Introuvable, ce petit livre que certains s''autorisent à qualifier de « livre culte », B-17 G de Pierre Bergounioux, renaît dans une nouvelle édition, avec une postface de Pierre Michon. « La narration pulvérisée. Un éblouissement, un de ces éblouissements auxquels vise l''art quand il cherche à nous aveugler pour nous rendre enfin la vue ». - Bertrand Leclair, La Quinzaine littéraire, 2001 « Le livre qu''on persiste à estimer le plus remarquable parmi ceux qu''on a pu lire sous le nom de Bergounioux, et qui incite à lire d''un autre œil ce qui le précède ». - Bertrand Ledair, La Quinzaine Littéaire, 2004 « B-17 G, le très beau et étrange récit ». - Patrick Kéchichian. Le Monde des livres, 2001 « De ce minuscule laps de temps qui sépare le choc de la disparition, l''instant même de la photographie, Pierre Bergounioux fait un grand texte sur l''histoire et sa longue durée. » - Tiphaine Samoyault, Les Inrockuptibles, 2001 « Avant B-17 G, Pierre Bergounioux était un écrivain suprêmement émouvant et sensible. Avec B-17 G, il est grand ». - Jean-Paul Michel. En compagnie de Pierre Bergounioux. Théodore Balmoral, 2004
Pierre Bergounioux est un auteur et sculpteur français. Il a reçu les prix suivants: 1986: prix Alain-Fournier 1995: prix France Culture pour Miette 2002: grand prix de littérature de la Société des gens de lettres pour l’ensemble de l’œuvre 2002: prix Virgile 2009: prix Roger Caillois pour l'ensemble de son œuvre
Pierre Bergounioux is a French writer and sculptor. He has received following awards: 1986: prix Alain-Fournier 1995: prix France Culture for Miette 2002: grand prix de littérature de la Société des gens de lettres for his entire work 2002: prix Virgile 2009: prix Roger Caillois for his entire work
"Toda acción, todo amor está acosado por la espera de una historia que habrá de cambiar su verdad cuando por fin sepamos cuál es esa.” (Maurice Merleau-Ponty)
“Nacieron hacia 1925 y sus primeros recuerdos son los del Jueves Negro, los de la Gran Depresión. [...] Los aviadores eran originarios de ciudades en las que los rascacielos habían suplantado los wigwans, a las ciudades pequeñas provistas de escuelas secundarias. Había que tener algunas nociones de matemáticas, de mecánica, un diploma en educación primaria obligatoria para poder pilotar un aparato de cuatro mil ochocientos caballos. Los negros, los blancos de los Apalaches, los agricultores del Mid West, el proletariado del Bronx o de Queens se unen a los Marines para luchar a ras de suelo, en la jungla pútrida de las Islas del Pacífico.”
Cuando llegan autores como Pierre Bergounioux a mi vida, ya no los suelto, y este encuentro ha sido inesperado porque tenía el libro desde hacía tiempo pero se puede decir que inesperada fue la decisión de sacarlo de la estantería este fin de semana. 62 páginas en las que Bergounioux aborda lo que otros hubieran tardado 800 páginas en narrar y no se puede decir que el tema me entusiasme ¿un bombardero de la Segunda Guerra Mundial?, quizás por eso había dejado el libro en la estantería, pero si entonces hubiera sabido que la prosa de Bergounioux, me seduciría de esta manera, hoy ya me habría leído todo lo que hay editado de él. La verdad es que estoy maravillada por lo que me he encontrado aquí, un autor que a partir de una imagen que vio en televisión en 1965. y que se queda ya grabada en la retina, años después, consigue enlazar instantes históricos y ficticios, instantes de su memoria con Saint Exupery, Faulkner o Hemingway, y con datos históricos casi fantasmales, para terminar tomando la forma de un personaje, Smith, una especie de arponero melvilliano o cazador como viene a decir Pierre Michon en su postfacio.
“Porque bajo la las apariencias soleadas, encantadoras de la Belle Epoque y ocultos tras todo lo que se consideraba inmutable, los aprendices de brujo, los adeptos a la magia blanca y negra, los sabios, los políticos, los ingenieros, los doctrinarios, los asesinos, todos juntos, se ponían manos a la obra y preparaban sus útiles. Los niños que crecieron, como todos lo han hecho desde que existe la infancia, en un pueblo verde, o en su minoría en una de esas calles provinciales sin coches de una gran ciudad o de una capital, aquellos inocentes, tras el transcurrir de los años prodigiosos, hubieron de subirse en la carlinga de una B-17G para hacer llover sobre la ciudad en vez del azufre, el fósoforo, que es igual de destructor.”
Bergounioux monta este ensayo, o no sé si llamarlo poema, a partir de una secuencia filmada que vio en la televisión de la casa familiar en 1965, sobre el bombardero B-17G usado por los americanos para cazar nazis en la Segunda Guerra Mundial. El piloto, el copiloto, el mecánico, el navegante, el bombardero, el operador de radio y los ametralladores que componen la tripulación de un B-17G solían ser chicos de 19 años y a partir de aquí elaborará un texto en torno a la guerra, la tecnología el progreso que lleva a más violencia. Esta reflexión en torno a la violencia, más gratuita que es la de guerra, le da a Bergounioux una excusa para elaborar una especie de alegoría sobre el heroísmo y sobre ciertos escritores íntimamente relacionados con estos bombarderos, ya sea Faulkner, o Hemingway o el mismo Saint Exupery, al que casi te puedes imaginar como un Lancelot en los aires, enfrentándose a la batalla. Es hermosísimo todo el párrafo en el que recuerda a Faulkner porque a raíz del detalle nimio al respecto de uno de sus personajes que pilota un B-17, narra la escena clave de la muerte de Eula Snopes, y citando al mismo Faulkner “todas estas historias interfieren”, es exactamente lo que hace aquí Bergounioux, mezclar como si no viniera a cuento, interferir como hacía Faulkner con otras historias, pero si que viene a cuento porque esta escena en Faulkner está teñida de tragedia...:
"Un tal Charles Mallison pilotó un B-17 o un B-24 libertador a pesar de que había salido de un agujero perdido de Mississippi donde su tio Gavin Stevens había confesado a Jefferson que había intentado cortejar a la jvoen Linda Snopes, hija de Eula, que nació con el nombre de Varner, a quien este ultimo habia amado desesperadadamente. Todas estas historias interfieren. Uno comprende bastante mal, como pasa muchas veces con Faulkner, qué tiene que ver Mallison con Alemania...
Uno se entera de modo totalmente accidental, de que Eula Snopes le hizo una vista una tarde en la que se encontraba solo en su despacho. Pensaba en ella, como siempre, como nunca dejó de hacerlo desde el día en el que la vio, veinte años atrás, y como continuó haciéndolo hasta que esta murió e incluso después, justo hasta el momento en el que él mismo dejó de respirar. Parece ser que ella terminó por darse cuenta y que fue por eso por lo que abrió la puerta de él, la cerró tras de sí con llave, bajó la persiana, se desabrochó el primer botón de su camisa y fue hacía Stevens, quien durante todo este tiempo, sentado, miraba sobre todo el azul de sus ojos como si el mar mismo y al completo hubiera entrado en la habitación.
Fue el momento en que ella se dirigia hacia él cuando terminó por comprender que era ella, que era real y se levantó sobresaltado y comenzó a recular mientras movía los brazos y balbuceaba: -No se acerque- ya que ella estaba casada, -no me toque.
Salió ella entonces del despacho como si el mar azul, arrollador, insondable y fascinante se hubiera retirado, y un poco después, con la misma determinación con la que había hecho la visita tardía, se pegó un tiro en la cabeza."
Cuela este párrafo faulkneriano en medio de lo que está contando y no sé exactamente cómo lo hace Bergounioux. pero su prosa es una maravilla, aparentemente sencilla, poética, pero fluye y cala y llegado un momento ha recorrido la cotidianeidad, la sencillez de la vida hasta llegar al dolor de estar vivo, y su musicalidad empapa lo que va aconteciendo. Desde el momento en torno a Hemingway: (“Ya sabemos que Hemingway ambicionaba y obtuvo el peligroso favor de embarcar en en un B-25 Mitchell destinado a Francia. […] Es un escritor. Sus mejores obras se imprimieron en cuartillas, su tono es seco desde el principio, brutal, frustrado, muy hábil, tan subjetivo que todo lo que sucede no tiene la menor importancia. Solo cuenta una cosa, siempre la misma: el saber si el tipo, siempre el mismo, podrá oponer su voluntad a la adversidad salvaje y rabiosa que lo ha elegido como piedra de toque.”) hasta que llega al momento final en que Bergounioux. se encarna en Smith, el autor ha recorrido todas las capas de la vida en apenas 62 páginas. Me maravilla que a partir de una imagen borrosa en una televisión de los años 60, la memoria haya producido ese pequeño milagro de pasar por tantas fases, entrelazadas, mimetizadas unas con otras sin que yo haya sido capaz de elucubrar realmente en qué momentos realmente van insertándose las historias y quién es el narrador realmente…
“Todos los hombres deberían ponerse alguna vez un traje forrado y dar una vuelta de diez minutos a ochenta mil pies de altura. Verían con un ojo diferente la tierra, la agitación microscópica que se forma en su teatro.
Se subirá en ellos a gente que se convocará cada cierto tiempo, en grupos de veinte, como si se les fuera a hacer una radiografía o se les fuera a vacunar. Se verán como lo que son: hombres. Pero como estarán muy alto, cesarán en un solo momento de serlo.”
Bergounioux mezcla referencias literarias continuamente, enfrenta el presente con el pasado, y hay una cierta desesperación que consigue transmitir al lector cuando habla de esos chicos jóvenes de apenas 19 años traicionados por la patria, y todos sabemos ya cómo va a acabar todo. Este texto no es solo una reflexión sobre la guerra, la violencia, el vértigo de la tecnología que parece degradar al hombre cada vez más al mismo tiempo que le hace avanzar, sino que sobre todo aborda el poder que tiene la la literatura para describir el mundo que nos ha tocado vivir, y aunque esté describiendo hechos del s.XX, las consecuencias están ahí, más presentes que nunca. Seducida por Pierre B. 🖤
"Un historiador ha sugerido que en toda la historia no se encuentra ni rastro de un solo pensamiento. No existen nada más que afectos. Hay que elegir entre vivir o meditar. Y uno raramente puede escoger."
“Volar, dominar el mundo lo mismo que a los dioses, es en 1944 una de las experiencias cuyo regusto habrá de quedar para siempre”
B-17G es la historia de un gesto, de una mirada que abarca el tiempo de calma entre un rayo y su sonido. A través de la imagen de una vieja grabación tomada desde la cubierta de un caza alemán, Pierre Bergounioux emprende una búsqueda en dirección al horror más primitivo. Nos cuenta el relato de esos jóvenes que, en su ignorancia, son alistados en el ejército para combatir en la guerra contra el enemigo alemán. Nos cuenta cómo, supongamos Smith, un joven artillero, realiza un viaje hacia las tripas del mal absoluto; hacia ese horror que vomita fósforo sobre las praderas francesas y reduce la flota aliada de bombarderos a antorchas humanas que, segundos antes de su colisión contra el asfalto, se consumen en el recuerdo de aquello que fueron. Un horror para el que no hay palabras, que alienta a escritores como Faulkner y Hemingway a inventar fantásticas epopeyas, pero que empezamos a intuir desde la mirada aterrorizada de un adolescente enviado a la muerte. Un horror que parte en dos la condición humana, como una brecha en la Historia de la que nunca conseguiremos recuperarnos. Un descenso al mal, a ese último momento antes de que el obús destroce la carlinga del bombardero, de que los cuerpos jóvenes mueran aplastados entre metal y fuego, en el que la ambición olímpica de asaltar los cielos revela la naturaleza del mal: la falta de comprensión de lo que en 1944 era una novedad y aún hoy nos cuesta encontrar palabras para definir. El horror.
B-17 G de Pierre Bergounioux. El relato del horror de la guerra, a partir de un fotograma, la caída de una fortaleza volante por un caza alemán. Es la historia de aquellos jóvenes anónimos que participaron del vuelo hacia lugares inhóspitos donde la madurez llega con la muerte. Excelentemente redactada haciendo de un instante, la historia de toda una época y una generación.
Bergounioux décrit, en détail, ralentissant le temps, la destruction d'un bombardier au cours de la Seconde guerre mondiale. Un texte d'une rare profondeur, qui est semé par des réflexions sur le rapport de l'être humain à la guerre (et quelques phrases bien senties sur Faulkner !)
"Como tienen veinte años, podrían pensar que están en el recreo, en primavera, el día del examen y que saben que en el mejor de los casos las heridas graves o las mutilaciones serán castigo por el fracaso- ya que ellos mismos han ayudado a sacar a algunos compañeros que sangraban en ese aparato estropeado que reposaba sobre su vientre-y, en el peor de los casos, la muerte. Pero será mejor que nadie sospeche que tiemblas. Es la edad en la que se nos dice que nada puede traicionarte mejor que esos procedimientos que el día anterior nos parecían normales: el hablar demasiado o no lo suficiente o nada de nada, reír exageradamente o no reír, nombrar todo lo que aprendemos o ni siquiera mencionarlo. Es entonces, nunca antes, cuando uno busca su estilo, lo que no es nunca más que una manera de ver, o accesoriamente de decir o, todavía más raro, de escribir, de las que se desprende una manera de estar en el mundo que uno nunca escoge . Y mucho menos cuando ya nos hemos puesto la máscara de la tragedia." (págs. 23-23)
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"Las torretas pivotan lentamente, regularmente, como cabezas de insectos translúcidas, termitas guerreras que preguntan con sus antenas al cielo dónde se encuentra el enjambre de avispas predadoras." (pág. 36)
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"Se da tanta cuenta de esto que él mismo no se va a cansar de volver a esas lejanías en las que había extraviado a Jefferson y de dónde va a extraer, en cada ocasión, La aldea, El villorrio y La ciudad. En esta última novela es en la que al final de un párrafo le presta a Chick Mallison la idea estrafalaria de lanzar paquetes de no importa qué, cuidadosamente envueltos en papel celofán. Y es la mejor prueba de que hace falta ser tan joven como lo es el mundo para entender cuál es su sentido." (pág. 41)
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"La realidad, mientras pulveriza la imagen que nos hemos hecho de ella, nos recuerda su existencia, su realeza y su poder a través de la pérdida y del fracaso. Para poder comprenderla, y si se desea proyectarla a través del lenguaje articulado sobre el papel, hacen falta dos premisas: el vivirlo en carne propia y el que no se tenga ninguna prevención ni fin preciso, ni un pasado ni proyectos para el futuro, tener entonces menos de veinte años. De estas primeras experiencias es de donde las historias obtienen sus núcleos. Después, uno se sosiega. La vista baja. Las arterias se coagulan. Gana el anquilosamiento. Y se abandonan los lugares extraños y peligrosos en los que la vida se inventa, donde el presente enseña una sola cara, como son las orillas de Troya, el aire caliente y lleno de espejismos de la Mancha y de Castilla que se reflejan en las aspas capciosas de los molinos, Illiers, las glorietas de los Campos Elíseos. Uno busca refugio, la sombra de un terebinto, una habitación de corcho en el bulevar Haussman en París en donde poder estar hasta el fin de los días, o de las noches, mientras se intenta ver algo en claro. Es allí donde el hombre disminuido y envejecido, asmático, manco, ciego, habrá de preguntar qué sucedió a esta versión matinal, mal esbozada de sí mismo que se había mezclada en sucesos que no supo en su momento ni comprender ni pensar." (págs. 42-43)
Het essay was niet echt mijn ding. Ik hou van vliegtuigen; zeker degene die meedoen in oorlogen maar dit was niet mijn ding. Pierre vertelde vooral over hoe het zou zijn geweest om een van de jonge vliegeniers te zijn geweest. Hoe zou het voor hen hebben gevoeld, wetende dat de kans op overleving bij nihil is; wetende dat ze zo jong zijn en nu al ten dode opgeschreven zijn? Alles is gebaseerd op een klein beeld dat hij zag als kleine jongen, een filmpje over de B-17 G. Ik vond het wel tof dat hij dat beeld als eerste had geplaatst. Foto's tonen een magnifieke bommenwerper maar ik vond het verhaal niet zo leuk. Liever lees ik over gelukte missies dan over de laatste seconden van jonge mannen, net twintig of jonger...
"Uno es un hombre construido con dos o tres imágenes a las que se les da vueltas: un reumatismo, accesos de melancolía suicida, lamentos, dudas, un pasado... "Y es la mejor prueba de que hace falta ser tan joven como lo es el mundo para entender cuál es su sentido. Puede ser que exista en algún lugar: alguna cifra, índice o una tabla de concordancias que pueda fijar la reacción que hay entre los dos, o alguien al que un decreto oculto, una aparición o una lengua de fuego haya asignado esta tarea."
El primer desafío lector de este año. Habría que leerlo con ojos de niño, los ojos de quien describe los hechos que narra.
Esta vez la magdalena de Proust es un avión modelo B-17G derrumbado en la II GM y que encapsula un siglo de violencia y maldad. El postfacio de Pierre Michon me gustó un poco más.
This booklet is so good that I enjoyed it and was moved by it despite the fact that I did not understand most of it. Because planes, engines, World War II, European geography, Frenchness, manhood, male-typical interests, Bergounioux's childhood experiences, his literary biography... all of these things that are sort of central to the book, elude me completely. And yet, such is the power of the emotions and the images and the love that are threaded through each and every word and every space between words, that whoa... I mean, imagine if you are a French man reading this book! It has to blow you away...