Una novela brutal, en toda la extensión de la palabra. Realmente lamento no poder leerla en su versión original, porque, aunque las traducciones de Consonni están libres de toda sospecha, no me cabe duda de que una bertsolari como Miren Amuriza ha dejado un poso poético en esta obra que, para mi desgracia, no podré captar.
El mayor mérito de la novela es, sin duda, el personaje de Sabina, tan arrolladora como atrayente, una persona con la que es más que difícil empatizar, pero que leyendo el libro llegas a comprender hasta cierto punto. Amuriza es capaz de captar muy bien las dinámicas sociales y familiares de un entorno rural, despojándolo del romanticismo bucólico con el que a veces se cubre, y mostrándolo en toda su crudeza. Igual que la naturaleza, el pueblo es un ambiente duro, cruel y exuberante, y Sabina es una superviviente habiendo nadado siempre contracorriente, no porque haya desafiado al sistema, sino por haber querido ocupar un espacio en él que, en principio, no le correspondía. Pero ¿quién se iba a interponer entre Sabina y sus intenciones?
A veces casi naturalista, en ocasiones introspectiva y simbólica, Amuriza juega con un complejo tejido temporal, entre el presente y el pasado de Sabina y sus hijos, que se teje de forma tenue, a veces casi sin que nos demos cuentas, de forma que la trama vaya adquiriendo el sentido que la autora quiere trasmitir. En este breve texto nos enfrentamos a un nutrido número de temáticas, desde la maternidad o el declive del mundo tradicional, hasta los cuidados, la vejez, la soledad, el peso de la responsabilidad, el grado de influencia del egoísmo en lo aparentemente solidario…
Para quienes disfruten de la literatura honesta, directa y (casi) salvaje, “Basa” es una gran apuesta, y Miren Amuriza un talento del que espero que podamos seguir disfrutando los que no leemos euskera.