Aún recuerdo el día, igual que todos, que entré a mis redes sociales, para encontrarme con la noticia del fallecimiento de Lucinda Riley el 2021. No la conocí en persona, pero sentí pena y hasta un poco de temor, de qué pasaría con su obra, más que recién estaba comenzando a juntar la saga de “Las siete hermanas”. Por lo que este es el primer libro que leo desde aquella noticia.
Dicen que los que se alojan en Pandora se enamoran.
Pandora, Grecia, las costas de Chipre, donde conoceremos la historia de Helena, la bella Helena, que después de veinticuatro años, vuelve al lugar donde pasó un mágico verano, esta vez con su marido e hijos. Pero no es solo la odisea de Helena, sino también la de su hijo Alex, quien, a sus trece años, vive la compleja etapa de la adolescencia y al igual que el famoso mito de la caja, aquel lugar esconde más de algún secreto que lucha por salir…
Simplemente lo amé. Se ha convertido en uno de mis favoritos de la autora. Con cada página que pasaba, llegaba hasta a sentir el sonido de las olas del mar, queriendo estar ahí, en Chipre y recorrer Grecia.
La mayor distinción que le doy a este libro es sin duda, su propia trama. Usualmente, las novelas de Lucinda Riley se dividen en dos arcos argumentales, la trama pasada y la del presente, donde muchas veces terminamos por encantarnos más por un lado que por el otro, o donde uno tiene más peso que el otro. Me gustó mucho descubrir que aquí no pasa lo mismo. Es cierto que la novela comienza con un vistazo del futuro, pero diría, a mi punto de vista, que esto se utiliza más como un flashforward y la verdad es que funciona muy bien para adentrarnos en la trama y saber qué ocurrirá. Al mismo tiempo, otro dato que me parece curioso es que la sinopsis nos da a entender que esta es una novela romántica y lo es en parte, pero también me pareció una novela de suspenso, con la sensación de que la tranquilidad era pasajera y que, en el momento menos pensado, todo haría ebullición. Obviamente, no les diré si pasa o no.
En cuanto a la construcción de la historia y personajes, definitivamente la recomiendo, porque en parte recuerda a una obra teatral, cuyos personajes a simple vista, se ve que tienen una función concreta que interpretar, pero el talento de Lucinda hace que nos sorprendamos para bien con varios de ellos, al salirse del molde. En especial, destaco a Chloe y Jules, por la evolución que tienen.
Y en cuanto a uno de los puntos menos fuertes, fue el personaje de Helena. Es cierto que ya no vivimos en una época donde los personajes protagónicos tienen que ser siempre moralmente correctos y ninguno lo es, a excepción de los más pequeños. Pero no es que particularmente el personaje de Helena sea malo, sino que me pareció excesivamente perfecto o “demasiado buena” para algunas cosas, como el querer ser siempre intachable y tener todo bajo control, tapando las cosas. Su tendencia a ser una mujer reservada y cerrada me llegó a agotar a veces. Es cierto que sus motivos están más que justificados según como se miren, por lo mismo, no la considero un personaje del todo detestable (ya que en muchas partes su cariño y afecto son sinceros), sino una mujer que, al igual que su contraparte mitológica, su belleza y encanto es más una maldición que bendición.
Pero si hubo alguien a quién pensé que iba a detestar y terminé queriendo, fue al pequeño Alex. Me pareció un chico muy dulce bajo esa capa de arrogancia que tienen todos los adolescentes a esa edad, ya que, como todos los niños, quiere que su familia esté bien y poder conectar con ellos de verdad, debido a que su coeficiente intelectual es superior al promedio y eso también lo hace ser un niño diferente. Las anotaciones de su diario fueron muy divertidas y en parte, me recordaron a las que yo hice en mi propio diario a esa edad.
Me alegra tanto de volver a leer Lucinda Riley y ahora que no está, es cuando más hay que disfrutar de su obra para recordarla. Definitivamente, cinco estrellas.