Hablar de este libro, por defecto, implica hablar de mí, porque para hacerlo tengo que traducir estos poemas a mi idioma, y, peor todavía, a mis palabras. Sería más fácil leer la traducción de alguien más, partir de ella para la muestra, me haría sacar a mi yo del medio (por lo menos de ese medio). No sé si eso es posible, no tengo idea de si tal traducción existe. Y al querer mostrar algo que veo en el poema original, lo más probable es que lo pierda en mi torpeza, falta de claridad y, más destructiva, de entendimiento.
Está bueno comparar lo que sé de la autora con lo que sé acerca de mí, así se puede mirar a esas diferencias y similitudes, dejar que enriquezcan, si es que pueden, estos textos. Rebeca Elson fue criada por un geólogo, quien le inculcó el interés por la ciencia. Cada vez que terminaban el año escolar "...el largo viaje al oeste comenzaba: nuestras vacaciones de verano y las temporadas de trabajo de campo de mi padre. Tres meses recorriendo el norte de Canadá explorando las costas de un inmenso lago prehistórico... Ciertamente, en estos viajes es que mi educación científica empezó". Clasificaba rocas que su papá le había enseñado a identificar para poder llevarle, y también tenía su propia colección. Pero ella no se convirtió en geóloga, veía a la geología como algo para compartir con su padre en las vacaciones y fines de semana; se convirtió en astrónoma y poeta, que es lo que me hace hablar de ella. En este poemario vemos su interés por el cosmos, "...un lugar en el que la imaginación de uno podía expandirse infinitamente", y también podemos ver el miedo a la muerte que tomó temprano a la escritora. Esta combinación de perspectivas lo hace único.
Yo, en cambio, no fui criado por ningún científico, aunque sí crecí con un interés por la ciencia, y la astronomía era, quizás, la que me parecía más interesante. Comparto su sensación: cuando miraba al cielo nocturno sentía que veía más allá de lo que estaba enfrente mío. Desafortunadamente, perdí el encanto por este, pero cada tanto vuelve. De hecho, estudiar astronomía hizo que para Rebeca, el cosmos perdiera su misterio también. Tuvo que enfrentar machismo en muchas de sus experiencias como investigadora y estudiante: desde ser la única mujer en una maestría de física (que casi la aleja de la astronomía), hasta ambientes de investigación en los que los chistes sexistas sobraban, y si no se reía era porque "'no tenía mucho sentido del humor'. El único camino parecía ser el de amargarse y vivir en guerra. Prefería mantener un perfil bajo en mi oficia".
Más allá de esto, fue capaz de darnos su testimonio artístico, y científico, en esta poesía, aunque por momentos puede ser débil, llena de asombro. No soy un muy buen lector de poesía. Intento, y sigo intentando. La mayoría de las veces me encuentro con una tibieza, y en los peores momentos una frialdad. No suelo entender todo, cosa que es más relevante en esta forma que en algún otra. Si no entendés una frase en una novela, te puede seguir gustando. Si no entendés una frase en un poema, te perdiste el poema.
Algunos de ellos no son el uso del cosmos como metáfora de lo que nos ocurre en el mundo, como hubiese creído en un principio, si no que son el uso del mundo como una metáfora para el cosmos, como en "Materia Oscura":
"Sobre un estanque,
Un filamento invisible
De seda de araña
Suspende una lenta
Hoja giratoria."
Seda de araña es una elección discutible para "spider's floss", pero la traducción de 'floss' a 'cadarzo' se me hace horrible, rompe mucho el sonido del poema. En cambio, 'seda', aunque distinto, lo conserva. Seda de araña, tela de araña, casi que podrían ser sinónimos, pero la seda es suave y delicada, como una hoja suspendida en el agua. Para esta materia invisible que compone la mayor parte del universo, que sostiene a las galaxias en una bastedad infinita (o eso se debate), le corresponde esta pequeña y frágil imagen de la seda de araña.
O en "Algunos Pensamientos sobre el Océano y el Universo", donde empieza con esta comparación "Si el océano es como el universo
Entonces las olas son estrellas"
Trayéndonos el universo a algo más concreto, aunque también desconocido e inmenso. Y con una comparación inesperada entre olas y estrellas.
"...La materia son las olas
Dictando la subida y bajada
De las cosas que flotan..."
Así continua la comparación, en búsqueda de esas olas que se transforman constantemente.
Pero, en la mayoría de los poemas, el cosmos es su consolación, su admiración, porque es su trabajo como astrónoma, aunque este también sea colectivo y le pertenezca a todos estos "nómadas". "Nosotros, astrónomos... honoramos nuestra responsabilidad al asombro". Como en el poema "Antídotos para el Miedo a la Muerte":
"A veces como un antídoto
Para el miedo a la muerte,
Como estrellas..."
El cáncer tomó su vida a los 39. Repeler el miedo a morir era algo demasiado complicado, aun más que comerse las estrellas, esta imagen como si de un nene se tratase, estirando la mano al cielo para agarrarlas. No hay nosotros en este poema, es el "yo" y los recursos que usa "a veces". ¿Cuáles son los otros?
"...Esas noches, yaciendo sobre mi espalda,
Las aspiro de la fría oscuridad
Hasta que todas están, todas dentro mío,
calientes como picante, y puntiagudas..."
Y el asombro infantil continua, aunque se nota más en ingles por el último verso de la estrofa "Pepper hot and sharp". Es una descripción aniñada, envuelta en el lenguaje de una astrónoma.
"...A veces, en cambio, me remuevo a mí misma
en un universo todavía joven,
todavía caliente como sangre:
No hay espacio exterior, solo espacio
La luz del todo que todavía no es una estrella
A la deriva como niebla brillante,
Y todos nosotros, y todo
Ya ahí
Pero sin restricciones de forma..."
Otro antídoto, imaginarse al comienzo del universo, imaginarse como el comienzo del universo. No hay yo porque no hay limites en quienes somos, porque formamos parte del todo, sin separaciones.
"...Y a veces es suficiente
Con recostarse aquí en la tierra
Al lado de nuestros largos huesos ancestrales:
Caminar a través de los campos de adoquín
De nuestros cráneos descartados,
Cada uno como un tesoro, como una crisálida,
Pensando: lo que haya dejado estas cáscaras
Voló en alas brillantes"
El espacio no es su único consuelo, pensar en lo pasado de la tierra, los que vinieron antes de nosotros es también una calma. Es una imagen casi post-apocalíptica, en la que todo a nuestro al rededor está lleno de huesos, con el alivio de que el narrador va a volar con belleza, que partir no es algo horrible. La muerte, también, como transformación.
La totalidad de este poema junta muchas de sus preocupaciones como poeta, científica, y como persona. Nos remite a los viajes con su padre con "los campos de adoquín". Su amor por la vida con las crisálidas, y su temor por la muerte con sus antídotos. Un lenguaje casi técnico, que abunda en gran parte de sus escritos, pero muy vivo. Esta es la combinación de cosas que mencionaba: una combinación que se da muy pocas veces. Son momentos, en un mar de otros que no recuerdo, que nos dan una perspectiva única, que recuperan nuestro asombro por el lugar que permite a la imaginación expandirse en todas direcciones.
Reflexionaba con este lenguaje en el diario en el que se encuentran muchos primeros intentos de los poemas que después se publicarían. Nos da algunos momentos duros, donde cuestiona lo que hace:
"...No hay poesía en el cáncer
En el cuerpo traicionándose a sí mismo
Abusándose a sí mismo
Dejándose seco a sí mismo".
Aunque esto no cortó su amor por el mundo, y el diario termina con una entrada, dos semanas antes de su muerte, donde Rebeca se regodea en los verdes de la primavera,
"...Con un pie en junio
Impaciente de explorar cada última posibilidad
De verde desde el azul lavanda,
A el, por excelencia, cereza
Hasta el amarillo de las secas fritillarias
Cuyos días volverán en marzo..."
Una imagen que choca, llena de belleza, pero con unas plantas despidiéndose de su tiempo del año para volver el próximo. Sólo puedo terminar esta reseña con ella porque, como el libro, tiene algo para darnos, aunque no podamos aceptar todo.
Una ultima reflexión, planteada por la misma escritora:
"Hay tiempos en los que el trabajo [de la astronomía] parece mecánico, cuando las restricciones para buscar la verdad parecen sofocar la imaginación, y los misterios del Universo parecen irrelevantes para la vida que los humanos tenemos acá abajo. Pero en general, entender al Universo parece un paso fundamental para entender nuestros orígenes, y para establecer un sentido de perspectiva con respecto al espacio y tiempo que encuentro reconfortante".
Sus poemas son una búsqueda de eso, y un poco más.