Somos una especie en vez de Homo sapiens deberíamos hablar de Homo narrator. Así comienza este extraordinario libro que aborda el relato como una estructura mental que hemos heredado y que constituye la herramienta explicativa por excelencia para entender lo que nos ocurre o lo que sucede a nuestro alrededor. Partiendo de la historia de las brujas de Salem, películas como Rashomon y distintos casos clínicos, el autor nos revela que la estructura primordial con la que interpretamos el mundo consiste en la descripción «de cosas o personas a las que les ocurre algo causado por personas o cosas». Esta mínima expresión de la facultad de narrar (en la que distinguimos entre personas, animales y cosas; en la que nos regimos por la causalidad, la verosimilitud, lo eficaz...) revela parte integral de nuestra naturaleza y la forma como construimos la realidad en la que vivimos. En un ecosistema digital basado en la desinformación y la mentira, este libro se convierte en una pieza clave, que nos permite entender cómo los «fabricantes de realidades» manipulan tanto los mecanismos con los que solemos contar historias como la predisposición que tenemos al evaluar la credibilidad y eficacia de lo que nos cuentan.
Uno de los mejores libros que han caído en mis manos. Sin duda ha cambiado la manera en la que entiendo la comunicación, la narración y los mensajes. Un trabajo magnífico, muy bien escrito, comprensible y realmente entretenido. Un libro altamente aconsejable para cualquiera que le interese la comunicación, o bien trate de contar historias.
Quizá el libro que más ha influido en mi modo de percibir la realidad, en lo que va del 2024: conocer que somos seres narrativos (más que racionales), y que operamos desde la racionalidad ecológica y adaptativa (más que desde la racionalidad lógica), para darle sentido a la experiencia y entrenarnos en las habilidades sociales (más que en la descripción fiel de la realidad), me ha dotado para ser un poco más cauto y crítico con lo que pienso.
Quiero pensar que saber esto es como un antídoto para el mundo hostil en el que vivo, en el que pululan las noticias falsas, la polarización, las perspectivas partidistas y radicales, y donde la cantidad de información cada vez es mayor; un mundo en donde cada vez es más difícil saber lo que es verdad. Pero puede que este pensamiento sea un sesgo más de mi condición narrativa: quiero pensar esto porque la lectura del texto ha dotado de sentido a algunas de mis experiencias previas, y asumo yo que me permitirá estar preparado para afrontar situaciones futuras de una forma más crítica. «Todos tenemos nuestros sesgos», decía una amiga hace unos días, cuando yo me retractaba sobre el juicio que acababa de emitir sobre una situación particular. Al final, tal como menciona García Villegas, en 'El país de las emociones tristes': «Todos tenemos una instancia interna, como clavada en el cerebro, que nos defiende de lo que hacemos. No es un juez que pondera los hechos y juzga de manera razonable; es un abogado al que le interesa menos la verdad que la inocencia y, en ese empeño, nos termina engañando». Insisto: hoy me siento un poco más preparado para interactuar con el mundo narrativo en el que vivo y que construyo, aunque eso pueda ser producto de un sesgo interno. Después de todo, el relato es un mecanismo adaptativo que (aunque en ocasiones nos pone en riesgo) trae más ventajas que desventajas: nos da seguridad y margen de acción sobre la realidad con la que interatuamos.
Lo que más me gustó: que el autor contara la teoría a través de relatos ejemplo a los que se refería con frecuencia. Lo que más me sorprendió: que, pese a todo, el desajuste entre el relato y la realidad no siempre es negativo. La pregunta que me dejó: ¿Por qué el autor sitúa la felicidad en la sintonía entre las realidades percibidas por el consciente y el inconsciente?
Maravillosa divulgación sobre los mecanismos mediante los cuales los seres humanos, a partir del relato primordial, hemos desarrollado evolutivamente nuestra capacidad para contar, para darle una coherencia interna a una historia que si solo se valiera de datos objetivos, no sería seguramente más que una enumeración. Irónicamente, y he de admitir que de forma no intencionada, yo mismo he acabado dulcificando el tema principal del libro, porque su grueso habla sobre cómo esta narrativa puede acabar dando lugar a fenómenos como la polarización, las fake news o la generación de las cámaras de eco. Por mi parte estoy contentísimo por esta lectura y la recomiendo encarecidamente.
Una perspectiva antropológica del relato y de la construcción de la realidad a partir del mismo, reforzando la posición del constructivismo crítico, en una clave moderna. Somos una especia narrativa. Así empieza y así acaba. El relato es un ejercicio de supervivencia de la especie que nos permite no solo comprender sino también actuar en sociedad. Se hace un interesante análisis de las fake news y de los procesos de narración a través de las redes. Una reflexión necesaria, bien argumentada, fundamentada y comprometida. Muy recomendable su lectura.
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