El nuevo libro de Inés Garland recrea su particular universo de personajes donde las relaciones son siempre difíciles, sorprendentes e inesperadas. Mujeres y hombres adolescentes, jóvenes y adultos que tratan de entender el amor, el sexo, la entrega y la soledad. La autora recibió el galardón de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina) por Piedra, papel o tijera y fue la primera escritora hispanoparlante en conseguir el Deutscher Jugendliteraturpreis, uno de los premios más importantes del mundo editorial en Europa, por esa misma novela. En enero de 2019 obtuvo el Premio de Literatura Infantil Ala Delta, en España, por Lilo, de próxima aparición. En Alfaguara publicó los libros de cuentos Una reina perfecta (2008), galardonado por el Fondo Nacional de las Artes, y La arquitectura del océano (2014) y las novelas El rey de los centauros (2006) y Una vida más verdadera (2016). Con la espada de mi boca es su nuevo libro.
Colabora con diversos medios periodísticos y coordina talleres literarios. Su libro Una reina perfecta fue premiado en 2005 por el Fondo Nacional de las Artes por un jurado compuesto por Liliana Heker, Ana María Shua y Vicente Batista. Varios de los relatos que integran este libro también han sido galardonados. El cuento Una reina perfecta fue traducido al inglés para el National Welsh Review. Su novela Piedra, papel o tijera recibió el premio destacado de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (ALIJA) y ha sido traducida al alemán (editorial Fisher) donde ha cosechado excelentes críticas y premios y al francés (editorial L’école des Loisirs).
Ganadora del Premio Deutscher Jugendliteraturpreis 2014 por su novela Piedra, papel o tijera.
Desde chicos nos enseñan a protegernos de la muerte, esa invitada indeseable a la que no le importa caer en el mejor momento y aguar la fiesta. "Mira hacia los dos lados al cruzar" "No habrás la heladera descalzo" "Abrigate". Esas son nuestras ceremonias- amuleto, detrás de las cuales creemos estar protegidos, como el chiste aquel del psicótico que aplaudía cada cinco minutos para espantar elefantes y la prueba de la veracidad de su ritual era la ausencia absoluta de ellos. Mientras tanto, una asesina silenciosa prepara su festín detrás de nuestros actos más nimios: es la entropía señores, la ley que gobierna tanto a Maluma como al auto de tu viejo y al perro de la vecina de la vuelta y que grita, a quien quiere escucharlo que todo sistema complejo tiende al caos y eventual disolución. De ahí que el que te dijo que te amaría para siempre estaba cargándose al hombro una empresa en la cual tiene poquísimas acciones. De ahí que , pasado un cierto tiempo de luna de miel, nosotros, los de antes, no seamos los mismos.
Los cuentos que reune Inés Garland en este volumen, con un pesimismo militante del que Schopenhauer estaria orgulloso, si se lo mira desde esta perspectiva, son demostraciones perfectas del avance de la entropía en las relaciones humanas y en los cuerpos que las sostienen. De lo que se trata, para el lector voyeurista y cómplice de esta masacre, es de ver cuando todo empieza a mostrar la hilacha, es decir cuando el caos se instala de manera visible y no solo como posibilidad negada.
En el impecable "Bloques inseparables" , un adolescente sigue el curso de la vida de cuatro parejas amigas de sus padres: Los Varela, los Correa, los Baez y los Dumont. "Son como casas", así los define, ya que al aparecer el uno inevitablemente se asoma el otro, bloques inseparables, como uno generalmente percibe a las parejas de hace mucho tiempo, externamente felices, sin sospechar, detrás de la fachada, el avance de nuestra inexorable amiga. El adolescente espía las conversaciones de sus padres y reconstruye lo que puede y como puede: Que Macarena, la hija adolescente de Alicia es demasiado despierta para la edad y que hace uso y abuso de su sexualidad coqueteando con la pareja de su madre. Que la hija de los Varela estaba rara y antes era una santa, que el marido de Clarisa andaba en algo. Cuando los padres se percataban de esa intrusion, lejos de cortar la charla, buscaban crear su propio cono de silencio hablando en otros idiomas: el padre, en ingles, la madre en francés. Pero los hijos ya habían aprendido hace rato como quien aprende a leer los ideogramas chinos a fuerza de jugar videojuegos. "Les filles", se escuchaba, y ellos sabían que se estaba cocinando un chisme. Lo sintomático es que el tiempo parece ejercer su acción maliciosa solo sobre los otros cuerpos, mientras que, el bloque principal, se impone como eterno en su rol de observador critico. Pero no es difícil comprender el guiño de Garland y ese combo de negación y parálisis existencial que nos hace vivir observando los errores ajenos.
Filosos como dagas, cada uno de estos cuentos es un clavo en el cajón de nuestras esperanzas mas lisérgicas: No, no hay manera de escapar al caos, pero, ¿quien dijo que no podíamos disfrutarlo? En un ejercicio de catarsis griega, los lectores disfrutamos como chanchos en el barro frente a separaciones, sexo a las apuradas, embarazos adolescentes, infidelidad, falta de encuentro con el otro. Disfrutamos porque esa es la esencia de la ficción: Esto terrible que estoy leyendo, no me esta pasando a mi. Tímido premio consuelo frente a lo que se viene.
Una recopilación de historias sobre sexo e intimidad, en su mayoría sobre primeros acercamientos através de la infancia. Me maravilla que con un tema así Garland sostenega tanto a quien la lee. Alguno de los capitulos finales se me hizo extenso de más pero en general, mágico.