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192 pages, Paperback
First published January 1, 1949
"[Macdermott's joke] had reminded him [Taub] of the fact that he was Jewish, a painful subject with him, the source of much unhappiness, unguessed at by his friends, who did not know that they wounded his pride every time they mentioned the word Jew, or described some instance of anti-Semitism, which cut him to the heart. A kind of helplessness came over him when he became conscious of his Jewishness, a thing about himself which he was powerless to alter and which seemed to reduce him therefore to a curious dependency on the given."

"...the dictators of a diminishing circle of literary and political thinkers, [maintaining] the habit of authority by a subservience to events, demonstrating irrefutably that an occurrence that had already happened could not have happened otherwise and translating this security into predictions of the future..."
"They had been for some time more or less inactive politically, and their materialism had hardened into a railing cynicism, yet they still retained from their Leninist days, along with the conception of history as arbiter, a notion of themselves as a revolutionary elite whose correctness in political theory allowed them the widest latitude in personal practice..."
"As inheritors of 'scientific' socialism, they based themselves on Marx and Engels, and though they had discarded the dialectic and the labour theory of value and repudiated with violence whatever historical process was going on behind the iron curtain, their whole sense of intellectual assurance rested on the fixed belief in the potency of history to settle questions of value..."
"[Their previous] crimes had been confined to an intimate circle, and...had never injured anybody but a close friend, a relation, a wife, a husband, themselves."
(...) seguía expresándose con la seguridad de quien ha disfrutado de determinadas ventajas; la cuchara de plata tintineaba en su boca cada vez que hablaba en contra de los privilegios. p. 36.
Por un momento, bajo la dura luz del norte, oscurecida por las largas sombras de las montañas, percibió la vida como una lúgubre cadena de consecuencias en la que nada se perdía, se olvidaba, se perdonaba ni se redimía, en la que el pasado era inalterable y el presente se le escapaba (contrariamente a lo que le dictaba su instinto, es decir, que el pasado podía cambiarse y las acciones, como las palabras, podían “retirarse”) p.87.
No podemos llevar la democracia al extranjero con expediciones militares o cargamentos de comida. Solo podemos recibirla aquí, cuando venga a tocarnos a la puerta. Estados Unidos es, idealmente, un puerto, un país que siempre coge. Nuestro rol no es liberar, si no estar abiertos. Si este plan llega a ponerse en práctica, imagino que el país desaparecerá, al menos tal y como lo conocemos. p. 130.
- (…) Deberíamos poner una norma de que nadie puede tomar por su cuenta decisiones que afecten a toda la colonia.
- Cariño, es imposible poner normas que puedan aplicarse a todas las situaciones, es es el problema. (…) Este tipo de personas amables (…) siempre actúan con sensatez, hasta que las pillas desprevenidas. Admitamos, para empezar, que han aprendido la lección. (…)
- Aún así, Danny, eso ya sería una mejora, ¿No crees?(…)
Ssssí- concedió-. Supongo que podría verse asó. Pero en algún momento ocurrirá otra cosa imposible de predecir (si fuéramos capaces de hacerlo, podrías crear una norma para solucionarlo. (…) El organismo, desprevenido, reaccionará de acuerdo a sus propias normas, las normas con las que nació. Y entonces tendremos otro arrepentimiento masivo. (…) p. 172-173.
La mente, hablando con propiedad, solo debe desear sus propios objetos: el amor, la belleza formal, la virtud. Pero, si la mente no está entrenada para distinguir sus objetos de los del cuerpo, nos confunde. Convierte el capricho de las fuerzas en una exigencia ética; la mente, entonces, cree que necesita las fresas y, en consecuencia, cualquier acción que pueda emprender para garantizarla está moralmente justificada. Pero, en la medida en que las presas son algo material, solo pueden, en un último análisis, garantizarse por la fuerza: es decir, se trata de una necesidad física. Si hubiéramos Tenido hambre -añadió-, no habría habido nada incongruente en el hecho de iniciar una batalla por ellas. Sin embargo, dado que nuestro deseo era mental, lo mismo daba una fresa que cien, pues no hacía falta disputarnos su posesión, ya que dos mentes pueden tener un único objeto al mismo tiempo. p.177.
Utopía acabaría fracasando; era de esperar. Pero podía sobrevivir durante muchos meses, o incluso años, si se mostraba capaz de asumir la producción de una mercancía más tangible que es la moralidad. La moralidad no se conservaba bien; requería condiciones estables; resultaba costosa; estaba sujeta a variaciones, y su mercado era incierto. p. 181.