¿Qué es España? Esta pregunta, tantas veces formulada, recobra en nuestros días un dramatismo singular. Porque es ahora, al comenzar el tercer milenio, cuando se está volviendo a poner en duda, por parte de algunos grupos o partidos políticos secesionistas, o simplemente federalistas o confederalistas, la naturaleza de la unidad que vincula a las diferentes partes de España: ¿reinos? ¿regiones? ¿provincias? ¿autonomías? ¿naciones? Y es también en nuestros días cuando vuelve a aflorar, con la urgencia que imprime a la pregunta el proceso de nuestra «incorporación a Europa», la cuestión de la identidad. ¿Puede considerarse definida España como una «parte de Europa»? ¿Acaso su identidad no brota principalmente de su condición, junto con América y frente a Europa, de «parte» de la comunidad hispánica? El número de respuestas que cabe dar a estas cuestiones en torno a la unidad y a la identidad de España, inextricablemente entretejidas, es muy limitado. Se cuenta con los dedos de la mano, y no es posible inventar nuevas e inauditas «respuestas creadoras», como tampoco es posible «inventar creadoramente» una sexta clase de poliedros regulares. Pero en cambio parece imprescindible analizar las razones o voluntades, a veces muy oscuras, que mueven a unos o a otros a defender una u otra respuesta. Este libro, creyendo saber que sólo de un modo fingido cabe afectar neutralidad o distanciación histórica, sociológica o económica, ante cuestiones que tocan tan de cerca a quienes vivimos hoy en España, se propone analizar, una vez más, movido por una decidida voluntad hispánica, y desde la perspectiva de una filosofía materialista de la historia, la naturaleza de la identidad de España y la estructura de su unidad.
Gustavo Bueno was the main proponent of the philosophical system known as philosophical materialism. Philosophical materialism excludes any possibility of spiritual life without reference to organic life. Its ontology and theories of knowledge are not based on mechanic materialism or dualistic historical materialism, but in a rich interpretation of the main systems defended by the different traditions available in the History of Philosophy.
The founder of academic (scholar) philosophy, Plato, defended in Sophist, from the point of view of his theory of knowledge, the principle of Symploké that Bueno uses to support both determinism and pluralism: «nothing is isolated from everything else, but not everything is connected to everything else; otherwise, nothing could be known.»
Un absoluto libro matriz que sobrepasa nuestra actualidad.
Necesita envejecimiento, no está la situación actual como para reflexionar los temas que aquí se tratan, un libro consulta, para interpretar nuestro país, en su pasado, su presente, y su futuro incierto. Adelantado a nuestra época.
Además Gustado Bueno ha conseguido algo imposible en la actualidad con tanta crispación. Hay supremacistas buenistas que buscan la continuación del Imperio Español de la Edad Moderna, y comunistas que emplean el buenismo para interpretar la realidad.
Imagino que Gustavo Bueno es aquello de "las dos Españas".
¿Qué es España?¿Qué es una nación?¿Cual es el papel de España en Europa?¿Y en Hispanoamérica?. Estas son las principales cuestiones que GB trata de resolver o, mejor dicho, ordenar dentro del caos terminológico en que vivimos donde algunas palabras significan tantas cosas que terminan por no significar nada. Y es que Bueno trata en todo momento de desenmascarar los mitos e ideales que oscurecen la comprensión de las expresiones en que se mueve el pensamiento político contemporáneo: identidad, cultura, unidad, derecho a la autodeterminación, federalismo ( la nación de naciones como una tautología carente de sentido: la nación excluye el hecho de estar constituida por distintas naciones o, dicho de otro modo, la existencia de tales naciones “federadas” niega la existencia ontológica de la nación que las engloba.), Europa de los pueblos ( eufemismo cargado de voluntad política según el cual las regiones o “nacionalidades históricas” proyectan un futuro a través de Europa en el que trasciendan o anulen la realidad de los Estados nación (Reino Unido o España como “cárceles de naciones”) y se erijan como cuerpos soberanos en relación directa con la macroestructura confederal europea: "Cataluña es España, España es Europa, luego Cataluña es Europa…sin necesidad de pasar por España".). No es desvelar nada nuevo que las tesis de Bueno son de un antieuropeísmo desacomplejado (por ser Europa un proyecto liderado por y para el protestantismo capitalista incompatible con la “identidad” española y católica) y que apuesta por un proyecto de renovación en que el papel de España en la historia universal se escriba a partir de su alianza con la comunidad Hispanoamericana: “El Imperio español desapareció hace 100 años: pero queda flotando como Comunidad hispánica, y ésta es ya una alternativa real al islamismo tercermundista y al protestantismo capitalista”. El libro también contiene una larga disertación sobre la idea filosófica de Imperio más allá de los juicios morales que la posmodernidad vierte de forma retroactiva sobre el pasado ( la leyenda negra de Cortés en Méjico, por ejemplo) como consecuencia de la estigmatización de toda forma de autoridad: “ el término Imperio asociado al poder, y a un poder concentrado, concentra también las aversiones que todo poder, aun disperso, suscita entre las mentalidades liberales o ácratas de nuestros días. (…) Sin embargo, por mucha aversión que suscite el término imperio, no es posible evitar la necesidad de comprender sus funciones históricas”. Así, Bueno sitúa a los imperios como las organizaciones humanas que, de facto, construyen la Humanidad en su sentido político-cultural, integrando y absorbiendo pueblos, territorios, lenguas, etc, dotándolas de un proyecto o plan a futuro inspirado por los valores vectores dominantes en dichas organizaciones ( no serían los mismos planes y programas de ordenación vital los del Imperio Islámico medieval que los del Imperio Español o el Inglés). Pero no sólo eso, sino que la misma identidad de esos pueblos se construye a partir (o por oposición) del Imperio que los descubre, y por tanto es indisociable de este. Por ejemplo: los galos (o los íberos o los germanos) eran un pueblo o etnia o cultura en tanto que tribus heterogéneas que compartían ciertos rasgos a ojos del Imperio romano, plataforma observadora o sujeto a partir de la cual se define la identidad gala. Pero no han sido los galos quienes nos han transmitido su historia, sino que ésta ha llegado a nosotros a partir del Imperio que los definió, por lo que los Imperios actúan como una suerte de motores o catalizadores de la historia: “La historia la escriben los vencedores: sólo los vencedores pueden recubrir en diversos grados a las otras sociedades y solo entonces comienza verdaderamente la Historia, para bien o para mal, a costituirse como un punto de vista distinto de la Antropología./ Y si los vencedores escriben la historia es porque son los que la han hecho, por lo menos en la medida en que es historia se aproxima a una historia universal.” Por tanto: “La Historia Universal es la Historia de los Imperios Universales y todo aquello que no sea Historia de los Imperios no es sino Historia Particular, es decir, Antropología o Etnología. En torno a la idea de Imperio, GB construye dos subcategorías que, aunque supuestamente están exentas de un juicio moral inherente, no dejan de denominarse Imperialismo depredador ( =malo) e Imperialismo generador (=bueno). Evidentemente, el arquetipo del primero sería el Imperialismo anglosajón ( el británico y el yanki), cuyas características serían el genocidio indígena por motivos raciales, la piratería, el esclavismo o la explotación colonial, y todo ello, para más inri, movido por el abyecto objetivo del ánimo de lucro, única dirección de la brújula de las alienadas sociedades capitalistas. Por el contrario, el caso ejemplificador del Imperio generador sería (¡qué casualidad!) el español, el nuestro, puesto que movidos por un afán evangelizador y civilizador ( porque aunque existía el ánimo de rapiña este era una contingencia o daño colateral) construimos universidades, fundamos ciudades y concedimos el estatus nominal de seres humanos libres a los indígenas con las Leyes de Burgos ( aunque de facto sufrieron la explotación en campos y minas como si de esclavos negros se tratara). Estas etiquetan denotan, antes que un enfoque dogmático de Bueno (que en ningún caso se le podría considerar como tal) una actitud profundamente anticapitalista contra la sociedad de consumo y el neoliberalismo anglosajón y un sincero sentimiento hispanista (sea eso el deseo de involucrarse en la sociedad que te ha alumbrado o sea un complejo de inferioridad chauvinista). En cualquier caso, lo cierto es que bueno no oculta sus filias ni sus fobias, ni se considera a si mismo (con mucho juicio) como el observador equidistante puramente objetivo: “Lo que no parece tolerable es la actitud de quienes pretenden que su filtro frío, o gris, es únicamente resultado de una metodología científica, "desapasionada", que ha logrado desentenderse de los prejuicios (...) Como si la historia que nos ocupa, y que es historia práctica (pragmática) fuese una tarea científica que pudiera acometerse neutralmente, por un español, sin tomar partido. (…) Los hechos, por sí mismos, si no mudos, son tartamudos, y su organización o interpretación sólo puede llevarse a cabo desde premisas partidistas “. El segundo punto más discutible de la obra se suscita con la enmienda a la totalidad que Bueno hace al proyecto europeo, acusándolo de ciertos vicios que no le corresponden y proyectando ciertos escenarios que 20 años después no se han producido. Bueno estaba convencido de que la UE acarrearía la ruina de España : supondría la desintegración territorial española (“A los países hegemónicos de Europa les interesa más tener como socios a naciones fraccionarias que a naciones enteras”) y relegaría el país al papel de playa de los alemanes (hecho que sin dejar de ser cierto no quita realidad, por ejemplo, al aumento de las exportaciones españolas en el mercado comunitario durante las últimas décadas ni al fortalecimiento del sector bancario promovido desde Europa, por no hablar del hecho de que la tecnocracia comunitaria ha imposibilitado el empleo de políticas económicas, como la monetaria, al servicio de dinámicas partidistas nacionales ineficientes.). En cualquier caso, el libro es mucho más que tales posturas y contiene innumerables reflexiones lúcidas sobre multitud de conceptos y realidades que ayudan a comprender la situación actual, por lo que no deja de ser una lectura muy interesante y recomendable.
Gustavo Bueno Martínez ha sido uno de los más relevantes y polémicos pensadores españoles de finales del siglo XX y comienzos de nuestro siglo. Conocido popularmente por sus apariciones televisivas, con su estilo histriónico y sus recurrentes exabruptos, fue una figura clave de la filosofía española contemporánea. Podría decirse que Bueno fue un filósofo “a contracorriente”, puesto que en una era posmoderna donde imperan el relativismo, las subjetividades y el “asistematismo”, desarrolló un sistema filosófico completo, que persigue una interpretación global del mundo, aproximándose a los “grandes temas” (ontología, gnoseología, religión, ciencia, política, economía…) que hoy han sido dejados de lado por buena parte de la filosofía. El llamado materialismo filosófico (“filomat”) constituye un pluralismo racionalista (opuesto al monismo del materialismo dialéctico), que divide la realidad en tres géneros de materia, negando que esta se restrinja únicamente al mundo empírico. Se sustentaría en la reinterpretación del principio platónico de symploké, la interrelación entre fenómenos contraria «tanto al monismo holista (“todo está vinculado con todo”) como al pluralismo radical (“nada está vinculado, al menos internamente, con nada”)» . A partir de este sistema, Bueno ofrecerá un prisma de interpretación considerablemente elástico, que permitirá aproximarse a temáticas muy diversas. Este pensamiento beligerante («pensar es siempre pensar contra alguien», que decía el propio Bueno) se nutrió de influencias múltiples (Santo Tomás, Suárez, Espinosa, Marx, Husserl, entre otros), dando lugar a un resultado ecléctico y original. El “filomat” cristalizará en la llamada Escuela de Filosofía de Oviedo, institucionalizada en la Fundación Gustavo Bueno, compuesta por pensadores de muy diverso signo ideológico y con formaciones e intereses no menos diversos. En todos ellos tendrá un especial peso la Idea de España, de la que se mostrarán acérrimos y racionales defensores. El propio Bueno propugna la toma de partido, sin por ello perder de vista la objetividad. Algunas de las personalidades que orbitan en torno a la Escuela acabarán, por mediación de la fundación DENAES, en el partido Vox, como Iván Vélez o Joaquín Robles. Volviendo a Bueno, se da una cierta paradoja con su obra, y es que mientras buena parte de la intelectualidad española se encontraba inmersa en la democratización y activa políticamente durante la Transición, él se hallaba enfrascado en la gnoseología y la teoría de la ciencia con su Teoría del Cierre Categorial. Será a finales del siglo XX y comienzos del XXI, con los rebrotes de los nacionalismos periféricos, cuando se inicie una etapa “más politizada” en la filosofía de Bueno, la cual podríamos dar por iniciada precisamente con la obra que nos atañe, España frente a Europa. A ella seguirán otras más explícitamente políticas como El mito de la izquierda, Panfleto contra la democracia realmente existente o El mito de la derecha. Clasificar ideológicamente a Bueno no resulta tarea sencilla , ni competencia nuestra en este breve comentario, pero sin duda podemos asegurar que toma partido decidido en favor de la Idea de España, su identidad y su unidad. En estas coordenadas es en las que podemos cifrar España frente a Europa, una obra de Filosofía de la Historia española que busca dar respuesta a una breve, pero no por ello menos problemática, pregunta: «¿Qué es España?». Fraguado durante la conferencia «España» de 1998, con el terrorismo etarra y el pujolismo como telón de fondo, España frente a Europa nació no como una obra netamente académica, sino como un arma para, desde la Historia y la Filosofía, atacar la eventual balcanización de España. Bueno es muy claro al respecto de sus intenciones con el libro, sin por ello sacrificar el rigor y la fundamentación teórica. La pregunta «¿Qué es España?» vendría a ser una pregunta por la Identidad de España, la cual aparece codeterminada respecto a su Unidad, auspiciada por un ortograma imperialista que habría operado a lo largo de la Historia de España. La Idea (filosófica) de Imperio es aquí indisociable de la Idea de España, pues ambas estarían entretejidas a lo largo de un proceso histórico de construcción e integración, el cual Bueno fecha claramente en el año 711. A priori, resultan tesis polémicas que, simplemente enunciadas, podrían inducirnos a interpretar la obra de Bueno como un panfleto nacionalista que se remonta a unos orígenes míticos de la “España eterna”. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues Bueno se preocupa mucho durante la obra de desmarcarse de tesis esencialistas, apoyándose en una lectura materialista de las fuentes, asentadas sobre hechos concretos, y no sobre hipóstasis como el “pueblo”, la “raza”, ni nada parecido. No obstante, su interpretación de la Historia de España a partir de la Idea de Imperio (que, consideramos, puede ser influencia de su mentor Santiago Montero Díaz) ha levantado no pocos resquemores entre sus detractores, que suelen acusarlo de ser una suerte de criptofalangista. Tal es el caso, por ejemplo, de Pablo Batalla, en su libro Los nuevos odres del nacionalismo español, donde critica a Bueno desde parámetros psicologistas, acusándole de ser un “imperiófilo” y poco más que una extensión intelectual del PP. Bien es cierto que el argumentario de Bueno es un arroyo del que bebe una parte de la derecha alternativa española, pero eso no le convierte a él en parte de la misma ni reduce su obra a dichas coordenadas políticas. De hecho, algunos buenistas destacados tales como Santiago Armesilla, Pedro Insua o Daniel López son reconocidos marxistas (políticos). Más allá de críticas o polémicas, España frente a Europa constituye un ejercicio de erudición y rigurosa interpretación filosófica de la Historia de España. Bueno articula un pensamiento incisivo, corrosivo, que evita las simplificaciones, buscando desgranar la realidad cuidando cada una de sus aristas, sin caer en falacias ni apriorismos. Las explicaciones de Bueno son una guía a través de un sendero, en ocasiones tortuoso, que poco a poco nos va dejando ver el horizonte. Los análisis culminan siempre, precisos, justo en el lugar donde nos quiere el autor, claros y concisos; lo cual no es óbice para que dichas explicaciones sean susceptibles de ser interpretadas desde los parámetros establecidos, aunque dejando poco margen para elucubraciones personales o subjetivas. Estas explicaciones se realizan de una forma “piramidal” o “de arrastre”, puesto que los desarrollos conceptuales que va elaborando constituyen la “estructura base” o la “red” que nos va a permitir comprender ulteriores construcciones. Por ejemplo, comienza con elementos de la Teoría de los Todos y las Partes, mecanismos de construcción de los conceptos (directos/oblicuos) o la cinco acepciones de la Idea de Imperio para, desde estas teorizaciones, elaborar una interpretación pragmática, explicativa, acerca del proceso histórico de España, su construcción, unidad e identidad (inseparables pero disociables; mutables pero mantenibles). Termina por aplicar estas conceptualizaciones filosóficas a cuestiones históricas cada vez más concretas, sustentándose en material empírico y no en meras abstracciones o hipóstasis: desde la taxonomía y configuración de diversos conceptos de nación, hasta las Navas de Tolosa o el «fecho del Imperio» de Alfonso X/Carlos I. Una de las mayores virtudes con que nos encontramos es su sobresaliente precisión conceptual y terminológica, lo que le lleva en ocasiones a desmarañar etimológicamente las palabras. Bueno juega con la polisemia y los significados del lenguaje, elaborando un vocabulario propio repleto de tecnicismos (sinalogía/isología; metamérico/diamérico…), así como sintagmas y palabras recurrentes (“plataforma”, “planes y programas”, “realmente existente”…). También toma prestados conceptos de las ciencias puras, aplicándolos a las ciencias sociales, como puede ser la escala molar/molecular de la Química para hablar de individuos y estados; o la biocenosis de la Biología para analizar críticamente la Unión Europea. El rigor explicativo de Bueno en esta obra puede resultar denso, pero no difícil, pues su estilo es insistente y clarificador, lleno de ejemplos variopintos (fundamentalmente matemáticos, de la vida cotidiana e históricos) que nos ayudan, por analogía, a comprender. Todo ello juega su papel para efectuar un análisis sistemático y descomponedor de las realidades (históricas en este caso). El libro aparece perfectamente estructurado en seis partes asimétricas: una primera parte de planteamiento filosófico del problema; una segunda parte de aproximación histórico-política a la Idea de España y la cuestión del nacionalismo (contraria a cualquier ontología metafísica), y una tercera parte donde esboza una Filosofía del Imperio. Estas tres primeras partes, que ocupan poco más de la mitad del libro, constituyen el aparato teórico-filosófico desde el que va a actuar, desde donde actuará la symploké para interrelacionar racionalmente las formulaciones teóricas y los hechos materiales. El cuarto capítulo es, con diferencia, el más largo, pues en él articula su particular interpretación de la Historia de España desde la Idea de Imperio, desde el siglo VIII hasta nuestros días. Los capítulos quinto y sexto los refiere a la relación de España con América y Europa, respectivamente. Cabe detenernos, dado nuestro campo, en los tres últimos capítulos (lo que no significa ignorar los tres primeros pues, como ya hemos dicho, están firmemente entretejidos), y especialmente en el cuarto: «España y el Imperio». Bueno maneja la tesis de la existencia prenacional de España (tanto en sentido étnico como político), que se articula originaria y fundamentalmente por oposición: al Islam, a Carlomagno. Esto conduce a una interesante visión de la Historia, donde, del mismo modo que hiciera Marx con Hegel, lo hace él con Marx: le da dialécticamente la vuelta. Así pues, en la concepción materialista filosófica, el motor de la Historia no sería ya la lucha de clases, sino una dialéctica solapada entre clases, Estados e Imperios . Es así que, a partir del Reino de Asturias, comenzaría a funcionar un ortograma imperialista operativo hasta la contemporaneidad bajo diversos formatos. Hablar de Imperio en fechas tan tempranas como el siglo VIII podría escandalizar a más de uno (entre los que, en un principio, me incluía), apareciendo en ocasiones como un concepto un tanto abstruso, cuando no políticamente malicioso. Pero esto se explica claramente a partir de la conceptualización que Bueno realiza de la Idea de Imperio, sostenida, como hemos dicho, “por arrastre” desde los capítulos previos. Así pues, la Idea filosófica de Imperio desbordaría lo que historiográficamente solemos considerar como un “imperio realmente existente”. Desvincula al Imperio de conceptos como la unidad territorial o la propia fijación de sus fronteras, pues la Idea de Imperio de Bueno puede aparecer operativa incluso en momentos de fragmentación . La Idea filosófica de Imperio provendría de una síntesis entre la Idea diapolítica de Imperio (entendida como coordinación entre Estados articulada por un Estado hegemónico) y la Idea metapolítica de Imperio (entendida como un gobierno indirecto ejercido desde la autoridad legitimadora de una fuerza superior; por ejemplo, Dios). De esta forma, el Imperio constituiría un sistema simbólico de relaciones que se materializarían en hechos y procesos concretos (matrimonios, guerras, ceremonias, planes y programas…). Sustentándose en esta teorización filosófica del Imperio, Bueno contempla como depositario de dicha Idea al eje Asturias-León-Castilla, que asumiría la función imperial en tanto que coordinación y reconocimiento por parte de los restantes Estados peninsulares cristianos, y por contraposición a otros imperios de su esfera, como el islámico, el carolingio o el Sacro Imperio. Esto le vale pare realizar una crítica a la Teoría de los Cinco Reinos, sustentada en la igualdad distributiva acuñada por Menéndez Pidal: esta tesis, con gran fuerza en la actualidad, entendería la Historia de España como un conglomerado de cinco reinos independientes, soberanos y homologables que se desarrollarían autónomamente hasta confluir en la unidad de España. Frente a esto, Bueno argumenta que estos formarían, realmente, una totalidad atributiva sustentada en una koinonía de cinco partes heterogéneas, diferenciadas, pero estrechamente relacionadas y reconocedoras de la centralidad (geográfica, política, demográfica…) de Castilla. Esta sería, de forma muy resumida, la tesis fundamental de España frente a Europa, un libro que se construye por entero contra los “enemigos de España”, en defensa de su unidad y por oposición a quienes pretenden disolverla: bien “por arriba”, mediante su provincialización en Europa, o bien “por abajo”, mediante su secesión en múltiples naciones fragmentarias (si bien, para Bueno, ambos procesos estarían vinculados). Como valoración personal del libro creemos que, salta a la vista, esta es notablemente positiva, si bien hemos intentado dar, someramente, algunos argumentos de por qué. Opinamos que se pueden hacer dos lecturas del libro, ambas igualmente provechosas. La primera es aquella que refiere al contenido, a las tesis concretas manejadas que, comprendemos, no tienen por qué agradar, ni mucho menos convencer a todo el mundo (de hecho, estamos convencidos de que disgustan a buena parte del gremio de los historiadores). Una segunda lectura, y esta en nuestro caso ha sido un tanto más fructífera, refiere a su estructura, al aparato crítico-corrosivo del materialismo filosófico, con su metodología, su terminología y sus particulares teorizaciones. Ha sido una lectura que nos ha aportado conocimientos, abriendo puertas, facilitándonos numerosas herramientas que podrán ser útiles en el futuro: desde sus precisas apreciaciones conceptuales, hasta la tesis de la dialéctica entre Estados, pasando por su revisión historiográfica de la Historia de España o sus críticas a la Humanidad hipostática o la Historia Universal entendida en abstracto. Podemos calificar el sistema de Bueno como un ejercicio de pensamiento crítico pleno y recalcitrante (en el mejor sentido de la palabra), tan incómodo como necesario en la actualidad. Habiendo sido nuestra primera lectura del filósofo, ha sido toda una sorpresa en cuanto a expansión de nuestra escala de análisis. Recorriendo sus páginas nos ha sido necesario consultar informaciones, debatir con colegas y, en general, pararnos a digerir, cavilar y asimilar. Sin duda, diríamos que es más que recomendable abordar libros de estas características (acabe uno en concordancia o no) simplemente como ejercicio de reflexión; y, con menos duda aún, volveremos a leer a Gustavo Bueno en el futuro.
Como decía el autor del ensayo; España se ha convertido en un problema filosófico, como toda pregunta que se dirige a la identidad y por tanto a la génesis, que nos desborda como miembros activos de ella. Mediante un análisis pormenorizado de las formas y perspectivas en las que se plantea la identidad, somos capaces de ir definiendo las fases por las que ha pasado España hasta alcanzar su condición de nación política actual. Para ello, el autor nos plantea la fase biológica y la fase etnica como previas a la formación de la nación política, lo cual hace imprescindible abordar la idea de imperio a nivel filosófico para entender el auge, apogeo y ocaso del imperio español. Es complicado hacer una crítica a un ensayo que plantea ideas tan bien documentadas, argumentadas y sobre todo englobadas dentro de un sistema de pensamiento tan elaborado y sistemático, pero hay determinados pasajes, como la posibilidad de una España federal o plurinacional, en el que se descarta dicha opción como una incongruencia nominal o histórica, no como una incongruencia en la realidad social existente en España a día de hoy que haga inviable dicho escenario.
El filósofo propone una interesante vía para tratar de interpretar tanto la identidad de España como sus relaciones geoestratégicas, con gran rigor histórico y fiel a su mirada filosofíca. Eso sí, hay que estar preparado para un lenguaje complejo y gran desarrollo de conceptos e ideas.
How does one define Spain? What is her place in the world? These questions lie at the heart of 'España frente a Europa', a seminal work written by the materialist philosopher Gustavo Bueno.
In his book, Bueno examines the idea of Spain and the way it evolved through time. He makes a case for the Hispanic way of life as an alternative to Islam and Anglo-Saxon Individualism. At the same time, Bueno doesn’t conceal his disapproval of the European Union and its idea of solidarity, arguing instead for a closer economic cooperation between Spain and Spanish-speaking countries, a cooperation which would be based on the ideas of ‘fraternity’ and ‘generosity’. Bueno’s staunch defence of Spanish exceptionalism makes the book an interesting case study for scholars trying to understand various kinds of nationalisms. In the last two chapters, Bueno lays out his vision for the future, both for Spain and for Latin America.
The book has not been translated into English yet, but I have read it carefully and this video - https://youtu.be/jNLpgwJItJk - is my review of the book’s main points, staring with the context in which it appeared, moving on to the ideas that Bueno defends, and ending up with some concluding remarks. This book review is an attempt to understand the ideology that drives a good part of the Spanish conservatism today.
"España el problema, Europa la solución" el consabido mantra de Ortega y Gasset repetido hasta el hartazgo, es triturado por el materialismo filosófico de Gustavo Bueno invirtiendo la premisa: "Europa es el problema, España la solución". España frente a Europa no es un libro chovinista, tampoco es un libro de historia, sino más bien un tratado filosófico que repasa la formación histórica de España desde sus orígenes, pasando por su unificación y el proceso de Conquista, hasta su disolución como imperio, entregando una mirada muy diferente a los conceptos negrolegendarios a los cuales estamos acostumbrados.
"La Historia Universal es la Historia de los Imperios Universales que se oponen a otros Imperios y a otros pueblos", escribe Bueno, pero ¿qué es un imperio realmente existente? Es el segundo eje que busca responder el libro, no sólo entregando una perspectiva diferente con su noción de imperios generadores e imperios depredadores, sino que agotando todas las miradas -muchas incompletas o irracionales-del fenómeno.
Un imprescindible para los hispanistas y también para los que busquen comprender mejor el concepto de imperio.
How does one define Spain? What is her place in the world? These questions lie at the heart of 'España frente a Europa', a seminal work written by the materialist philosopher Gustavo Bueno.
In his book, Bueno examines the idea of Spain and the way it evolved through time. He makes a case for the Hispanic way of life as an alternative to Islam and Anglo-Saxon Individualism. At the same time, Bueno doesn’t conceal his disapproval of the European Union and its idea of solidarity, arguing instead for a closer economic cooperation between Spain and Spanish-speaking countries, a cooperation which would be based on the ideas of ‘fraternity’ and ‘generosity’. Bueno’s staunch defence of Spanish exceptionalism makes the book an interesting case study for scholars trying to understand various kinds of nationalisms. In the last two chapters, Bueno lays out his vision for the future, both for Spain and for Latin America.
The book has not been translated into English yet, but I have read it carefully and this video - https://youtu.be/jNLpgwJItJk - is my review of the book’s main points, starting with the context in which it appeared, moving on to the ideas that Bueno defends, and ending up with some concluding remarks. This book review is an attempt to understand the ideology that drives a good part of the Spanish conservatism today.