Increíble libro. No está escrito de lo más divertido del mundo, pero es una historia imprescindible: los últimos años en un pueblo abandonado del Pirineo. Describe todo un modo de vida tradicional que ya se ha perdido, y cuyos saberes se fueron heredando durante siglos. Muestra la enorme pena de los que abandonan el pueblo (el autor es uno de ellos, y habla en primera persona). Es muy bonito también cuando se mudan a Huesca y cuenta las reuniones de los domingos en la Plaza Zaragoza con toda la gente de muchos otros pueblos abandonados del Pirineo. Me llamó la atención la actitud que tienen ante el trabajo en la ciudad: les encanta el pueblo, el campo y su libertad, que piensan ventajosa frente al trabajo en una fábrica bajo las órdenes de un capataz.