Pues, estoy reflexionando sobre esta novela y, la verdad, creo que me ha gustado bastante. Me ha recordado muy mucho a “El misterio del cuarto amarillo”, de Gaston Leroux. Aunque no la nombre, creo que se ha inspirado bastante en ella. También en Agatha Christie y su Hércules Poirot, por qué no decirlo. El típico crimen con un círculo cerrado de sospechosos. O sea, que no ha inventado nada, sólo lo ha actualizado. Pero creo que ha hecho un buen trabajo.
Y la puntúo con cuatro estrellas porque creo que está bien escrita. Porque los diálogos no me han hecho rechinar los dientes. Y porque es adictiva hasta el punto de leértela en dos o tres sentadas. Por supuesto, tenemos el típico grupo de personas disfuncionales a más no poder. Todos con sus traumas y sus secretos. No se salva ni uno, ni investigados ni investigadores. Vale. Tanto deseo oculto y tanta tara podría haber dado fácilmente al traste con la novela. Pero creo que la autora lo resuelve con bastante fluidez. Y sabe meter frases inteligentes sin que suenen a clichés. Conecta muy bien un capítulo con el siguiente. Y, además, me ha metido la trama nada más ni nada menos que en Santiago de Compostela y demás parajes gallegos (es licenciada por esa universidad, así que eso le resta algún mérito), con lo que el paisaje ya me tenía agarrado, pero bien. ¿El final? Digamos que ni me sorprendió ni me dejó de sorprender. Sigue el patrón de los clásicos ya mencionados, y tampoco lo ha hecho mal.
Y sí, las obras que se mencionan existen. Pertenecen a la escultora gallega Celeste Garrido. Podéis echarles un ojo vía Google.
Repasando mi biblioteca, veo que tengo su anterior novela “Deje su mensaje después de la señal” (publicada inicialmente en gallego). También me han pasado ya la continuación de la presente, “La vida secreta de Úrsula Bas”.
O sea, que tengo Arantza Portabales para rato. Esperemos que no tenga que bajarle el listón.