Conocí la poesía de Luigi Amara por un libro increíble: Las aventuras de Max y su ojo submarino (2006). Si bien se trata de poesía “infantil”, quedé cautivado por la audacia del tema, las imágenes (muchas veces delirantes) y la facilidad (engañosa, como siempre que hablamos de la “facilidad” de algo) con que el autor parece hacer de todo poesía.
Nu)n(ca (2015) es un libro de poesía “para adultos”. Parte de una foto (ca. 1862) de Onésipe Aguado donde una mujer aparece de espaldas: porta un tocado con perlas de ébano, un collar del que solo vemos el broche y trae descubierto el hombro derecho. No hay nada más en tan singular retrato.
Amara hecha a andar su exploración poética del retrato buscando el significado detrás del gesto: ¿se trata de una mujer marcada por el látigo, la enfermedad, la nobleza o la infamia que no desea ser reconocida? ¿O, por el contrario, es una provocación por parte del fotógrafo? Sin entrar en demasiados detalles, el retrato de la mujer de espaldas se convierte en el hilo conductor del libro.
Apelando a referencias clásicas (la mujer de Lot que se convirtió en estatua de sal como castigo a su curiosidad desobediente), otras haciendo eco de la (escasísima) literatura erótica nacional (Efrén Rebolledo) o de la tradición anglosajona que estudia y explora la poesía de la imagen (John Ashbery), Luigi Amara pasa y repasa el enigma-convertido-en-obsesión de dicha imagen.
Muchas partes de este poema son increíbles, por ejemplo:
Tal vez, como un papel arrugado
o como una flor muerta que apretamos
descontroladamente con el puño,
sus labios descreían de la sonrisa,
eran un fruncimiento de ostra
ante el limón,
un tic de viuda antes de tiempo
—metafísica—:
el rictus de quien besa
las llagas y cenizas de la vida.
Pero hay otras donde la repetición evoca un porra que da al traste con el discurso poético (y eso solo evidencia autocomplacencia o descuido por parte del editor):
Sable, alfanje, cimitarra.
Sable, alfanje, cimitarra.
Y en el fondo, un cuello,
_ese cuello_.
En pocas palabras, Nu)n(ca es un muy buen libro que pudo ser excelente. Su autor se engolosinó (según yo) y pasó y repasó tanto sobre el misterio de la mujer de espaldas en el retrato que terminó por diluirlo, insensibilizándonos al estímulo del misterio a lo largo de 103 páginas (algunas de las cuales son excepcionales) y que a mí me hubiese parecido —desde mi personalísima opinión y nada más— mucho más adecuado explorar en un diálogo con el fotógrafo, la cámara u otros personajes de su tiempo, o de plano cortar la amenaza de la monotonía —que pende como espada de Damocles sobre la cabeza del lector— disminuyendo el número de páginas del libro.