De nuevo un tomo maravilloso, no podía esperar menos de esta historia. En esta reseña quiero puntualizar en algunas cosas en específico así que vamos.
Vivimos los juegos del la aldea y los altos y bajos que estos traen para el Reino de la Ciencia y vemos las fortalezas y debilidades de algunos personajes de los cuales quiero hablar. Empezamos por Kinro, quien vemos que ha empezado a confiar plenamente en las ideas de nuestro protagonista y que quiere mantener sin importar lo que suceda la promesa que le ha hecho a Kohaku. Es extremadamente correcto y eso le impide decepcionar a sus amigos en ese momento, incluso cuando Magma le había pegado una buena paliza. Aunque no gana, ha cumplido al 10 billones porciento dejando a su oponente totalmente cansado. Por otro lado tenemos a Chrome, a quien nada le importa con tal de salvar a Ruri. La devoción que siente por ella y por sus amigos lo hace seguir luchando incluso cuando ya no puede estar en pie. También muestra su gran inteligencia cuando decide quemar a Magma con los lentes de Suika y su fuerza, porque se mantiene firme sin importar que, aunque claro, no habría podido lograrlo sin la ayuda de Gen. El mentalista vuelve a la escena y no pierde el tiempo para preguntar cuanto tiempo necesita Chrome para lograr su objetivo. Senku a penas le ha dicho que un minuto cuando él ya está corriendo para ayudar al científico. Engañando al "enemigo" nos demuestra nuevamente su gran poder de manipulación y de mentira, además de agregar una impecable actuación al combo. Otra de las mentes brillantes de esta historia que se gana su ansiada Coca Cola o, mejor dicho, Senku Cola.
Ahora, luego de que en un divertido giro de los acontecimientos Senku resulte el ganador y el nuevo líder de la aldea (casándose y divorciándose en unos bellísimos 5 minutos), no solo curan a Ruri de lo que resultó ser una neumonía, sino que también nos enteramos de que la aldea está fuertemente relacionada con nuestro protagonista, tanto que comparten el mismo nombre, "Ishigami". Y para sumarle, la historia 100 de todas las que debe saber la sacerdotisa es exactamente su nombre, Senku Ishigami. Esto nos abre una puerta a su vida antes de la petrificación y conocemos en más profundidad a quien, a mi parecer, es de los mejores padres que me ha dejado la lectura: Byakuya Ishigami. Padre de Senku, profesor, astronauta y el fundador de la aldea porque él se encontraba en el espacio con otros compañeros cuando la petrificación sucedió. De él quiero resaltar algo y es el como está constantemente preocupado y pensando en su hijo tanto que lleva al espacio el ramen que comían juntos o cuando observa desde el espacio aquella luz recubriendo el mundo, momento en el que él solo es capaz de gritar el nombre de Senku.
Tengo muchas ganas de seguir leyendo ya que, de ver el anime, Byakuya me parece un gran personaje y realmente quiero leer lo que sigue que es, justamente, su vuelta a la tierra. Realmente es un tomo lleno de emociones, subidas y bajadas en momentos repentinos y un final que te deja queriendo más.