Suerte de aleph borgiano con ecos del Prufrock de T. S. Elliot, todo parece caber en este nuevo libro de poemas de Fabián Casas: el amor, el rencor, la paternidad, la angustia, los tranquilizantes, los celos, el deseo, el paso del tiempo, la impermanencia de las cosas, la filosofía de Nietzsche y de Kierkegaard, el clonazepam, el matrimonio, el fin del matrimonio, el cine de Cronenberg y de Kaurismäki, la meditación, la poesía de Donne y de Pound, el humor, las canciones de los Beatles y de José Luis Perales, la soledad… Como dice un poema al hablar de Aki Kaurismäki, cada línea tiene un sentido profundo y vertical en su sencillez. Con una conciencia de sí y del mundo exacerbada, de a ratos compasiva y en otros feroz, Últimos poemas en Prozac traza el derrotero de una separación y el viaje tentativo del dolor a la redención, que llega de la mano de la farmacéutica, de la sabiduría budista, del amor filial y de la poesía, ese instrumento a medida que Casas fabrica para procesar la experiencia del dolor y transformarla en pura belleza.
Poeta, narrador, ensayista y periodista argentino nacido en el barrio porteño de Boedo. Estudió Filosofía. Dirigió la revista de poesía 18 Whiskys, que tuvo una amplia repercusión en el ambiente literario porteño.
En 2007 recibió en Alemania el Premio Anna Seghers por «poseer una lírica extraordinaria y ser su obra una fuente de inspiración para los autores de América Latina». Ocio, la película basada en la novela, dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas, fue presentada en el Festival de Berlín con excelentes críticas.
Elegido en 2011 por la Feria del Libro de Guadalajara como uno de los autores que garantizan el relevo de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX.
Primero que leo de Fabián Casas y me pregunto cómo llegué tan tarde a su poesía.
Este poemario es su "Blood on the tracks", su obra sobre el divorcio, cada artista parece tener una. Porque ya lo dijo su admirado Tolstoi en Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen, las desdichadas lo son cada una a su manera", que acá se traduce en el verso "Los buenos matrimonios producen mala poesía".
Se puede leer los poemas en conjunto, como la película "Historia de un matrimonio", y también cada uno de manera independiente, como un flashback.
A mí me gustó mucho cuando arranca la Road Movie y el diario de Ushuaia.
La verdad es que me compré el libro con la idea de leer dos o tres poemitas por noche y me lo devoré de una sentada.
Ahora voy a ir por el resto de su obra poética, me dejó con ganas de más. No se me ocurre mejor elogio para un libro.
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Poca poesía en este conjunto de sentencias y postas que tienen la apariencia de versos. La sensibilidad poética de Casas, que en El salmón alcanzó sus momentos más altos, se diluyó como un antidepresivo en un vaso de whisky. Extraño al Casas que se hacía preguntas, que miraba el mundo a su alrededor, que con un verso creaba un mundo, que no estaba seguro de sus capacidades ni de nada. Algunos poemas parecen escritos por un chico de quince años; otros directamente dan vergüenza ajena. Ojalá se recupere y vuelva.
«Él intentó hacer un poema que le hiciera latir la cabeza como su corazón».
Este libro, leído en otro momento quizás en la sombra incomprensible del divorcio tras hijos es, sin dudas, una obra maestra. Ahorita no.
«Hacían el amor casi todos los días y peleaban a menudo por cualquier cosa. Las peleas eran interrupciones de las ondas de radio cuando estás escuchando tu canción favorita. A lo largo de nuestra vida tenemos grabadas en el cerebro solo tres o cuatro melodías que repetimos una y otra vez. Un trabajo espiritual preciso consiste en abrir un surco inédito para una nueva canción».
Fui a visitar a mis padres y le mostré a mi madre este libro. Le conté la historia que escuché de Casas en la radio: del juego de prosa y prozac, de la visita del hombre lobo y todos los fantasmas juntos por la noche, de las lagrimas antes de entrar a taller y un poco más.
Se sentó y lo leyó de una.
Mientras, yo miraba como mi viejo se ponía sus lentes para arreglar el cargador del computador, unía los cables pelados que hace semanas se me habían roto.
Qué curioso haber empezado con Fabián Casas por uno de sus últimos libros. Lo tenía pendiente, todavía lo tengo. En este momento me estoy fijando cuál fue el libro en pdf que me pasaron hace un tiempo. Lo voy a buscar en las librerías. Tiene una sensibilidad particular y voy tras eso.
Fabián dice "en una tarde podés envejecer o enamorarte" y también dice "la felicidad de ser una persona común. El anonimato del corazón. La ordalía de las largas horas esperando la llegada del dolor. Acá está. (...) Vivimos pensando que somos el centro del mundo. Pero somos un barrio periférico que no le importa a nadie. ¡Mejor!"
"Todo el tiempo piensa en la ucronía. Que no pase lo que pasó. Siguen juntos, criando niños, que crecen mirando dibujos animados japoneses. Ellos cocinan y se ríen, encontraron una forma secreta de vencer al largo y despiadado verano donde el paraíso que incubaron está por nacer"
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"Los nómades viajan por necesidad, los turistas por aburrimiento. Después de mucho darle vueltas, tomaron la decisión de hacer un tramo más hasta la otra ciudad. Eso significaba meterse en la ruta desierta, con dos niños cansados. No lo sabían, pero estaban mirando la nuca del abismo. Cuando salieron, ya era la noche más oscura y el marcador del matrimonio estaba en rojo."
Todo el tiempo piensa en la ucronía. Que no pase lo que pasó. Siguen juntos, criando a los niños, que crecen mirando dibujos animados japoneses. Ellos cocinan y se ríen, encontraron una forma secreta de vencer el largo y despiadado verano...
Ácido, con la acidez del que sufrió, del que sufre, inspirado, acorralado por la vida, por buenas y malas decisiones, por deseos propios y ajenos, así un Casas inspirado nos abre las ventanas de su casa.