Gregorio López y Fuentes (November 17, 1897 – December 10, 1966) was a Mexican novelist, poet, and journalist. He was one of the leading chroniclers of the Mexican Revolution.
López y Fuentes was born in a ranch called "El Mommy" in the Huasteca region of Veracruz in 1895. He started writing at the age of 15, when the Mexican Revolution began. Many of his books are related to the civil conflict.
Later on he became a teacher of literature at a school in Mexico City. In 1921 he began writing for the El Universal often under the Tulio F. Peseenz pseudonym. His stories were seen as exciting, humorous, and symbolic of Mexico. A realist, many of his works concerned the oppression of Native Americans. He was a contemporary of Mariano Azuela and Martín Luis Guzmán.
He has written many books including La siringa de cristal (1914), Claros de selva (1921), El vagabundo (1922), El alma del poblacho (1924), Campamento (1931), Tierra (1932), ¡Mi general! (1934), El Indio (1935), Arrieros (1937), Huasteca (1939), Una Carta a Dios (1940) and many more.
He was awarded the National Prize of Arts and Sciences in 1935.
Lo que te voy a decir es sumamente serio. Tú sabes si aceptas o no.
La voz continúa. Se va a revolver el agua. Levántate conmigo. ¿Qué tienes que perder, muchacho? Un extravío del destino lleva a un joven rural a convertirse en un bravío revolucionario, que después de ganar algunas escaramuzas agrega adeptos a su séquito que. Conforme éste se hace más nutrido va creciendo en reputación y respeto, fuera de toda proporción a las batallas que ha ganado y algunas que ha perdido.
La ductilidad del joven lo transforma en un hábil cabalgador de su propia reputación, hasta que llega a una ciudad en donde la deferencia se termina. Las cosas ya no suceden en automático. Hay que hacer jaripeo con las ambiciones y rangos militares de los demás. Hay que someterse, ser útil y hacerse de un nombre.
La violencia de la lucha logra colarse en una de las escenas cúspide, en donde se hacen de tiros en medio de un discurso enardecido en la cámara de diputados los presentes, entre los cuales estaba Mi General. Los periódicos condenan el hecho de armas dentro del recinto civilizatorio de la política, que resulta ser un polvorín de demagogos. Mi General lo descubre al develar ante sí mismo sus dotes de oratoria al defender a un compañero de bancada. Un nuevo dominio para cabalgar.
El ascenso al poder, entre más bronco, brusco y rápido, embriaga más fácilmente. Dinero, negocios y casas donde se practica la vida alegre, todo al alcance de la mano.
Luego la voz le dice: "Todo lo que lucha contra lo impopular es popular". Mi General decide apoyar a un candidato incorrecto. Se equivoca y por un capricho mucho menor que el que lo convenció a participar en muchos hechos de armas, cae de la gracia de Dios. Termina siendo aviador en la Cámara de Diputados, por lo cual recibe tres pesos diarios. Se pierde en el juego, sigue cayendo, de manera bellísima. Termina teniendo tanto miedo, que no puede salir del jacalito de azotea en donde se encerró a sí mismo, víctima de su asecho real e imaginado. Al final, juega con la posibilidad de volver al cultivo de la tierra.
Entre las últimas líneas del libro, se encuentra una ominosa sentencia: "Sentíamos una vergüenza recíproca". Poco sabría López y Fuentes que ese breve retazo del libro prefiguró con sus palabras el humor nacional que prevalecería durante décadas entre nosotros los mexicanos, de ser así, de vivir así, de vivir aquí.