“Me siento el maldito conejo de Alicia. ¿De qué corres, a dónde vas?” “¿Qué sería del mundo sin la escritura que brota del cuerpo en transición? ¿Podríamos imaginar un mundo? Este es un poemario en el cual Bruno nos invita a hacer de las letras, piel. Y de la piel, acción. Entre metáforas, historias vividas, así como un sinfín de imaginaciones, el autor inicia un ciclo de escritura trans*figurada que disloca normatividades literarias y estéticas plasmadas al papel. Escribir con las propias manos supone un acto político que hace de la escritura trans* una posibilidad de fuga, una auto-etnografía y archivo. Durante mucho tiempo en la historia del cuerpo, la escritura ha estado limitada a cánones atravesados por un sistema cisnormativo que ha invisibilizado a las identidades trans*. Sin embargo, como nos comparte el autor, el riesgo se toma y las letras hacen una espiral: tiempo, forma, y contenido. Traducción: la vida misma.”
Uno de mis maestros de taller de poesía me dijo alguna vez: "lo obvio insulta". Es cierto. Otra maestra me dijo: "no es lo mismo contar el chisme de mi vida tomando cafecito con las amigas que hacer poesía". Es cierto: unx puede hablar de su dolor (acaso lo único de lo que hablamos) pero al hacer arte, poesía en este caso, se debe encontrar otra forma de contarlo, re-crearlo, alejado del café con galletitas. Este poemario es demasiado obvio y bastante alejado de la poesía. Es más un manifiesto o un autorretrato de la vivencia de le autore respecto a su transición. Me gusta que lo subtitule "poemario trans*" porque entonces lo aleja de otros poemarios, justo como en uno de sus poemas dice "Soy trans. Soy transmaculino. / No. No soy un hombre. No quiero ser un hombre": no es lo mismo ser hombre que ser hombre trans* o transmasculino: no es lo mismo un poemario que un poemario trans*. A pesar del valor y coraje que logra encapsular, las críticas que hace, a mí parecer queda corto en poesía.