3.5 estrellas
Lo que me fascina de Elisa y Marcela es lo mismo que me hizo perder parte de mi interés en este libro: sus voces. Hace algunos años que escuché hablar de ellas por casualidad, a través de alguien que relataba su historia como quien habla de seres míticos. En los últimos meses, y gracias a la película de Netflix, su historia aparecía más a menudo en las conversaciones entre el café y el ascensor, pero nunca sin perder esa reverencia, ese toque de irrealidad, de personaje de cartón piedra. Y no niego que su historia, al menos la que conocemos, tiene algo de eso. Los riesgos que estuvieron dispuestas a correr, su inteligencia y valentía a la hora de enfrentarse a los límites sociales, su tesón y compromiso mutuo son elementos que podrían crear una gran historia de Hollywood y en su momento alimentaron los periódicos y la imaginación popular durante meses. Y es precisamente a través de esos periódicos que conocemos su historia, a través del sensacionalismo, y las parodias y los pocos registros oficiales que se conservan, a través de una prensa que las utilizó sin escrúpulos para vender periódicos, una prensa que tal vez ellas también utilizaron como pudieron, como quisieron o como supieron, pero que no deja de ser una representación, un peligroso juego de espejos donde es difícil distinguir la verdad del esperpento. Sin duda, Narciso de Gabriel ha hecho un gran trabajo de investigación separando rumores de hechos, pero,sin embargo, a mí lo que me interesaba de estas dos mujeres eran sus voces, su visión del mundo, sus razones, algo que se ha perdido para siempre, y que todas las rotativas del mundo no serán capaces de darme.