"Un buen día, después de una escena casi de pugilato orquestada por mi madre, estrellé un televisor contra la pared. Charly me sacó de allí con lo puesto y nos metimos en un bar para pensar dónde, cómo y con qué viviríamos de ahí en adelante. Solo teníamos perfectamente claro que huíamos de nuestros hogares para estar juntos […]. Yo estaba embarazada y no teníamos un centavo para pagar la pensión […]. Salvo él, nadie sabía con certeza qué podía pasar."
Asesínenme. Rock y feminismo en los años 70 recupera la memoria de una mujer que rompió esquemas para trazar un camino que, incluso hoy, continúa siendo difícil recorrer. No habrá sido fácil estar en sus zapatos cuando, allá por los albores de los años 70, María Rosa Yorio diseñaba en tiempo real el manual de cantante argentina de rock. Un libro que, como este, prácticamente no tenía antecedentes y que le tocó escribir mientras asistía a la construcción del genio conocido como Charly García, de quien fue su primera musa.
Da para pensar que luego de tanta ola verde, tanto es el tiempo de nosotras (quienes?) y tanto aire de época "a favor" de las mujeres, este libro pasará prácticamente desapercibido. Es que esta todo bien, pero lo que se dice para afuera no es necesariamente una práctica en si y quenes juran y perjuran querer poner a las mujeres en cada rincón de la literatura, suelen ser las primeras en barrer todo rasgo de historia pasada.
María Rosa Yorio tiene una historia que contar y acá la cuenta. En un fluir de conciencia y poco importa si escribió ella o no, seguramente no, ya que la voz propia sobrevive. Y las imágenes son potentes, visuales, enmarcan décadas, épocas y maneras de sentir y de vivir, también de amar y decidir y de como una mujer frente a la falta de palabra de un hombre, puede pagar sola todas las consecuencias.
Yorio vivió mucho y se nota. Argentina supo ser otro país y eso lo notamos todos, todos los días de nuestras vidas. Algunos no van a estar de acuerdo pero el rock argentino no tiene tanto para contar como otros sistemas de música de otras partes del mundo. Pero algunas historias hay y esta vale la pena. Porque es íntima pero al mismo tiempo no es manipuladora en esa intimidad. Porque da pistas para que las mujeres en un punto no se sientan solas en determinadas situaciones que van desde la maternidad a la carrera artística (o la que decidan para si mismas) y sobre todo porque hay honestidad en lo bueno y en lo malo, en lo bello y en lo triste.
Este libro de María Rosa Yorio narra una historia triste, que, sin ser argentino, ni ser mujer, ni haber estado vivo en los setentas (tengo la edad de su hijo Miguel), se me hace un tanto difícil comentar.
Me siento, de hecho, afligidamente incapaz de comentarlo con justicia. Pues, precisamente leída la narración con mucha distancia, no dejo de ver a la autora limitada a un rol de figurante en la vida, primero de Charly García, luego de Nito Mestre, después, brevemente, de Miguel Mateos, luego, de manera desgarradora, de su hijo Miguel, y finalmente de su propia carrera en los ochentas y noventas. Nunca sentí realmente que el texto es de ella. En ninguna historia es ella la protagonista. Tal vez ese es el punto de su breve semblanza. Tal vez no entendí, por mi distancia. O tal vez por eso es una lectura tan triste. O todo lo anterior.
Acercándome al texto, nuevamente, como hombre “extranjero”, de la edad de su hijo, esperaba más rebeldía y a una mujer que “no se dejararía”. Conocía el mito de “la mujer que separó a Sui Generis”. Y esperaba, posiblemente de manera morbosa, a una persona maquiavélica. Sin embargo encontré a alguien sufrida, herida, incomprendida, víctima genuina. Realmente es una historia de aflicción.
No por estas razones le doy tres (y no cuatro) estrellas. La calificación más bien es porque, si bien Yorio narra efectiva y persuasivamente los momentos de su vida que decide contarnos, la cronología está muy lejos de ser ordenada ni balanceada. Más de dos terceras partes del libro sucede en los setentas. El resto salta abruptamente y de repente y es el 2016. Por ejemplo: en la segunda página del capítulo donde nos cuenta que Miguel va dejando de ser bebé y aprendiendo a tocar piano, de repente está fumando. Un párrafo después carga navajas, se escapa de la escuela y tiene una pandilla. Y en la siguiente página es casi mayor de edad, viviendo en abandono pero físicamente ubicado en el departamento de su padre Charly. Claro, fue precoz, pero su historia la cuenta en pocas líneas más de las que yo, torpemente, usé.
Para un libro de escasas 170 páginas, esto le hace sentirse un tanto desordenado.
Un libro simple, tierno, coloquial y honesto. María Rosa Yorio no da vueltas. No trata de justificarse o de añadirle drama. Cuenta la verdad, cuenta lo bueno y lo malo. Es un libro directo que cuenta las cosas y no se detiene a argumentar tal y cual cosa. Están las reflexiones, pero no son eternas, al punto de que solo desees que determine para seguir con el hilo de los acontecimientos, sino que son lo suficientemente largas para hacerte reflexionar a vos también, pero no lo demasiado cortas para pasar desapercibidas. María logra no quedar a un lado de la trama, tan solo centrándose en Charly, sino que uno empatiza con ella y se preocupa por ella. El atraer este tipo de atención en un libro en el que se habla de alguien tañ relevante y especial como Charly García es realmente un logro. La escritura es simple pero linda, Maria sabe expresarse y transmitir sus emociones mediante su léxico y recursos. Al mismo tiempo, utiliza ciertas expresiones coloquiales que, al ser utilizadas de buena manera, no dificultan ni te distraen de la lectura, sino que te ayudan a entender mejor, ya que es notable que Maria priorizo el que nosotros entendamos su punto de vista mediante sus propias palabras. Una lectura esencial para cualquier seguidor de Charly García y para cualquier fanático del rock argentino en general.
Fácil de leer, sincero, divertido, autocrítico, irónico, perspicaz. Interesante, sobre todo porque en este libro encontramos una voz femenina que decidió contar el rock argentino por dentro, desde su perspectiva y su experiencia, en medio de tanta voz masculina a la que estamos acostumbrados. Una bajada a tierra de ciertos ídolos, pero sin manchar ni desprestigiar la imagen de nadie, más bien humanizándolos. Una visión más cercana y personal de lo que fue una época de cambios, de genialidad, pero también de rumbos perdidos.
Las mujeres a la literatura, las mujeres a la vida, las mujeres al rock.
La palabra "feminismo" del título es un poco pretenciosa. Más bien habla de una forma de vivir la época sin detenerse en una crítica desde los aportes feministas. Está muy bien escrito. Recorriendo las páginas realmente podes sentir que estás vivenciando la escena. Recomiendo ir escuchando las canciones que cita mientras se avanza en la lectura, para que el viaje sea más profundo.
Me gustó bastante, es un libro crudo y sincero sobre una mujer a la que la vida le dió golpes muy bajos, pero supo salir adelante. Por otra parte también me interesó conocer otros aspectos sobre personas a las que admiro por su gran talento.