Los objetos en el espejo es una novela vagamente inspirada en el caso real de una adolescente mexicana que fue abusada sexualmente por cuatro de sus compañeros de clase durante una noche de juerga. La trama se desarrolla tras la supuesta violación multitudinaria y consecuente desaparición de la niña en Valle de Bravo, un pueblo de veraneo frecuentado por las élites de Ciudad de México. La historia es narrada a través de un periodista ávido de publicar un reportaje que le permita restablecer su credibilidad y uno de los jóvenes que atestigua el crimen. La agresión sexual y el posible feminicidio de la desaparecida se abordan desde la óptica de dos personajes masculinos que aman a las mujeres pero que de manera subconsciente pueden llegar a pisotear a aquéllas con las que se relacionan. Ésta no es una novela sobre una secta, un asesino serial o redes de tráfico de personas. Es una historia sobre cómo en dado momento los hombres buenos, comunes y corrientes, pueden ser partícipes de la crisis de violencia de género que azota México.
La primera cosa que sentí con este libro fue bastante incomodidad, a pesar de que cuenta una historia valiosa es un tanto “soso” pretendiendo hacer historias paralelas entre la vida del protagonista periodista y el de Rodrigo, se cuentan en el primero mencionado muchos detalles innecesarios y la redacción no siento que sea la más justa para un texto que cuenta algo bastante relevante; muy descriptivo en exceso con cosas que tal vez no necesitamos saber y además parece telegrama insertando un punto y seguido cada tres o cuatro palabras. Corta bastante la lectura si se lee en voz alta y no conforma un escrito tan pulcro o estético (lo cual personalmente creo que también es sumamente valioso). Ahora voy de lleno a la historia y de primera instancia me sujetaré de un elemento vital casi casi imperceptible que es mencionado implícitamente algunas veces y que rumbo al final de la novela se deja entrever: es una historia de hombres, es su visión del mundo y sus concepciones ante una historia como la de un feminicidio. Por lo anterior, este texto merece reconocimiento por cierta “frescura narrativa” aunque no fuera ejecutado de la mejor manera; o tal vez eso es lo que se quiere causar, exasperarnos, hartarnos o hacernos ver una visión de hombres bastante corta por miles de motivos que les rodean. Es bastante interesante como juega aquí la visión de la sexualidad, que hasta cierto punto es de mal gusto su descripción pero parece que es el eje central de la vida moldeando incluso la forma en que vemos a los demás, los cinco jóvenes por un lado alienados a una vida banal y materialista en donde una experiencia sexual es un punto más en una lista absurda, Fernando, el periodista, por otro lado también deja conocer que su sexualidad se mueve por ciertos intereses y circunstancias y la más impresionante es la de aquella activista, interesada en colaborar con Fernando y para ello tiene un encuentro sexual con él. Con el anterior punto no pretendo establecer un moralismo absurdo, pero básicamente pensar mayormente en el grupo de jóvenes y en Sofía entre las edades de 17 a 18 años me causa cierto escozor; y más concibiendo la propia narrativa del autor, las descripciones que Rodrigo hace de sus círculos sociales y de sus propias búsquedas de socialización ¿Parece lo que se describe, una vida juvenil sana? Ciertamente no lo sé, pero creo que es factor preciso que desencadena problemáticas como la presentada. Asimismo, lo anterior no es génesis de la nada, claramente hay un apuntamiento social y crítica en el texto, la crianza y orientación de las juventudes en su maduración. Gente acomodada, personas de clases sociales altas que tienen los ojos puestos en todo menos en sus hijos, sustituyendo atención con distracciones y superficialidades. ¿En dónde estaban los padres de Tobías? Ah sí, en Europa; sin saber nada de su hijo.
No sé que tan cómodo o factible es a veces describir historias desde posiciones altas y sus visiones, si bien dan cuenta de una vida corrupta y esta novela en cierta medida es dolorosa como cualquiera que implique un feminicidio e irremediablemente uno sienta cierta empatía por los personajes descritos; la historia queda llana porque sabemos que la realidad esta vez ha superado la ficción y que por desgracia el caso de una muchachita fue taquillero (sin demeritar su muerte, claro) porque hasta sus propios padres tenían conexiones o conocidos con la parte jurídica y policial ¿Cuántos miles de casos más quedan invisibilizados porque las familias son se bajos recursos? Y es curioso el reflector sobre el cual se escribe esta historia: el Estado de México. Retomo lo que redacté al principio sobre la presente historia: es sobre hombres, es su concepción de las cosas; y entra uno en un laberinto extraño donde lo que duele es la historia por sí misma, no la percepción de los personajes, ya que hasta el propio Fernando parece incongruente; llamándole “puta” a su pareja, descuidándola ponderando su trabajo como investigador, siguiéndola y espiándola por su inseguridad; la novela tiene ciertos matices psicológicos, llegué a pensar en varios momentos a lo largo de las páginas que el propio reportero mataría a su pareja, sus cuestionamientos son algo insanos. Y Fernando no es el único “incongruente”, básicamente todos los hombres en el novela tienen un tergiverso mental terrible sobre la concepción de las mujeres, el padre de Rodrigo en la cafetería cuando una mujer se les acerca “Y no la golpeo porque usted es mujer” y de los jovencitos ya ni hablamos, pero creo que es algo que he explicitado en los anteriores párrafos.