La novela No pasa nada en los talleres literarios invita a un viaje como metáfora de la creación literaria. Narra el encuentro de Isaías con Micaela, amiga de un pasado de talleres literarios; y un presente algo incómodo, donde tampoco logra consumarse la escritura. La historia es contada con el lenguaje propio de la oralidad. Sus imágenes recuerdan espacios escondidos en la memoria de las décadas pasadas, entre Quito y otras ciudades del Ecuador. Los personajes presienten que la única manera de evitar que desaparezcan los recuerdos es escribir con el rigor que nos exige el destino. Escribir aunque nadie te lea.
4,5/ 5🌟. Si soy sincera, debido a mi experiencia pasada con otro libro de este mismo sello editorial, no tenía mucha esperanza de que este libro fuera a gustarme; sin embargo, lo hizo. Es un libro muy cotidiano, por decirlo de algún modo, y sin mucho trama, más allá del proceso de escritura de un autor estancado, pero, a pesar de eso, siento que los mensajes que deja, son muy buenos. Además, sin que te des cuenta, hace reflexiones muy buenas sobre la vida, en general. Siento que, en su sencillez, me conquistó y la forma de entrelazarse de ambas historias, me maravilló. Se lleva 4 estrellas porque aún siento que falta corrección del texto, en cuanto a ortografía y redacción, pero, en general, sí es una historia que yo recomendaría, pero destacando, que no se debe esperar grandes “plot- twist” o similares.
Primero: es una novela sobre escribir, que dudo que pueda mantener el interés de aquellos a quienes no les interesa escribir. Eso no es un defecto, pero sí algo a tener en cuenta.
Creo que es una novela con buenas ideas, buenos pasajes, buena redacción. Pero muy reiterativa. De poca trama. Rescato su uso del tiempo, pues creo que ayuda a sumergirse en cómo se siente el protagonista ante su desesperación por volver a escribir.
Es una lectura fácil, pero que se extiende más allá de lo necesario.
Es una novela interesante que habla sobre el struggle de Isaías para escribir. A ratos es un poco confusa la historia por la manera en la que esta estructurado el libro pero al final se entiende todo. Es recomendable para personas que escriban y vivan esa lucha de la página en blanco y no saber qué decir.
Escribir, escritura, escribir. ¿Qué es la escritura? Para Borges, la lectura era el cielo, la escritura un infierno. ¿Cómo se define el acto de escribir? La escritura es un tormento ciertamente, no es destino, elección, ni trabajo, no es un gusto ni un deseo, no es armonía ni fervor; es una condena, un arduo sendero de búsqueda y laboriosidad, de preguntas sin respuesta, de borradores tirados a la basura, de instantes robados al pasado para llevarlos a las páginas en tránsito de la memoria a la vida, del recuerdo a la creación, del dolor a la liberación. Una condena, sí, como el susurro de un demonio a tus espaldas. La escritura como condena irrevocable alcanzó a Isaías, el narrador de “No pasa nada en los Talleres Literarios”, que abandonó el taller para refugiarse en sus pretextos y sumergirse en sus prejuicios. Un narrador ameno, que nos conduce por los cauces de su vida cavilando sobre el triunfo y el fracaso, un narrador grato que expone delirios y dolores sin caer en el llanto almibarado gratuito o en lo exagerado de la situación. Un narrador que puede ser un digno representante de la clase media ecuatoriana: temeroso, culpando a todos menos a sí mismo, envuelto en las volutas del humo del fracaso que exhaló el cigarrillo del destiempo, de la decisión errada e imprecisa, de la seguridad perdida, de la confianza traicionada y herida. “No pasa nada en los Talleres Literarios” es una novela del escritor ambateño Jorge Lozada publicada en mayo del 2019 por la editorial Cactus Pink. Lozada crea una metahistoria, una historia dentro de otra, una trama que, a la vez que reflexiona sobre el acto de escribir y el proceso de creación de una novela, inserta fragmentos de la novela creada, de forma que dos historias corren paralelas, dos vidas que resuenan como un eco: Isaías y Rosendo.
La historia de Isaías esta signada por la decepción amorosa y literaria, por la tragedia de la costumbre y la ambición arrebatada por los trajines cotidianos. Su encuentro con Micaela, antigua compañera de taller literario, es el resorte que permite avanzar la trama. Su amiga lo interpela y lo motiva, insiste y corrige, lo desafía y lo acompaña en su retorno a la escritura. Micaela siente la magnitud de los cambios, aquella magia que le permite disfrutar de los momentos pasajeros sabedora de que se esfumarán al final de la tarde. Isaías avanza con sus cuentos que se convierten en novela, Lozada describe de paso, la tragicomedia del mundillo literario ecuatoriano, signado por la influencia y el galardón, la concurrencia a eventos culturales y el vínculo social, el respaldo al gobierno o a la oposición. El drama de Rosendo, por otra parte, es una tierna historia de amor de juventudes ecuatorianas. Enviado a Quito para estudiar la universidad, Rosendo queda prendado de Camila, los dos estudiantes, emprenden un sendero de encuentro y compromiso. Ante la perspectiva hegemónica de la clase media ecuatoriana, en donde “arruinarse” es enamorarse en la juventud y abandonar los estudios, Isaías (Lozada), aborda una visión en contrapunto. Camila queda embarazada y se convierte en madre, Rosendo abandona los estudios, ambos son rechazados por sus familias pues constituye una afrenta familiar “desperdiciar” la oportunidad que les brindaron sus padres al enviarlos, con muchos sacrificios laborales y económicos, a estudiar en la capital. Por tanto fracasan en la dimensión social al no encausar sus destinos a lo esperado, pero triunfan en el ámbito íntimo al privilegiar su cariño y su ternura por encima de los dictados convencionales. Triunfa el amor. Una historia como muchas de Ekuador, en que parece que se opone el éxito social a la felicidad conyugal, que nos devuelve la pregunta: ¿Qué es éxito? ¿Qué es fracaso?
Las historias de Jorge Lozada tienen un tamiz de candor hogareño, de ese hogar ecuatoriano que aparece retratado con pericia, deleite y destreza. Quizá se pueda definir a Lozada como un autor costumbrista de fines del Siglo XX, sus escenas, parajes y paisajes son casi un recorrido por la cordillera interandina. Aunque lo mejor sería no definirlo, un escritor que como muchos, hace su camino por el mundo editorial como una necesidad vital y no por apariencia, porque la pluma lo busca más que los aplausos. Las ideas de éxito y fracaso se amalgaman para demostrar que “no hay mal que dure cien años”, ni jamás la felicidad está completa. Gógol escribió en Almas Muertas: “la alegría se transforma en tristeza cuando nos paramos por mucho rato a contemplarla”. Las dualidades no existen, son la misma cosa, somos contradicción, el éxito y el triunfo son casi casi lo mismo. Pasa mucho en los Talleres Literarios, Jorge Lozada y esta novela son una prueba.
luego de haber leido la nina susi, tuve espectativas muy altas del libro, pero en realidad las historias son similares, no deja de ser buena, pero en realidad me quedo con la nina susi... pero eso si "escribe aunque nadie te lea"