De la misma forma que La carretera de Kerouac o El guardián entre el centeno de Salinger figuran de forma genérica como títulos elementales de la narrativa norteamericana, a Sándor Márai lo tengo fichado desde hace dos décadas como literato europeo prestigioso. Entiendo que son novelas psicológicas ambientadas en Europa Central que perfilan un clima intimista en historias de amor nada sencillas.
Así que, ayer por la noche, tocó estreno, tocó comenzar en uno de esos nombres largamente aguardados. Curiosamente, esta nouvelle es más bien una especie de crónica entorno a un tipo robusto de pueblo, un alemán que nace poco antes que acabe el siglo XIX y que tiene fijación con el sacrifico de animales, con el acto de asesinar y despedazar cadáveres animales. Márai no oculta muchas páginas que en algún momento ocurrirá un crimen atroz por el que Otto, el protagonista, saltará al plano público como un monstruo, de modo que el texto que leemos es una indagación probable de los previos de ese período turbulento y sangriento.
La sensación que me da es que no es una indagación metafísica a propósito de la naturaleza del monstruo. El perfil psicológico resulta sólido, la representación de Márai destaca por lo convincente que resulta al pintar ese Berlín previo y posterior a la I Guerra Mundial, con unas pocas y vigorosas pinceladas puede, por ejemplo, escenificar una atroz escena en un matadero, dónde no sólo figura la sangre y los trozos de animales despedazados, también la topa de gente sin recursos que ronda esos lares para pescar alguna sobra miserable con la que matar el hambre y pasar el día. Pero no me parece que más allá de dotar de consistencia al relato, esté ahí el centro de la diana.
Más adelante, Márai nos habla del asombro de Otto al presenciar la vida urbana, el movimiento constante, el orden necesario de la gente que sale de los portales y sube a los tranvías y demás ejemplos cotidianos que le recuerdan a la vida en el cuartel. Más adelante, al comenzar la I Guerra Mundial, cuando es llamado a filas, sus ojos contemplan la orgía de muerte y destrucción y el parece una continuación del orden y la disciplina de la vida en la ciudad, aunque exponencialmente aumentada. Ahí Márai no escatima en brillantes y sarcásticas metáforas. De modo que al observar estos elementos y como son relacionados, en verdad creo que el autor quiere explorar elementos esenciales en la sociedad moderna.
El libro fue escrito hace 100 años y no necesita apartados, aclaraciones y contextualizaciones para apreciar el relato y comprenderlo. Eso es algo propio de la naturaleza de los clásicos. La crudeza con la que habla de la violencia, la honestidad y precisión con la que observa la composición de la sociedad, marcada por una mirada objetiva y nada condescendiente, además de su escritura elegante y ágil, precisa y sabia, consigue que esta historia de Otto traspase las épocas con total desenvoltura.
Qué diferencia respecto a mi anterior lectura, El zafarrancho aquel en Vía Merulana, pasar del coro frenético, rico en chirimías y cencerros a la clara y precisa música de cámara. Es como pasar del tiroteo final de The wild bunch de Sam Peckinpah a la caza, con rifle de precisión, de un gran venado y tres lebreles empleando sólo cinco balas.
Muy satisfecho en esta primera aproximación a Márai. Muy recomendable.