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“Es como si les hubieran robado el tiempo, dice, como si no tuvieran historia y tuvieran que hacerse una de mentiras. Por eso no sienten nostalgia, pobres. El buen gusto es nostalgia sin apego. El buen gusto es una cierta elegancia a la hora de negociar cotidianamente con la muerte”.
Los estratos, de Juan Cárdenas, es una novela de viaje, de errancia, de ascenso y descenso, de deambular y recorrer, de buscar sin saber muy bien qué se busca, de estar perdido y dejarse llevar, de desequilibrio, quizás de sanación, de soledad y tinieblas, difusa, poblada de fantasmas.
El protagonista es un hombre en crisis, o pronto a la crisis (se da cuenta de que su esposa no lo ama y la empresa familiar está en quiebra); sin embargo, a pesar de la ruina, le llega un recuerdo: él de pequeño junto con su nana cerca de un muelle, viendo las aguas tornasoladas y contaminadas del mar. ¿Qué hay detrás de esa memoria? ¿Por qué se presenta en ese momento de su vida? ¿Cuál es el llamado?
Aquí hay dos tipos de viaje. El primero es el viaje físico, en donde recorremos una ciudad cerca del mar, a oscuras, sofocante, en donde todo el tiempo hay residuos de chatarra y basura y sobrevuelan los gallinazos. Y el segundo es un viaje interior, un viaje hacia lo onírico, hacia el recuerdo y la memoria, hacia un panorama poco fiable, de espectros. Ambos van de la mano. No son distintos. En los dos viajes el paisaje es nebuloso y todo se desdibuja, en ambos hay un viaje a la semilla, a la tierra, al origen, si se quiere. El viaje físico desemboca en la selva, descubriendo qué fue de la nana. El viaje onírico culmina en la recuperación del recuerdo, seguramente modificado, y un viaje psicodélico. Al final, hay luz: las nubes desaparecen, deja de llover y el miedo a la muerte desaparece.
La gramática de este libro es oscura. Aquí no existe la palabra tristeza, pero se siente. No dice depresión, pero se habita. Hay vacío y silencio y aislamiento y la constante sensación de peligro. El libro no es una metáfora, es un estado, es la geología de la crisis, y cómo se transita por sus senderos hasta llegar al sedimento.