Un cubano exiliado se atrinchera, armado hasta los dientes, en su taller de carpintería para impedir que éste le sea embargado. Mientras espera la llegada de la policía se dirige, a través de Facetime, a todo el que quiera escucharlo para explicar las razones por las que piensa enfrentarse a las autoridades. Su relato, un drama que no renuncia al humor, se entrelaza con el de tres de sus amigos (un crítico de arte, un buscavidas y una psicóloga argentina) para ofrecer un fresco de la reciente historia política y cultural del continente americano y de la vida contemporánea de una comunidad latina a orillas del río Hudson.
Una novela sobre naufragios colectivos y personales y cómo sobrevivir (o no) a ellos.
Enrique del Risco Arrocha (La Habana, 1967) conocido como Enrisco , es un escritor y humorista cubano.
Licenciado de Historia de Cuba por la Universidad de La Habana, en 1990, y doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Nueva York (NYU) en 2005. Reside en West New York, Nueva Jersey, desde 1997. Ocupa un puesto de lecturer en la propia Universidad de Nueva York. Logró el XX Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones en 2018.
An armed man barricades himself inside his carpenter's workshop to protect the only thing he has left. In order to protect his only son —whose mother has abandoned him and later dies in an accident— a single father hires a woman to pretend to be his biological mother and then doesn't know how to get rid of her. A womanizer art critic gives in to a woman who, feeling abandoned, tries to kill herself. A psychologist who is trying to protect one of her patients that is being abused by her father, ends up being sued for sexual abuse. Four stories that are woven together, where every character is more than he and she appears to be and succumb to an alternative reality of their own making to survive. A novel about estrangement, loss and betrayal on the side of the Hudson River. Its unexpected ending will haunt you for a long time to come.
Citándolo a su favor, de Turcos en la niebla podría decirse que “encarna el gesto confiado de no confundir el arte con el periodismo. De recordarnos que la grandeza del arte no estriba en decir algo antes que los demás, sino del mejor modo posible” (64). Recomendable.