Sea cual sea tu sexo, todos perdemos algo en una guerra… pero lo primera víctima siempre es la verdad.
En principio, Saga (2012-), de Brian K. Vaughan (1976-), parece una sencilla odisea galáctica familiar vertebrada sobre una historia de amor interracial (a lo Romeo y Julieta), pero rápidamente te das cuenta de que la historia amorosa queda relegada a un segundo plano ante la complejidad de la aventura. Poco a poco van surgiendo múltiples temas secundarios que parecen dirigirse todos hacia una única meta: mostrarnos que la aceptación de la diversidad (cultural, social, amorosa, racial, étnica, por procedencia —migrantes—, de género…) es el único camino para conseguir la paz entre los seres vivos.
Es verdad que nos movemos dentro de la Ciencia Ficción, dentro de un escenario de guerras y viajes intergalácticos, pero este envoltorio se difumina rápidamente al darnos cuenta de que la crítica social que atraviesa toda la obra es fácilmente aplicable a nuestra sociedad contemporánea. Una crítica al poder, a la hipocresía, a la manipulación, y, en particular, al odio al diferente como detonante de los inacabables conflictos entre los seres humanos.
Saga es militante tanto política como socialmente, en contra de las desigualdades de todo tipo. Por un lado con el relato, un guion de una gran calidad literaria, con continuas frases ingeniosas y sentencias bien razonadas que es difícil no sentir como auténticas. Y por otro, con unos dibujos complejos que recrean al detalle el también complejo universo imaginado (mezcla de fantasía y mitología). Un perfecto uso del color y de las medidas y una realización realista y explícita añaden otro golpe mortal a la mojigatería que también critica la obra. No se esconde nada en el dibujo de Fiona Staples (1982-): sexo interespecies, interracial, gay, desnudos integrales, transexualidad, un parto…. Saga no solo cuenta, sino que también muestra escenas representativas de esa diversidad de la que hace gala y ahí radica su fuerza para penetrar en la conciencia del lector. No parece lo mismo leer que ver. ¿Somos tan tolerantes como suponemos?¿Cómo reaccionará cierto público ante esas imágenes?
Pero Saga no es solo un tratado de no violencia enmarcado en un escenario de guerras sin cuartel. Saga es también una obra entretenida, llena de aventuras, personajes creíbles y situaciones emocionantes llenas de tensión que consiguen mantener el interés. K. Vaughan no desaprovecha ningún recurso para conseguirlo: cambios de escenario, de tiempo y hasta de personajes (los enemigos se convierten en alidos y viceversa), elipsis, perspectiva infantil, cliffhangers…, además de no temblarle la mano en hacer desaparecer a personajes relevantes (Sí, eso que tanto nos atrajo en Canción de hielo y fuego y que la convirtió en una historia tan peculiar).
Saga me ha parecido una Space Opera de una modernidad apabullante y contada con una profundad poco habitual. Quedan aún muchos otros temas sin comentar en estos nueve volúmenes de más de mil trescientas páginas. Así que solo me queda esperar la continuación de las aventuras y desventuras de los indómitos Marko y Alana.