Cuando estaba leyendo el libro, embarazada de mi primer hijo, me encantaba, asentía mientras leía, tomaba notas, y me iba motivando más y más para establecer la lactancia.
Ahora que ya he sido madre, que he intentado la lactancia, miro atrás y veo este libro como uno de los motivos por los que sufrí y me sentí completamente inadecuada, fracasada y mala madre cuando tuve que decidir pasarme al biberón. No lo recomendaría a ninguna futura madre, a no ser a alguien que no conozca en absoluto los beneficios de la leche materna
No se puede pintar la lactancia como algo fácil. Que sea natural no significa que se produzca sin esfuerzo. Para algunas mujeres la lactancia es un infierno. El autor falla, en mi opinión, al no incluir un retrato más realista de lo que es la lactancia. Y de lo que implica.
El pecho no es para todas. Algunas madres y bebés consiguen establecer la lactancia pronto, sin dolor, sin barreras, y efectivamente son todo ventajas. Otras madres sufren lo que no está escrito para dar el pecho a su bebé y tienen que hacer un notable sacrificio para conseguirlo.
Algunas madres llegan al sexto mes de lactancia y siguen dando el pecho con los ojos cerrados y llenos de lagrimas por el dolor. Algunos bebés demandan pecho cada veinte minutos, lo que supone una deprivacion de sueño y ansiedad para la madre totalmente incompatible con el establecimiento de un vínculo afectivo fuerte y sano con el bebé. Algunas madres tienen que volver al trabajo apenas dos meses después de dar a luz, y si la lactancia es complicada, hacerlo dependiendo de un sacaleches es para heroínas.
Hay casos de todo tipo. Sugerir, cómo parece que hace el autor, que las madres que no consiguen dar el pecho es poco más o menos porque no quieren, es vergonzoso y peligroso. Pintar la lactancia materna como un camino de rosas y como la única opción posible, sin reconocer el sacrificio que supone para la madre, es irresponsable.
Nadie puede discutir los incontables beneficios de la leche materna. Pero el bebé no se nutre sólo de leche. El bebé necesita el amor y calor de su madre (y de su padre!!) y cuánto mejor se encuentre su madre, mejor se encontrará el bebé. Una madre privada de sueño, dolorida, insegura, deprimida, desesperada, quizás deba pasarse al biberón. Pintar esto de fracaso, de falta de voluntad, de debilidad, de poco más o menos que dañar al bebé por deseo propio, es inhumano.
El autor es un reconocido experto en la materia y sin duda sabe de lo que habla. Sería muy de cortas miras decir que un hombre no puede hablar con propiedad de la lactancia materna. Pero sinceramente, por la forma en la que pinta la lactancia materna y por la forma en la que supedita a la mujer exclusivamente a su rol de madre, le hace a una cuestionarse si sus consejos serían los mismos si él mismo hubiera experimentado ll que pasan algunas madres.
El biberón no va a dañar a tu bebé. El pecho es mejor, pero mejor aún es que tu bebé te tenga feliz y completa. Si estás sufriendo y pasándolo mal, no te tortures y cambia