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Down a Path of Wonder

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Robert Craft (1923-2015) is best known for his close association with Stravinsky and friendship with Schoenberg, but he also came into contact with many of Stravinsky's friends and collaborators, including George Balanchine, WH Auden and Aldous Huxley. Craft's memoirs of these figures form the core of this volume, which brings together 44 of his essays on music and literature, complemented by three colourful travel diaries focusing on Cambodia, Italy and Seville.

562 pages, Hardcover

First published October 3, 2006

17 people want to read

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Robert Craft

80 books4 followers

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Profile Image for Raúl.
7 reviews
April 26, 2018
Memorias sobre figuras culturales, dice la portada, pero es un totum revolutum que va de ensayos a reseñas.

El libro tiene tres partes de desigual tamaño. «Music», «Literature» y, al final, apenas 40 de las más de 500 páginas con «Travel Diaries». Acabé la primera y más larga parte rápidamente porque es un libro muy adictivo para fanáticos de Stravinsky y Schoenberg (y otros) que ya han leído antes a Craft.

Highlights: la relación sadomasoquista entre el alumno y el maestro, entre Schoenberg y Berg, apropiadamente documentada con extractos de su epistolario. Leer esto me ha hecho pensar que conocer más a tus idolos es siempre problemático: siempre deseas que la altura humana esté a la del genio y la realidad es mucho más complicada. De lo leído extraigo que Schoenberg en vida fue insoportable y por algo el capítulo se titula «The Emperor of China». En distancias cortas, el hombre es admirado y detestado a partes iguales, por alumnos y músicos. Aquellos que le veneran deciden someterse a su paranoia y su ego en constante implosión; Berg, de hecho, pero hasta que después del estreno de Wozzeck, y frente a la arrogancia del maestro en no reconocer su talento, dejó de cartearse con él.

Antes hay cosas interesantes sobre Einstein y Kandinsky en relación a Schoenberg, pero disfruto menos con los ensayos puramente musicales: puedo recordar obras citadas, pero soy incapaz de seguir análisis musicales al detalle; pasa también con algunos capítulos dedicados a Stravinsky (el que compara versiones de Petrushka comentando cambios de instrumentación y valores de notas se dirige a directores de orquesta y musicólogos, sobre todo.)

El capítulo de Anton Webern está escrito con el mismo mimo que el resto, pero he leído cosas similares por otras fuentes y su vida fue tremendamente modesta, no me descubre nada nuevo; el de la biografía de Otto Klemperer es digno de un tabloide, siendo el propio director de orquesta un personaje filonazi (en realidad, de Karajan a Bohm, todos lo fueron) y muy peculiar, con clara sintomatología psiquiátrica (!no el primero del libro!); el de la biografía de Virgil Thomson consiguió hacerme detestarle y, a partir de ahí, la carga de bilis se aligeró con los capítulos dedicados a Auden, Stravinsky en Santa Fé y la ópera The Rake's Progress, bastante entrañables.

La gran valía de estos ensayos está en que el autor, como reseñista de sucesos, grabaciones o libros de otros, es participante activo en buena parte de lo comentado (porque estuvo ahí para contarlo después) y la memoria para los detalles es asombrosa. Por algo fue el factotum musical de uno de los grandes genios de la historia de la música.

La parte menos grata es que revela un gusto tan puntilloso y aristocrático como el de Stravinsky y eso acaba significando emitir juicios en los que sólo se considera valioso lo que es tan sublime como el ruso, algo con lo que no comulgo tanto. Así, la música de Shostakovich la pone a caer de un burro; John Williams ídem, etc.

La bilis retorna en el penúltimo capítulo (24) de la primera parte, «A Modest Confutation», pero esta vez entra en juego la ya vieja envidia del mundo académico frente a la posición privilegiada de Craft con un biógrafo fraudulento que trata de empañar el nombre de Craft sin conseguirlo (en mi opinión), porque igual Craft no es perfecto, pero en cuestiones de ser escrupuloso con la información aportada lo es sobradamente.

La segunda parte me empezó a molestar a medio camino: la tendencia sensacionalista de Craft a centrarse en los aspectos de cuchilleo (aunque documentados) y otros vagamente sordidos me hizo pensar que igual estaba leyendo sin saberlo la versión musical y literaria de Hollywood Babilonia. Por un lado, uno no puede negar lo adictivo que es leer sobre ello, pero siempre echo en falta mayor generosidad a la hora de narrarlo: la que uno supone que debería tener alguien que conoció la mayor parte de la gente de la que habla. Este equilibrio entre el respeto y la curiosidad es lo más difícil de conseguir.

Del círculo de Stravinsky, su vecino Aldous Huxley es el que sale mejor parado; Auden todavía, pero sus capítulos (y junto al de E.M. Forster) dan a entender que los escritores de cierto genio serán de todo menos generosos con sus contemporáneos; el de Christopher Isherwood da repaso a su vida sexual de una forma un poco embarazosa «in view of his crowded sexual agenda, Christopher's literary productivity is astonishing», «part of the book might have come from a manual on homosexual intercourse»; como con todos los anteriores, la erudición de T.S Elliot es alabada, pero es posiblemente el que peor queda de todos. Una de sus amantes comenta su cobardía a lo largo de la vida: «he would willingly sacrifice anybody and anything to get himself out of something which he doesn't want to face up to». Sin embargo, es el que más frases de oro genera cuando se habla de él como reseñista: «there is no method except to be very intelligent», «the less you know and like, the easier to frame aesthetic laws», «the dramatist must study, not psychology, but human beings». Es en esta segunda parte cuando la lectura se vuelve un poco densa (llueven referencias a libros y autores que igual ya debía conocer...)

Para terminar, los diarios de viajes sirven para desempalagar después del regusto agridulce de la lectura previa. El libro, uno de los últimos que publicó Craft antes de morir, es testimonio de su jugosa vida intelectual (¿Quién podría tener la suerte de conocer a tantos genios juntos y compartir con ellos tanto tiempo?). Las acusaciones a Craft de explotar a estos con numerosas publicaciones es comprensible, pero no veo por qué no debería, cuando el testimonio es valioso.
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