Entre los modelos de escritura de Giordano están ciertos moralistas e ironistas franceses, aficionados al mot d’esprit. El juego entre la red y el libro, que por momentos se vuelve un tema, indica también esa posibilidad de la ironía que nos lleva directamente al círculo íntimo del ensayista que ha suspendido su posición crítica para pensar en la vida, volviendo así al iniciador de todos los géneros subjetivos: Montaigne. Lo crucial y lo que torna amable incluso la tentativa de una moral para enfrentar la existencia cotidiana es que los giros irónicos corren muchas veces a cuenta de otros, cuyos humores no escritos merecen la anotación que los salva del tiempo que pasa. En ese círculo de intimidad, al que se suman lecturas, viajes, conversaciones intelectuales y hasta recomendaciones de canciones pop y de viejas telenovelas, se entrevé un ámbito de felicidad al que corresponde una escritura feliz, donde la ironía se comparte y no socava la fluidez del estilo.
La escritura como búsqueda de sentido es la constante de este diario público en Facebook. Se escribe para pensar, ordenar o simular un orden que de otra manera no existe. Y así los días del profesor se pueden leer consecutivamente como si él antes los fuera transcribiendo de otro texto, acaso de ese palimpsesto interminable que es un día seguido de otro igual. Se ensaya escribir lo que en otra parte aparece como lectura.