pena contar.
Esos eran los tiempos en que los hombres eran seres lejanos y místicos, una suerte de semidioses capaces de provocar histeria colectiva en un colegio conformado solo por mujeres que sentían los primeros cosquilleos de la pubertad.
Para ellas y el resto del curso, recibir la atención de un hombre era un logro que merecía todos los respetos y aplausos.
... ser objeto de interés para un hombre era una forma de acreditación.
--Cuando nacemos venimos con una manchita negra en la mano-- les dijo la miss Adriana aquella tarde en que tienen siete años, resumiendo la lógica entera de sus vidas con esas palabras. Esa manchita es el pecado original, todos nacemos con él, pero el bautizo te lo borra, te limpia el cuerpo y el alma.
Ana siempre era así. Parecía saber cosas que nadie más sabía sobre las personas, como si tuviera un don para ver lo que nadie más podía. Siempre le daba a entender que había algo más que Sofía no era capaz de percibir.
... querer a su familia siempre involucra una pena, sentir lástima por ella. Es una piedra en el zapato, un obstáculo que se ve condenada a enfrentar por el resto de su vida.
Sofía había besado solo a dos hombres (cuando se lo preguntaban, redondeaba el número a tres).
En su escaso conocimiento sobre el sexo masculino, jamás había conocido a alguien que la tratara tan bien como él. Siempre les había tenido más bien miedo a los hombres, a esos seres oscuros que solamente aparecían para empeorar la vida.
El problema con los asuntos amorosos era que, cada vez que había tenido alguna experiencia con un hombre, sentía que su cuerpo le pertenecía de alguna manera después. Que lo había dejado marcado, infectado, abandonado, lleno de huellas y manchas. Se sentía contaminada.
A Rosario le daba pena, pero al mismo tiempo miedo, miedo de convertirse en un ser tan vulnerable como ella. En un ser cuya vida se podía destruir en cuestión de segundos. Le daba miedo estar en las manos de otro.
Le gustaba que los cuerpos de los hombres se sintieran como un techo, como un hogar. Porque cada hombre se volvía su hogar por un tiempo, un hogar que no podía encontrar en su casa. Pero pasados unos días, semanas, meses, todos los hogares terminaban por desmoronarse. Nunca podía encontrar lo que buscaba en ninguno.
Ficciones, como las que todos nos contamos para mantener la ilusión de tener algún control sonre el paso del tiempo.
Leído gracias a la Biblioteca Pública Digital y por el challenge de Autoras Chilenas. No sé si me gustó tanto, pero hay muchas cosas que me atraparon y le tengo que conceder que me lo leí en una mañana. Creo que la razón de por qué no me gustó tanto es porque me recordó a mi propia experiencia en el colegio pensando en la popularidad y en el slut shaming de esos tiempos, lo que se me hace muy incómodo de leer, sobre todo en un tiempo en que creo que mi manera de pensar ha cambiado demasiado. Subrayé un par de frases: "Eran los tiempos en que los hombres eran seres lejanos y místicos, una suerte de semidioses capaces de provocar cierta histeria colectiva en un colegio conformado solo por mujeres que sentían los primeros cosquilleos de la pubertad". "Para ellas y el resto de su curso, recibir la atención de un hombre era un logro que merecía todos los respetos y aplausos. Para ellas, que acababan de descubrir los sostenes y el maquillaje, ser objeto de interés para un hombre era una forma de acreditación". "Durante sus últimos años de universidad, Sofía asiste a un taller literario. Mientras sus compañeros escriben sobre sus vidas, sus pequeñas épicas, sus amores y dramas, Sofía no sabe qué decir. Su vida no es literaria, piensa con frustración, todo siempre tan monótono y tranquilo, no hay nada que se pueda contar".
No se por qué con cada libro que he leído este año me identificó tanto pero sin duda “La buena educación” se llevó el premio. A pesar de no haber asistido a un colegio de la elite chilena, si fui a un colegio católico de “señoritas” o “niñitas” como a las monjitas les gustaba decirnos, porque como Sofia la protagonista dice en el libro había algo totalmente sexual y sucio en la palabra “mujeres”.
Amanda Teillery retrata de manera tan clara lo que significa estudiar en un colegio lleno de mujeres, soportar violencia pasivo-agresiva, que negarán el placer sexual de nosotras, que el tema del embarazado no deseado fuera algo recurrente, que el aborto fuera satanizado y por supuesto las clases de religión que nos llenaban de culpa por ser malas cristianas cuando éramos niñas, pude reconocerme en cada situación, niñas llenas de curiosidad por su cuerpo y su placer en un espacio escolar donde te sentías en una burbuja de sobreprotección y caminabas a ciegas tratando de descubrir el mundo real, aquel que la Biblia no te hablaba, incluso hasta me sentí representada con Sofía, ya que compartimos la misma “pava” personalidad. Un libro muy lindo, que toca temas tan bellos como la amistad entre mujeres que se conocen de toda la vida, y que a pesar que intenten separarse, siempre los recuerdos las unirán.
“Las profesoras seguían llamándolas niñitas aunque estaba claro que habían dejado de serlo hacia tiempo “ 💘
"Hay que escribir desde la verdad". Extremadamente crudo y con un nivel de profundidad tremendo. Logra emocionar con cada uno de los capítulos. El desarrollo es por momentos como una montaña rusa de emociones, en donde pasas de la risa por frases como "opus dei culiao" hasta el dolor vívido con la historia de Rosario relatada en la carta. Una real maravilla.
Me gustó mucho cómo está construido el relato, el que no fuera lineal lo hace más atrapante. Encuentro bello también escribir desde la perspectiva de las infancias. Amanda Teillery supo cómo representar las amistades adolescentes e infantiles y su influencia sobre la construcción de nuestra identidad.
Un libro mágico que te lleva a la infancia y te hace navegar por esa amistad cómplice y a la vez trágica. Me encantó la historia y todo lo que conlleva la información que entrega, las formas de amistad y cómo se manejan esas historias en el futuro.
Me gusta leer historias sobre mujeres. Incluso si en un principio pienso que no voy a relacionarme mucho con ellas. Esta historia me transportó a lugares que no conozco de cerca, pero que me emocionaron. Me emocionó mucho leer que a Sofía le gustaba ver las teleseries de la tarde con Ana, como hago yo con mi abuela desde chica. Me gustó mucho cómo está escrito, también. Especialmente el uso del tiempo. Si algo puedo llevarme, es que es raro ser mujer. Es raro que lo que compartimos con todas las mujeres, de todas las clases, sean los dolores. Es raro, es bonito y desgarrador, algo triste.
📖Hace poco nos dijeron que no leíamos autores chilenos! Pero si leemos y nos encanta hacerlo, más todavía cuando el libro nos gusta. . 📖Este libro nos gustó mucho, muestra una realidad muy chilena, muestra también la crueldad de la adolescencia, la importancia del qué dirán y ejemplifica muy bien la manera de actuar según el tipo educación. La historia, es una historia cotidiana entre dos amigas pero que está marcada con patrones que más de alguno reconocería. . 📖Es un libro cortito, está escrito muy entretenido, se lee en unas horas, tiene una cuota de humor y modismos chilenos típicos.
La historia es muy buena, tocar el tema de la sexualidad y el embarazo adolescente en contextos socioeconómicos altos me parece muy interesante. Creo que la forma en que está narrada la historia es un tanto desordenada, lo que me provoca sentir muy poca empatía con Rosario. Casi al final se intenta reivindicar dándonos una pincelada poco profunda de su realidad que en mi opinión es suficiente. El cierre de los personajes secundarios lo encontré un poco forzado, pero destaco el último capítulo, donde se vuelve a contrastar las vidas de ambas.
Mejor que el primer libro de la autora, aunque no por mucho. Lo que mejor hace la novela es mostrar concretamente la diferencia de clases en Chile. En el libro, las cuicas (gente bien de clase media sólida) son hipócritas, banales, frívolas e ignorantes; en cambio, la clase obrera aparece como una figura hueca y monocromática. Son insumos, utilería. Son el Otro.
Pero la prosa débil constituye una merma para la obra. El lenguaje no está a la altura de lo que uno espera en ficción literaria. Hay pocas frases felices, y abunda la cacofonía y la asonancia.
Me llevó a la época estudiantil, a la intensidad de la amistad en esos años, a recordar personas y situaciones. Nos muestra la realidad de una clase social, "el deber ser", la influencia de la religión y el adoctrinamiento, la falta de educación sexual tan latente y necesaria.
Es entretenido, pero siento que el querer explorar el mundo del barrio alto a través de la historia de dos amigas del colegio es algo poco novedoso y, por lo mismo, hace que la historia esté repetidamente llena de clichés. Siento que la autora quiso transmitir un mensaje profundo, pero todo el relato es bastante superficial, y se ve "cortado" por la edición de los capítulos y el cambio en el tipo de narración.
Me encantó el libro, realmente te hace viajar por la realidad de nuestro país. La realidad de nuestra educación y formación. Es un recorrido de nuestras vidas, experiencias, frustraciones y sueños.
Muy entretenido. Lo leí luego de quedar con el vacío de haber terminado Quiltras y Las Heridas de Arelis Uribe y me encontré con una historia muy entrañable. Me gustó mucho.
Me gustó y me llegó mucho. Se lo que es ir en un colegio de monja, se lo opresivo que es y personalmente no me molestó que fuera una "historia de cuicas". Estuvo bien, muy bien.