Leer a Rafael Barrett tiene un lado amargo: el de ver cómo las discusiones en línea, las columnas de opinión, muchos textos de los blogs —los míos incluídos, obviamente— están tan pobremente escritos. Este es un libro de microensayos rescatados de varias de las obras de Barrett quien, sin duda, eleva a gran arte la escritura de opinión. Por supuesto, a Barrett hay que leerlo en su contexto y no hacerle exigencias sobre cosas que hoy nos parecen obvias —en términos de género, de animalismo o ambientalismo— y sin embargo, puede decirse que es un adelantado a su tiempo. Adicionalmente, es fascinante ver cómo en una carrera tan corta —Barrett murió a los 34 años— cabe tanta erudición y tanta elaboración estilística, sin dejar de lado, por supuesto, toda su reflexión sobre el anarquismo y su independencia de pensamiento.
Es curioso que Barrett no sea un escritor más conocido, yo recién lo leo hasta ahora y cuando supe de él no fue más que una mención en una clase de los primeros semestres de la universidad.
Quisiera que todos los leyeramos: él es grandioso, leerlo da un poco de vergüenza.
Por otra parte, la hermosa edición de Animal Extinto vale la pena no solo por el autor, sino por el cuidadoso trabajo con el texto, pero también con la materialidad.