Poco después de mudarse, en 2005, al barrio Teniente Ibáñez en la zona de Campo de Mayo, Fleje se entera de que su madre estuvo detenida en ese centro de exterminio. Sin calzado y sin descanso se larga a correr en los alrededores, entre el recuerdo de sus últimas lecturas, algunas reflexiones alucinadas, descripciones de la zona y extrañas sensaciones físicas. Un periplo aeróbico de inesperadas consecuencias que lo lleva, entre otras cosas, a conocer a dos hombres que, como él, corren de incógnito y tienen el mismo nombre. Con una crudeza y una naturalidad impactantes, Félix Bruzzone encarna en esta novela la idea de que la mejor forma de sobrevivir es estar en movimiento.
«Subido sobre los pies de su corredor incansable, Félix Bruzzone está dispuesto a seguir adelante, empujándonos a nosotros también en una espiral que siempre dará nuevas vueltas a nuestras certezas. En vez de salir corriendo hacia el pasado, ya encontró la manera de seguir corriendo hacia adelante.» Tamara Kamenszain
Si bien la trama me resultaba un poco interesante por la sinopsis, al final la historia resultó ser nada que ver con lo que estaba esperando. He leído algunos cuentos de Bruzzone y acá volví a encontrarme con ese estilo que tanto me llama la atención, pero ahí terminó mi amor por este libro.
El tema en sí es interesante y en los pequeños detalles se nota que no es un abordaje a ciegas, pero la forma en la que éste se lleva a cabo es un tanto extraña. No terminé de conectar con la situación ni con los personajes; me doy una idea del mensaje que se transmite, el seguir corriendo para sobrevivir, pero de a ratos van pasando cosas que para mí son un red flag enorme, sobre todo al final.
Sé que voy a seguir leyendo cosas del autor porque me gusta su estilo, pero este libro en particular no está entre mis favoritos. A pesar de las pocas páginas que tiene, se me hizo muy cuesta arriba.
La primera lectura siempre es insuficiente, pero con Bruzzone creo que necesitas mínimo unas tres lecturas o más para armar hipótesis que realmente valgan la pena. Y no porque no se entienda, sino por la estética con que maneja, algo así pasa en 76, aunque en ese libro creo que ya estamos hablando de relatos mucho más independientes unos de otros. Creo que en la portada hay algo de toda su estética, casi como un collage con un montón de elementos, personajes, relatos propios, descripciones de Campo de Mayo, ficción, testimonio, todo eso y mucho más aparece en este libro sin ningún orden y yo creo que no hace falta tampoco. Funciona mucho mejor si todo está desordenado y fuera de lugar, pero bueno: elaborate on that, no (banquen que vuelva con tres lecturitas más y la tiro). Los mismos cuestionamientos sobre la construcción de memoria en nuestro país y todo lo que rodea a los hijos de desaparecidos están presentes. Todo puesto en cuestión. Y es sumamente interesante y/o perturbador. Me encantó muchísimo. Y me perturbó bastante de a ratos (lo cual siempre agradezco también). Se me hace dificil decir algo más con una sola lectura, sin dudas es un libro genial para crear hipótesis de lectura con respecto al testimonio y muchos temas más, obvio. Super recomiendo!
Bruzzone demuestra que tiene una capacidad narrativa notable, pero más allá de los esfuerzos estilísticos para mantenerme sobre el papel no logré conectar nunca con el universo de los personajes. Original pero al menos a mi no me mató en absoluto. El autor tiene trabajos mejores.
Me gusta como escribe Bruzzone: el dinamismo que genera y las temáticas que usa para abordar el tema de los desaparecidos.
Sin embargo, hay algo en la forma en la que se desenvuelven los eventos, que no me termina de cerrar. Nunca llego a empatizar con ninguno de sus personajes.
Leo mucho a Bruzzone porque sus libros son precisos en llegar a lo que podría llamar el corazón de las fisuras emocionales. Narra, desde la intemperie, ciertas imposiciones sociales, los íntimos mecanismos de daño, la imposibilidad de la verdad y la trascendencia del cariño.
Me resultó adictiva la forma en que está escrito, de hecho lo leí de una sentada pero no conecté con la historia. Siento que más allá de que puede ser una buena novela, se aleja del estilo que a mi me gusta.