Si Cicerón (106-43 a.C.) fue, probablemente, la cabeza más brillante y completa del mundo romano republicano, los dos breves y enjundiosos tratados que escribió "Sobre la vejez" y "Sobre la amistad" y que integran el presente volumen abordan dos de los temas más humanamente la senectud y los momentos de desconsuelo ante la pérdida de un amigo o un ser querido. La elegancia de la prosa ciceroniana raya a gran altura en estas dos obras cuya preparación ha corrido a cargo de Esperanza Torrego, quien nos ofrece una bella y fiel versión de dos de los textos latinos más hermosos que nos haya legado la Antigüedad. Traducción e introducción de Esperanza Torrego
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El reposo rezado de Cicerón Sobre la amistad es una joya atemporal que ilumina la esencia misma de las conexiones humanas. Qué maravilla encontrar en sus palabras un faro que aún hoy nos guía en la compleja travesía de las relaciones, cualquieras quieran y sean su índole.
Conociendo datos de Cicerón a priori limitados a su inexpugnable capacidad en retórica, alto sentido patrio (a su manera como cada) y una flexibilidad para tejer en sus dedos puntos de cohesión política que posiblemente le dieron unos aires de esperanza en su momento a la decadente República. Cicerón trae todas sus habilidades al plano personal para, alejándose de su propia virtud, ilustrar con propiedad el todos para todos, uno para uno y sálvese quien pueda que pueden a llegar a ser las amistades.
Cicerón logra algo extraordinario: teje un tapiz donde lo personal y lo cívico se entrelazan en perfecta armonía. No es la amistad ese puente mágico que une nuestro mundo íntimo con el vasto universo de lo público? El autor romano nos desafía a ver más allá de nuestro pequeño círculo y a entender cómo las amistades verdaderas pueden transformar sociedades enteras. A pesa de ver la amistad como algo extremadamente personal, es tan ambicioso que intenta (logrando n 10/10) proyectar dichas relaciones en macroestructuras infinitas como la sociedad o el estado.
Qué manera tan brillante de fusionar lo mejor de dos mundos! Cicerón toma la profundidad filosófica griega y la combina con el pragmatismo romano, creando una sinfonía única que resuena a través de los siglos. Es como si hubiera destilado la sabiduría de generaciones en un elixir potente y embriagador. Nótese que no peca de crear un decálogo o código sino de sentar unos criterios que delimitan la "zona de confort" donde una amistad logra su cometido. Dicho sea de paso, cuestionándose los cometidos de las amistades y en donde estos encuentran conflicto con la virtud.
Su énfasis en la verdad lo que hace que este texto brille con lampara propia. En un mundo descrito como plagado de falsedades y apariencias, Cicerón nos recuerda que la amistad auténtica es un bastión de honestidad, zona de alivio y crecimiento, no sin penas. No es increíble pensar que hace más de dos milenios, alguien ya entendía la importancia crucial de la autenticidad en nuestras relaciones? Breve recordatorio que somos la misma sociedad, diferente herramientas y posiblemente un poco más de cohesión cultural.
No nos vende un cuento de hadas, sino una visión realista y práctica de la amistad, con todos sus desafíos y recompensas. Es como si nos tomara de la mano y nos guiara por un camino empinado, advirtiéndonos de los obstáculos, pero mostrándonos también las vistas breathtaking que nos esperan en la cima. Lo más conmovedor es cómo Cicerón entreteje su propia experiencia en este tapiz filosófico. Podemos sentir el latido de su corazón en cada página, la urgencia de alguien que ha encontrado en la amistad un refugio en medio de la tormenta. No nos inspira esto a valorar aún más a nuestros propios amigos?
El ensayo de Cicerón es un faro de sabiduría en un mar de superficialidad. En una era donde las conexiones digitales amenazan con eclipsar las verdaderas vinculaciones, sus palabras resuenan con una fuerza renovada. Un recordatorio eterno de que la amistad, cuando se basa en la virtud y la verdad, puede ser la fuerza más transformadora en nuestras vidas y en nuestras sociedades. De lo contrario, fuente y cooperadora de una ruina pasiva.
Cicerón había estudiado la filosofía griega y utilizó sus distintas escuelas para tener una visión ecléctica. Se aprecia claramente la influencia del estoicismo pero no el de la primera época, dogmático e inalcanzable. Él está a favor de un estoicismo práctico, real, alcanzable. Se trata de trabajar por alcanzar un nivel de virtud que nos permita una buena vida, una honrosa vejez y la posibilidad de establecer amistades duraderas con otros afines a nosotros siempre teniendo en cuenta el respeto, la lealtad, la justicia y evitando la adulación y el utilitarismo. Un derroche de conocimiento, de sentido común y experiencia que sigue vigente hoy en día a pesar de esa gran lejanía en el tiempo. Un libro que se lee fácilmente y que resulta gratificante, motivador y aleccionador. Un libro para releer y recordar. Un estímulo para volver a la Roma del siglo I antes de Cristo e indagar en su cultura, historia y política.
Hacia el final de sus días, cuando le fallaban las fuerzas y le faltaban los amigos, Cicerón aún tuvo tiempo de escribir estos dos bellos textos sobre la vejez y la amistad. No descubre la pólvora pero siempre es curioso comprobar que, aunque cambien los tiempos, la esencia humana permanece.
Es un libro increíble para reflexionar sobre estas cosas de la vida que damos por hecho y no nos paramos a pensar el porqué de las cosas. Realmente fascinante.