Una madre busca a una muchacha para casarla con su hijo. Como suele ocurrir, la candidata debe cumplir con ciertos requisitos, uno fundamental en este estar muerta. Su hijo lo está también y necesita compañía, de lo contrario seguirá viniendo a visitarla para robarle los recuerdos -y ya le quedan pocos. No debe ser difícil encontrar a una novia así, en un país donde lo que sobra son cadáveres de muchachas. Óscar es fotógrafa. Su hermana gemela acaba de morir, consumida por el cáncer y por el miedo. Para lidiar con su ausencia, se vuelca en un nuevo proyecto fotográ hacer los retratos de dos hombres muertos hace mucho tiempo, Joseph Merrick y Alan Turing. ¿Es posible tomar la fotografía de un fantasma? ¿Es posible fotografiar a una persona sin afantasmarla? Esta novela está habitada por presencias espectrales y vacíos pesados como el hastío. Sólo una cosa no hay, todaví el olvido.
Paulette Jonguitud es autora de las novela Moho, publicada en México y en Reino Unido en traducción de la autora; Algunas Margaritas y sus fantasmas, Penguin Random House; y la novela para niños El Loco del Martinete, publicada en México y España por Grupo Edebé. Es también autora del libro de cuentos Son necios, los fantasmas, que forma parte de la colección El Guardagujas.
Me gustó la prosa de Paulette Jonguitud, creo que supo expresar a la perfección el duelo, el duelo adelantado y la ausencia. Sin embargo creo que cayó en ese lugar incómodo en el que suelen caer los narradores latinoamericanos de querer ser súper experimentales y meter elementos de la cultura pop gringa o anglosajona de una manera que no termina de encajar con el resto de la novela. Es el problema que tengo con las novedades, pero si voy a estar al pendiente del siguiente trabajo de la autora.
Riesgo y cautela en las proporciones necesarias, actualidad sin oportunismo, emotividad e inteligencia. Una novela que merece más atención de la que ha recibido.
En el encuentro de mujeres escritoras Primavera Bonita 2022, habían anunciado una mesa de lectura con Paulette Jonguitud. El escenario era verdaderamente emblemático: la casa Miguel Alemán en el Complejo Cultural Los Pinos, residencia de los presidentes de México y símbolo del poder político, la corrupción y el despilfarro de los regímenes anteriores. Desafortunadamente, por cualesquiera motivos, la autora no llegó a su cita.
Lo anterior no me pareció motivo suficiente para no acercarme a sus letras. Gracias a los gentiles amigos de La polilla (librería) pudimos allegarnos una copia de “Algunas margaritas y sus fantasmas” (2017). Huelga decir que anduvimos buscando este título en varios lugares semanas antes del evento; sin embargo, en todos aparecía como descatalogado. Ignoro si la editorial (Penguin Random House) tenga planes de remediar esto en el futuro inmediato.
¿Por qué? Porque esta novela —difícil, sí; pesada, también— aborda el tema de la violencia de género en México. En sus páginas asistimos, en pocas palabras, a una polifonía de personajes (la Madre, Óscar, Hermano Menor y Hermano Mayor) que deben lidiar, muy a su manera, con el dolor irremisible de la pérdida, la decadencia de las capacidades mentales y la fatiga que experimentan quienes cuidan a familiares enfermos.
Aquejada por el Alzhéimer, Madre decide casar a su hijo muerto (Hermano Mayor) con una muerta. Es aquí donde entra Óscar, encarnación ‘gender fluid’ de la tolerancia y la aceptación, cuya hermana gemela murió de cáncer hace poco, y que está dispuesta —sí, Óscar es una mujer— a que las cenizas de esta den forma al sueño de Madre.
Alrededor del duelo que está atravesando Óscar desfilan, de manera metadiegética, dos narraciones que unen a Joseph Merrick (mejor conocido como el Hombre Elefante) y a Alan Turing (padre de las computadoras modernas). Estas desembocan, tal vez no de la manera más afortunada, en la proyección de la homosexualidad y aceptación de Hermano menor.
El tono de la novela es francamente melancólico, con marcada predominancia de los tonos grises y la introspección onírica, pero empapado con el realismo mágico de cuño rulfiano donde vivos y muertos habitan e interactúan en un espacio común; así la Madre puede ver a Hermano Mayor, aunque Hermano Menor no; Óscar posee omnisapiencia de las vidas de Merrick y Turing, y estos también son capaces de relacionarse entre sí en los últimos momentos de vida de Turing.
Sin embargo hay cosas en esta novela que echan por tierra el plan (ambicioso) de su autora y, en cualquier caso, se trata de cosas que pudieron remediarse con un cuidadoso trabajo de lectura de finas y edición: Óscar como personaje está prácticamente borrado por Joseph Merrick y Alan Turing, quienes resultan un tanto ajenos a la realidad latinoamericana; la mención (somera) de cómo se define la consistencia de un sistema formal y los teoremas de incompletitud de Gödel está mal (un sistema formal puede ser consistente sin aspirar a ser completo, o bien ser completo pagando el precio de ser inconsistente) y el final es flojo, un tanto apresurado, demasiado abierto, predecible en líneas generales, y no aprovecha la tensión (mucha o poca) que han acumulado todos los personajes.
Me hubiera gustado haber leído antes esta novela, difícil de abordar por su tono flemático y apesadumbrado, pero necesaria en muchos aspectos; y que Paulette Jonguitud asistiera a la mesa de lectura el día del evento. Tal vez así habría despejado mi duda sobre el trabajo de edición, porque tengo la ligera sospecha de que muchos sellos editoriales no prestan el mismo cuidado a los proyectos y manuscritos firmados por mujeres.
No me alegra encontrar un libro que me dejé tan indiferente, menos cuando está escrito por una joven mexicana, pero es así. Es tal la pretensión de la autora por meter en una cuántas páginas todos los horrores y épocas que se le ocurren que al final ninguno me conmovió, bueno un poco el del hijoúnico (no está mal escrito así debe aparecer como en el libro).
Me pareció que la historia tenía potencial pero al final no se logró la conexión necesaria entre los elementos que la componen. La autora tiene un estilo diferente de narrativa, muy original, y quizá pudo haber logrado algo único pero a mi gusto le faltó tiempo (o un mejor editor). Se percibe desconexión entre las líneas argumentales y el final se siente apresurado, casi forzado. Muy experimental.
Me conmovió mucho esta novela. Las historias se entrecruzan como los personajes que las habitan, a manera de fantasmas; historias que tienen por protagonistas a víctimas de una humanidad que discrimina lo diferente, que violenta lo diferente y lo hace habitar el mundo al margen. Estos personajes hacen las veces de espectros, monstruos o fantasmas; siempre solos, siempre olvidados.
En general me gustó mucho esta novela. Le doy 4 estrellas porque hay una parte que me parece que está fuera de lugar y me confundió poco, pero fuera de eso me gustó mucho.
La novela es muy interesante por su propuesta formal, me parece que la ambición de combinar diversas voces narrativas se cumple bastante bien. Quizás a momentos, se siente un tanto forzada en cuanto a sus imágenes textuales, que tocan la frontera de la poesía, pero en general es una novela bien estructurada. También agradezco que sea una novela honesta, porque toca el tema de la violencia de género en México cuidando de no usurpar experiencias de la otredad (recordemos que la violencia de género también está atravesada por la violencia de clase). Así, en lugar de querer imitar el entorno social de las mujeres violentadas, Jonguitud crea un universo congruente. Quizás, lo único que me resultó un poco fastidioso es que sus personajes nuevamente son artistas. ¡Ja! Otras cosas importantes: una proepuesta diferente para hablar de lo fantasmagórico, la delicada precisión para representar el duelo y la melancolía causada por la muerte y la polifonía narrativa.
Desde que leí Moho tuve la impresión de que Paulette Jonguitud escribe con elegancia. Sé que suena algo raro pero eso es lo que pienso cuando la leo. Este libro es amargo en su trama y sorprende cómo logra insertar en medio de la novela las historias de Joseph Merrick, El hombre elefante, y Alan Turing, matemático. Y lo hace con una extraordinaria imaginación pues sientes que es la primera vez que sabes de estos personajes históricos. Algunas margaritas...es una novela que de alguna manera denuncia los feminicidios en México. Estos fantasmas que habitan las letras de la autora buscan, a través del recurso fotográfico alcanzar un rostro para que no se olvide que en este país el feminicidio va de la mano de la impunidad. Una de las mejores novelas que he leído en este año gracias al estilo directo y, repito, elegante que emplea.
Este libro es tanto sobre duelo como sobre las personas que lo viven; te presenta un panorama de todas las emociones que se viven ante la muerte de una persona y te deja pensando ¿qué manifiesta que estemos vivos? el cuerpo o nuestros recuerdos. Entretejiendo pasado y presente, con personajes que no encontrarías en un mismo cuento, conoces a un hombre que fue amado y odiado, un hombre que se odió y luego se aceptó, una mujer que se perdió y que perdió algo en una muerte, y un hijo que va perdiendo a su madre, todos conectados por las emociones.
Es tan real como es fantástico, hablando de la situación de nuestro país y de fantasmas, te hace reír y llorar, y sobre todo, te hace pensar. A pesar de ser corto, se siente sustanciosamente largo, se degusta cada frase y se hace espacio en la vida para dejar un impacto.
He procrastinado escribir la reseña de este libro. No me provocó emociones y entra en la categoría de Prontos olvidos.
Es intrigante por ser tan extraño, pero es tan extraño que sobrepasa los límites del disfrute y se vuelve tedioso.
Reflexionando en la manera en la que está escrito, me atrevo a hacer una comparación con Fernanda Melchor, pues casi que son opuestas. Fernanda llena las páginas con dos, o a veces una sola oración; Paulette las llena de oraciones de una, dos palabras, con diálogos a veces con comillas y a veces sin. Ambos son estilos únicos y en el caso de Paulette, en esta novela eso le quita claridad y entorpece la lectura.
Al libro lo sentí como algo que la autora intentó hacer único y brillante pero quedó corto y chueco. Cabos sueltos, muchos. Preguntas, bastantes. La portada lo salva, si acaso. Que de haber tenido otra ni la atención me habría llamado.
Es un gran libro, pero diría yo que bastante complejo porque hay personajes en muchas dimensiones y otres que pueden crear confusiones por el nombre; hay que leerlo con mucha atención sino uno se puede perder o termina sin entender nada. Varios temas se engloban en este libro, por un lado tenemos los femenicidios, pero también la demencia senil, tenemos el cáncer pero también como se lidia con la ausencia y todo de una manera emotiva e inteligente, sin caer en clichés, ni romantizaciones de nada...ora sí que como dicen, hay formas y esta autora lo logra muy bien. De hecho me recordó un poco a Barthes porque hay un personaje que quiere fotografiar un fantasma.
Sí se los recomiendo, ojalá más gente lo leyera y conociera a la autora, que por cierto, estuve investigando acerca de ella y su contexto y no esta tán fácil, vi que tiene otras obras, a las que sí quiero echarles un ojo a ver que tal. Le pongo 4/5 porque de verdad, me costó mucho leerlo, tuve que releer párrafos, hojas enteras, pero no es cosa de la narración, es que sí no te concentras al 100 ... !zas! obviamente, no lo recomiendo como primera lectura, pero sí leánlo alguna vez en la vida.
Este libro lo ví en un hilo de #booktwitter de escritoras mexicanas. La premisa es bastante peculiar: una madre busca esposa para su hijo, pero un requisito es imprescindible: tiene que estar muerta... Igual que él. 🥴 Si, muy creepy, pero en una lectura más profunda nos enteramos que la madre de este hijo muerto quiere casarlo porque se está llevando sus recuerdos, el Alzheimer destruye el cerebro y la vida de la madre y también del Hermano Menor, que tiene que cuidar a su madre, y que tiene pensamientos encontrados que van del amor a la repulsión y el asco. De forma paralela, Óscar, una fotógrafa, pierde a su hermana y emprende un viaje para lograr los retratos de Joseph Merrick y Alan Turing, y lograr captar a ambos muertos con la cámara pero, es eso posible? Últimamente he visto resurgir el realismo mágico en novelas muy recientes, no solo de América Latina, y me gusta! Es un género muy vasto y versátil. Buscaré más libros de Paulette. Un poco denso para leer pero muy recomendable
Inicié este libro con un poquito de miedo porque tiene algunas reseñas malas y a veces lo que uno ve cambia su experiencia de lectura, sin embargo, no entiendo cómo alguien podría no disfrutar de esta historia. Trata temas interesantísimos como la violencia que sufren las mujeres en México, el duelo, el síndrome del cuidador cansado, la demencia en adultos mayores... Y todo narrado desde un punto de vista empático, respetuoso y conmovedor. Creo sinceramente que hay que darle oportunidad a estas autoras emergentes, que tienen el talento para hacer sentir tanto en tan pocas páginas. Me quedo con el mejor sabor de boca y agradezco infinitamente a la autora por su novela.
3.5/3.7 IDK Estuve mucho rato pensando en cómo calificar este libro. Puedo decir que amé la prosa de Paulette, la historia es en extremo interesante, cómo maneja el tema de los fantasmas me parece excepcional y celebro que toque de una manera tan cuidadosa temas como el feminicidio en México o la pérdida de la memoria. El único problema es que siento que faltó un poco de cuidado al armar todo y que a pesar de ser un libro muy corto, yo hubiera disminuido aún más su extensión.
Yo diría que sí vale mucho la pena leerlo y aunque no me terminó de convencer, sí leería otros trabajos de la autora.
2.5 Trata demasiados temas y es muy experimental para mi gusto. De verdad tenía ganas de que me gustara y me obligué a terminarla. La prosa es buena, muy buena, pero la trama y los personajes nunca terminaron de convencerme. Los únicos personajes que realmente me conmovieron fueron Joseph y Alan, que no son más que la reinterpretación de dos hombres reales, a los que de manera muy forzada se une a los personajes originales de la novela. Quizá sí sea el tipo de lectura para alguien más, pero no para mí.
Historias entrelazadas de gente que sufre, de gente que ve cercana la muerte o que trata con ella sin saber que está acostjmbrandose al trato. Libro fuerte, crudo, pero con una escritura romántica y tersa que envuelve. A ratos con trozos de paja que, para mi, no aportan mucho a la esencia. Aprendí de Turing, también. Aprendes del dolor de verte a ti mismo partiendo, de ver a tu madre, de darte cuenta que el odio es miedo a que se vaya. Me gustó, mucho. Tiene párrafos tremendos.
Paulette Jongitud tiene una sensibilidad para narrar que me pareció muy especial. Realmente crea el mundo de los personajes y desenmascara sus miedos y nos recuerda que también son nuestros. Las historias de los personajes van en torno a temas de la muerte, el olvido, el abandono y las presencias ausentes.
La prosa de Jonguitud es hermosa pero la historia pretende abarcar tantos temas que a veces cae: se toca el tema de la pérdida de la memoria, la soledad, el olvido, la violencia feminicida en México, lo extraño, con guiños a Diane Arbus y lo insólito. Creo que le sobran algunos pasajes, pero no deja de ser interesante.
La palabra que mejor define este libro es melancolía. Es un relato sombrío, crudo y agridulce que no escatima en darnos escenarios físicos pero que juega mucho con el dolor de lo perdido, de lo inalcanzable y de los peligros que nos asechan como personas.
Es un libro un poco confuso (al principio), pero, al continuar la lectura se vuelve asombrosa. El duelo y la soledad están presentes constantemente; la autora te sumerge en el dolor de los protagonistas. Creo que este libro me ha hecho un tanto empática con cada protagonista, el duelo que viven es diferente pero terminan en el mismo sentimiento, soledad. Es un buen libro.